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28 de Septiembre 2018
Qué quieren decir cuando dicen que "los inmigrantes trabajan más que los de aquí"



La afirmación "los inmigrantes sí que trabajan, no como los de aquí" se ha convertido en las últimas décadas en un supuesto lado opuesto de la moneda de la xenófoba afirmación que sugiere que los visitantes de otros países vienen al nuestro a aprovecharse de aparentes ventajas sociales. A simple vista suena a elogio, al poner de manifiesto el compromiso de los inmigrantes. Muchos españoles también lo mantienen: según algunas encuestas, más de una tercera parte suscribe aquello de que "trabajan más duro que los nacidos en España". Sin embargo, una investigación publicada en el último número de 'Work, Employment and Society', sugiere que es un discurso que puede ser peligroso tanto para ellos como para los trabajadores locales. ¿El beneficiado? El empresario.

La razón es que, como sugieren los autores entre líneas, la frase podría completarse como "los inmigrantes sí que trabajan, no como los de aquí, y además, cobran menos". Los autores, de la Universidad de Bath, de Southampton y de Leicester, han analizado las actitudes y el comportamiento de esos trabajadores y han llegado a reveladores conclusiones. La primera, que cuando un empresario califica a uno de sus empleados como "muy trabajador" (o, en los términos del artículo, "con una fuerte ética de trabajo"), por lo general a lo que se refieren es a que casi nunca falta al trabajo. La segunda, que los trabajadores venidos de otros países utilizan ese aparente no ponerse nunca enfermos para reivindicarse ante sus superiores.

Los jefes suelen referirse a la fuerte ética de trabajo de los inmigrantes como una razón para elegirlos frente a los nativos

Es probable que no se trate de algo intencionado, pero la investigación describe con fina ironía por qué las empresas prefieren a los trabajadores de determinados países por encima de otros: "Una explicación puede ser la posibilidad de pagar sueldos más bajos a los trabajadores inmigrantes", escriben. "Sin embargo, en un contexto donde las leyes sobre el salario mínimo limitan esta posibilidad, los jefes citan la fuerte ética de trabajo como una razón clave para elegir a los inmigrantes antes que a los nativos". Sin embargo, se trata de algo más mundano: los sacrificios que están dispuestos a realizar les hacen más atractivos de cara a sus superiores.

La investigación se centra en el período 2005-2012, después de que países del este y del centro de Europa como la República Checa, Estonia, Hungría, Letonia, Lituania, Eslovaquia, Eslovenia y Polonia entrasen en la Unión Europea, lo que abrió las puertas de Europa occidental a sus trabajadores, que pasaron en Reino Unido de representar un 4,1% 36,5%. Al igual que ocurre con los trabajadores de otros países (Rumanía, por ejemplo, que en España supera más del medio millón de inmigrantes), tuvieron que enfrentarse a varias dificultades. Las dos más sustanciales, las previsibles barreras idiomáticas y una difícil homologación de títulos que hacía difícil que las empresas subvalorasen su formación.

En otras palabras, miles de trabajadores se plantaron en las empresas británicas chapurreando inglés y sin que sus nuevos jefes supiesen muy bien de qué eran capaces de hacer ni quiénes eran. No solo eso, sino que lo hicieron en un abanico de sectores muy limitado, como las manufacturas y la hostelería, siempre en puestos con poco contacto con el cliente. Con mayor o menor formación, muchos ocuparon roles por debajo de su nivel. Por ello, explican los autores, la única forma de la que disponían para demostrar su "productividad" y progresar dentro de su empresa era su "bajo absentismo".

Cuando no tienes poder

Esta estrategia de ascenso no es más que un síntoma de un bajo poder en el mundo laboral de estos inmigrantes recién llegados, que carecen de información sobre el mercado laboral inglés y que, además, son mirados por encima del hombro por aquellos que les contratan. Esto se refleja en sus expectativas salariales, explican los autores: por lo general, y debido a que su marco de referencia es el país del que provienen, cobran mucho menos que los locales que hacen el mismo trabajo. Pero en principio no les importa, ya que ingresan mucho más de lo que habrían hecho en su país de origen. Esta satisfacción es una de las razones por las que no les importa hacer ese esfuerzo extra, por ejemplo, acudiendo a trabajar día sí, día también.

En apenas tres o cuatro años las diferencian en absentismo entre unos y otros se estrechan, pero el sueldo sigue siendo muy diferente

Este panorama, a la larga, no beneficia a nadie. Ni a los propios inmigrantes, a los que su supuesta buena fama termina sentando un precedente peligroso, ni a los nativos, que hacen bueno aquel dicho de "las comparaciones son odiosas". A medida que pasa el tiempo y los entregados inmigrantes comienzan a darse cuenta de que están haciendo más trabajo por menos dinero, comienzan a adaptar su esfuerzo al sueldo percibido y en cuestión de unos tres o cuatro años apenas hay diferencias con los trabajadores nativos. Es, entonces, cuando sus contratantes comienzan a quejarse de ellos y a buscar mano de obra en otros países, abriendo un nuevo ciclo con la llegada de empleados de nuevas naciones a los que se elogiará hasta que empiecen a acomodarse. Un círculo sin fin de explotación y posterior toma de conciencia.

Este ciclo tampoco beneficia a los nacionales, al menos en el corto plazo, que se ven comparados a la baja con aquellos que llegan de otros países. Muchos empresarios afirman preferir a trabajadores de otros países, e incluso tener una jerarquía de naciones a la hora de seleccionar uno u otro. Es una "discriminación estadística", en términos de los propios autores, que a la larga termina volviéndose contra sí misma. Pero no en cuestión de sueldos: los trabajadores foráneos terminan faltando al trabajo tanto como los nativos, pero siguen cobrando menos de media.

¿Por qué te vas?

Esta lógica de contratación y subida de sueldos (o no) está detrás de las posteriores decisiones de los inmigrantes. Por lo general, aquellos que se marchan primero son los que están un poco por debajo de la media en cuestión de sueldos, y aquellos que se quedan son los que perciben algo más que la media, lo que según los autores, explica por qué se obtienen estos resultados: los que se afianzan en un país son aquellos dispuestos a hacer un poco más de lo que les correspondería por su sueldo.

Siempre en busca de un nuevo empleado del mes. (iStock)
Siempre en busca de un nuevo empleado del mes. (iStock)

Resulta llamativo comprobar como la ética protestante del trabajo ha terminado calando a los discursos sobre la mano de obra inmigrante como una (útil) herramienta de motivación para unos y otros, que se ven obligados a competir por lo bajo. A menudo, a través de inocentes herramientas como intentar faltar al trabajo lo menos posible. A medida que pasa el tiempo, y comienzan a hacerse valer, a obtener nueva formación y a acumular experiencia, comienzan a ser percibidos de igual manera que esos vagos nacionales. Y, entonces, será hora de que la mirada de los empresarios se centre en los trabajadores de otro nuevo país, que pasarán a ser los empleados emergentes del mes. Al menos, por un tiempo.



Fuente: El Confidencial
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