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02 de Septiembre 2018
Pepe Mujica en la Mostra: "Un millón de españoles fue a México y ahora se asustan de los inmigrantes"



De repente, una estrella. "Más bien estrellado", corrige serio. Sea como sea, José Mujica (Montevideo, 1935), y al que todo el mundo a su alrededor llama Pepe, es desde hoy mismo actor. Y, por sus modales ante la prensa, se diría que consagrado. Sólo él puede presumir de tener dos películas en la Mostra de Venecia. Pero, aún más importante, sólo él puede estar orgulloso, o cuanto menos satisfecho, de ser él mismo. Sin más, con sus accidentes, sus deberes cumplidos y, claro está, sus manías. Que también. El que fuera el presidente número 40 de Uruguay presenta esta misma noche el retrato en forma de película firmado por Emir Kusturica El Pepe, una vida suprema, y lo hace un día después de ver como parte de su vida, la más dura, es retratada en La noche de 12 años, de Álvaro Brechner.

Esta última narra el cautiverio que él y otros dos compañeros del movimiento Tupamaro sufrieron durante la dictadura militar desde 1973 hasta 1985. En el tiempo que anuncia el título no conocieron nada más que la soledad; un aislamiento forzado y cruel "que mordía", dice. La cinta se detiene puntual y rigurosa en exactamente eso: el silencio de unos hombres encerrados, apaleados, maltratados y solos. Completamente solos. Con pulso, el director reconstruye la geografía desolada de un tiempo desposeído de su propia condición de tiempo. "Lo que viví", dice Mujica, "me dejó todo lo que compone mi pequeño capital humano. Por eso mismo, me esforcé en no quedar prisionero del odio. Porque pude pensar... Ese tiempo me permitió rumiar todo lo leído. Pero, nunca me preocupé de cobrarle nada a nadie. Como cobrador sería un desastre".

Si se le pregunta por la venganza, alza sorprendido las cejas. "No la cultivo", dice. Y sigue: "La naturaleza nos puso los ojos hacia adelante, y hay cosas del pasado que hay que cargar con una mochila y andar con ella. Hay cuentas que no las paga nadie ni se deben intentar cobrar. Sólo vivimos hacia adelante. Lo importante de la vida es mañana". Si en cambio se le inquiere sobre la forma de sobrevivir en tan duras condiciones, se limita a abrir mucho los ojos: "No hay fórmulas. Cuando salimos de esa peripecia nos atendieron todo tipo de psicólogos. Quizá nos hemos quedado un poco locos". Y si la cuestión, por fin, es la del perdón, entonces lo que levanta son los hombros: "El odio es ciego, como el amor, pero el amor es creador. El odio sólo nos destruye". Y ahí lo deja.

Cuenta que el ritmo de unos días oscuros y sin luz, se lo marcaban los detalles. "Las ratas aparecían siempre a la una de la mañana", recuerda. Se muestra convencido de que las mejores y más profundas enseñanzas provienen de la adversidad. "No sería lo que soy sin ese tiempo que pasé en soledad conmigo mismo". Y dice saber del valor real de asuntos habitualmente tan poco tenidos en cuenta como caminar, dibujar y repensar todo lo leído. "Claro está, para hacer esto hay que tener mucho tiempo", afirma y sonríe. Con los ojos más que con la boca.

Cuando llega el momento de opinar y de hacerlo sobre el mundo, entonces Mujica saca a relucir el político que fue y que, pese a todo, sigue siendo. Cauto. "El nacionalismo es bueno porque sirve para crear una identidad, pero cuando cae en fanatismo, es peligroso porque destruye", comenta sobre la situación en Cataluña y fuera de ella incluso. "Un millón de españoles fueron en un año a México y ahora resulta que España se asusta de los inmigrantes", comenta parco, pero claro. ¿Y sobre la memoria histórica? Al fin y al cabo, Uruguay como España han tenido las dos que poner en orden un pasado cruento para imaginar un futuro soportable. "Ustedes los españoles no tienen un problema con la memoria histórica, tienen varios. No sé. Dicen que la memoria histórica es muy importante. Dicen. Yo lo que he visto por la historia es que el único bicho capaz de tropezar dos veces con la misma piedra se llama homo sapiens. Uno aprende con lo que vive, no con lo que le cuentan", concluye quizá algo críptico, pero muy en el papel de Mujica. Cosas de ser toda una estrella.

Y dicho lo cual, vuelve al cine, a su película, para reconocer que en ese tiempo de prisión y tortura acabó por reconocer mucho de lo que ahora le define. Y es. "Cosas como un colchón, un vaso de agua o un váter donde orinar me hacía feliz. Los humanos nos hacemos unos líos bárbaros por nada y pasamos todo tipo de angustias por cualquier cosa. Si tengo una casa y comida en la nevera ¿para qué más?". Palabra de estrella. Quién lo diría.



Fuente: El Mundo
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