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02 de Marzo 2019
La fotógrafa que convive con las migrantes atrapadas en Marruecos: "Lo más duro, decir a una familia que su hija se había ahogado en el Mediterráneo"



Una mirada diferente. Pausada y limpia. Una mirada paciente que sabe jugar con las luces. Una mirada sin prejuicios ante aquellas que occidente convierte en simples números. Ella, retratista de sueños en tránsito, ha puesto nombre, rostro e historia a decenas de mujeres atrapadas en la última parada de su viaje migratorio hacia España. El reino de Marruecos nunca ha sido un país fácil para los inmigrantes subsaharianos. Y menos si se trata de mujeres. Por ello es importante poner el foco en ellas. Y hacerlo a través del objetivo de la cámara de otra mujer valiente que se ha hecho hueco en un mundo, el del fotoperiodismo freelance, también dominado por los hombres.

Se llama Teresa Palomo y nació en Cuenca hace 32 años. En 2014, tras la tragedia del Tarajal (cuando 15 inmigrantes que intentaban entrar nadando a Ceuta murieron ahogados después de que agentes de la Guardia Civil les disparase pelotas de goma y botes de humo), Teresa decidió dejar de lado las coberturas de la crisis económica y de los desahucios e irse a cubrir el tema migratorio desde la otra frontera sur de España. "Cuando fui a Melilla me di cuenta que casi todos los periodistas y fotógrafos buscaban la foto del salto a la valla, luego del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) y después se largaban. Muy pocos profundizaban. Yo decidí ir más allá de todo eso".

Por ello Teresa cruzó al otro lado de la valla, piso suelo marroquí y visitó el campamento del Monte Gurugú, donde decenas de subsaharianos aguardaban la oportunidad de saltar la valla. Y se quedó allí conviviendo con ellos todo el verano. Entonces se comunicaba con ellos por señas porque no hablaba ni inglés ni francés. Hoy domina esos idiomas más el pidgin (el inglés que se habla en Nigeria) y el francam, mezcla de inglés y francés, el dialecto que han creado los inmigrantes durante su travesía hacia Europa.

"Son chicas de mi edad que quieren mejorar su vida"

"Un día conocí a una mujer que me cambió la perspectiva. Era más fuerte que cualquier hombre migrante que había conocido. Y decidí que era hora de empezar a centrarme en ellas porque nadie les prestaba atención. Muchos periodistas y organizaciones piensan que ellas son reacias o tienen miedo de hablar, y es todo lo contrario. Ellas tienen muchas ganas de contar su parte de la aventura. Antes emigraban muchas mujeres africanas adultas repudiadas por sus familias. Pero ahora salen de sus países chicas muy jóvenes, universitarias, con un perfil muy diferente al que nos pensamos", cuenta Teresa, que empezó en 2015 a fotografiar a las mujeres subsaharianas que estaban en Marruecos.

Aquel año la policía marroquí hacía muchas redadas en los campamentos de inmigrantes (igual que ahora) y muchas de estas chicas decidieron cruzar a Europa por Libia o volver a sus países. "Me decían que en Marruecos por salir en patera las mafias les cobraban 3.000 euros y en Libia 700", recuerda la fotógrafa. Eso cambió en 2017, cuando la vigilancia en las vallas (de Ceuta y Melilla) se endureció y se abarataron los precios de las pateras. También aparecieron las llamadas toys, las barcas hinchables. Además, la ruta de Libia era muy peligrosa. Sobre todo para las mujeres, muchas secuestradas por el camino y convertidas en esclavas sexuales de los traficantes de personas. Entonces decidieron retomar la ruta por Marruecos.

"Ellas lo que hacen es sobrevivir. Sobrevivir prostituyéndose, sobrevivir juntándose a un hombre que la cuide y la pague el viaje. Nos es fácil que ellas te cuenten estas cosas, y menos con un hombre delante. Yo lo conseguí con tiempo y paciencia. Esa es la ventaja que tengo al ser freelance", explica Teresa. "Me he quedado a dormir en sus casas, en los pisos autogestionados por ellas en los que se protegen. Me he sentido identificada con ellas muchas veces. Al fin y al cabo son chicas de mi edad que sólo quieren mejorar su vida".

De las historias que ha retratado con su cámara destaca la mujer que se subió embarazada a una patera que naufragó y consiguió regresar a nado a Marruecos. Después saltó la valla de Melilla y la devolvieron. Al final lo consiguió desde Libia hasta Italia y llegó escondida en el maletero de un coche a Alemania. "Es un ejemplo de supervivencia femenina, de mujer autosuficiente sea negra, blanca o mulata", dice Teresa. "A muchas de las que conocí en Marruecos me las he encontrado en Madrid. Otras murieron en una patera o no sé nada de ellas. Eso es lo peor, el no saber si han muerto en el intento. Hace poco tuve que llamar a la familia de una amiga camerunesa para decirles que su hija había muerto ahogada intentando llegar a España. Eso es muy duro".

Teresa ha viajado hasta algunos de los países desde donde salen los inmigrantes, como Camerún. "Un país sin oportunidades tanto para los que están preparados como que no. Un país parado donde los jóvenes no tienen ninguna oportunidad de prosperar. Un sitio donde te encuentras a gente con carreras universitarias vendiendo cacahuetes en la calle ganando una miseria", explica. Ahora, esta fotógrafa treintañera (que odia el retoque en las fotos) se dedica a contar las historias de mujeres migrantes que viajan solas.



Fuente: El Mundo
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