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12 de Noviembre 2018
Menores en busca de "El dorado" catalán



La crisis migratoria en el Mediterráneo no da tregua siquiera con el otoño. Con el foco puesto en los cadáveres que dejaron varios naufragios de pateras la pasada semana en las costas andaluzas, pasó desapercibido que con ellos viajaban otra decena de menores inmigrantes no acompañados (menas), que se suman a los 6.000 que Andalucía ha recibido en lo que va de 2018. Los menas suponen ya el 70% de las plazas en los centros de menores de la región, pero muchos de ellos ven en Andalucía solo un paso más del camino hacia Barcelona o Madrid, y no dudan incluso en engañar sobre su edad para ser conducidos hasta allí.

"Barcelona, también Madrid, son un foco de atracción muy potente, es su sueño porque piensan que van a ganar dinero rápidamente", según explican las oenegés de acogida. Es más, "en muchas ocasiones los menores dicen que son mayores de edad para que les dejen marchar hacía allí". Ya sea convencidos por las mafias de trata o porque conocidos o amigos les cuentan que aquellos centros están menos saturados. Así, tras la primera atención en tierra al bajar de la patera, se negaban a la prueba oseométrica y decían tener contactos en Catalunya o fuera de Andalucía. Con la premura de las llegadas continuas este verano, con inmigrantes agolpados en puerto y barcos repletos esperando a desembarcar, ni se comprobaban estos datos y se les facilitaba el desplazamiento, según algunos voluntarios. Solo en Barcelona reconocían su edad para poder ser tutelados.

Pese a las previsiones de un aumento significativo, y que no se trata de un problema de Andalucía o España sino de Europa, como repite el ejecutivo andaluz, es este quien asume a pulmón esas 6.000 llegadas, la mitad de los menas acogidos en el país. Este año destinó 48,8 millones de euros para crear 1.651 plazas de acogida y contratar a 440 profesionales en los dispositivos de emergencia. Los menores, además, son objeto de deseo de las mafias marroquís al no ser devueltos por las autoridades españolas. Los adultos generan más riesgo: parte del dinero se cobra una vez en tierra, y si son interceptados y repatriados, no pagan. Por eso, este verano se vieron pateras enteras de menores marroquís, a los que muchas familias mandaban a España en busca de una salida y un futuro de 'motu propio' o tras ser "convencidas" por las mafias.

Red asistencial al límite

El esfuerzo, no obstante, se revela insuficiente, ya que hasta el propio Defensor del Pueblo reconoce que la "red asistencial está al límite" y no termina de dar respuesta a las diferentes realidades que requiere la protección de estos chicos. De ahí la apelación a la solidaridad de otras regiones, y la investigación del Defensor de las carencias, denunciadas por los sindicatos, en unos centros convertidos en ollas a presión.

El paisaje que narran los sindicatos es desolador, porque donde comen 20 es difícil que coman 60. "Se generan todos los problemas imaginables y más", dice Paz Vargas, de CCOO Sevilla sobre los centros públicos. "Los niños no tienen habitación ni cama, comparten baños de 8 entre 30 personas, hay problemas de abastecimiento en la cocina, carecen incluso de un traductor para entenderles, porque estos centros estaban pensados para chicos españoles con problemas de convivencia, que también están". Tienen que tirar con la solidaridad de los vecinos, que echan una mano, y del saber hacer de unos profesionales desbordados. La situación, coinciden varias oenegés, es peor en los centros concertados, gestionados por empresas que apenas saben tratarlos y que provocan que muchos chicos se fugan, de nuevo en dirección a Catalunya, Madrid o incluso a otros centros donde sí lograron asentarse, como ocurrió con un menor subsahariano que recorrió a pie los 200 kilómetros de la A-92 entre Granada y Sevilla para regresar al centro donde encontró un poco de atención.



Fuente: El Periódico
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