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09 de Abril 2019
El voto de Buika y Liu Yang



Armando Buika ha sido durante muchos años el primero y el único. Fue el único amigo negro, el primer novio negro, el único cadete de la mili negro... Sus padres, exiliados políticos de Guinea Ecuatorial, temerosos de ser señalados, lo educaron para no destacar y él pasó una vida detestando su color de piel. Sin referentes y contando chistes de negros cuando llegaba a los sitios para desmontar la guardia de quien lo recibía arqueando una ceja. "He tardado 48 años en darme cuenta de que España es mi país y que tiene que aceptarme como soy. Ha sido un proceso largo y doloroso". Buika, actor nacido en Palma de Mallorca en 1970, es parte de una heterogénea generación de españoles de padres inmigrantes que irá a las urnas este 28 de abril. Votan como autónomos, abogados o artistas, preocupados por las pensiones y el desempleo, pero también frustrados por no ver sus rasgos representados en la política, en el cine o en el consultorio médico. Atraídos por unos o por otros, votarán también para frenar del avance de discursos xenófobos.

Ser españoles no les libra del prejuicio y de la xenofobia. Buika, que ha creado una asociación llamada The Black View, volcada en ganar espacios a afrodescendientes en el mundo artístico, recibió una llamada hace unas semanas. "Necesito varios actores negros", escuchó al otro lado de la línea. Al indagar sobre qué características o en qué idioma sería la prueba, la directora de casting le dejó helado: "Da igual, con que tenga acento de negro, vale". Los actores debían representar la llegada de una patera en una serie de televisión. "No podemos permitir esto en pleno siglo XXI", denuncia. "Ya sé que en España se tiende a estereotipar a otros, que si el vasco es el bruto o el andaluz el tonto, pero hay que parar con los estereotipos. Ninguno de tus ciudadanos debe sentirse agredido por ellos". Su voto tendrá en cuenta esto y las veces que la policía le ha parado por la calle. También los CIE y la "deshumanización" que ve ante la llegada de pateras a las costas andaluzas. "Votaré primero por el miedo de que entre la ultraderecha en el Parlamento y segundo, por la defensa de la cultura", afirma Buika.

España, un país de emigrantes transformado en destino de inmigrantes, está lejos de la diversidad de los socios de su entorno que ya cuentan con terceras y cuartas generaciones de hijos de extranjeros. "En París o Londres ves médicos, profesores, conductores de autobús, dependientes negros, mientras que aquí, por ejemplo, es increíble que haya grandes almacenes que no tienen un solo empleado que no sea blanco. Estamos invisibilizados", ilustra Buika. No es posible saber el número de españoles con padres extranjeros que hay en España, pero los 1,04 millones de bebés nacidos desde 2008 con al menos un progenitor inmigrante dan una idea de la transformación que experimenta la sociedad española.

Generaciones distantes

Antonio Liu Yang nació en Pekín hace 39 años, pero vive en la Comunidad Valenciana desde los 10. Hoy es español, abogado y trabaja para una agencia de representación de futbolistas con la mirada puesta en China. La historia de muchos hijos de inmigrantes está marcada por la brecha generacional y cultural que les separa de sus padres. Liu la entendió a los 14 años, cuando el castellano desplazó al mandarín. Desde entonces no es capaz de hablar de lo que siente con su familia. "Con mi padre hablo de fútbol porque llegó un momento en el que no era capaz de expresar sentimientos profundos en chino. Es duro tener esa incomunicación con quien te ha visto crecer". El abogado se dice desengañado con la política. "Hubo una época en mi vida en la que busqué un partido para militar con el que compartiese todos sus principios y en el que pudiese también ser su cara extranjera, pero no lo he encontrado", mantiene. Simpatizante de Ciudadanos hace unos años, se aproxima ahora a Pacma. "Creo que fue Tierno Galván quien dijo que las promesas electorales están para incumplirlas. Me sumo a esa frase y este año decidiré en el último momento a quién votar. Sí sé que no me representan los extremos", asegura.

A Jennifer Ajdari no le gusta el jamón y cada vez que lo comenta fuera de su entorno escucha un "ah, claro, por tu religión". Ajdari, de 32 años, no es musulmana, se ha criado como cualquier otra niña de hijos españoles y su voto no lo marcará su origen iraní. Su padre, dueño de un restaurante persa en el centro de Madrid, apenas inculcó su cultura a sus dos hijos, que fueron educados en un colegio con un crucifijo y una foto de los Reyes en la pared. Ajdari ha tenido que cerrar su centro de belleza tras convertirse en madre y busca trabajos que la ayuden a conciliar. Su voto será para quien garantice ayudas a los autónomos. "Ha sido un año muy duro porque he cerrado y me he ido con una mano delante y otra detrás. No tengo derecho a nada", lamenta.

Safia Elaaddam busca en Twitter alguien que vote por ella. Hija de padres marroquíes, nació en Tarragona hace 23 años, pero no tiene derecho a ir a las urnas. Lleva más de cinco años enfrentando la burocracia para obtener la nacionalidad y tres elecciones generales quedándose en casa. "Cuando eres hija de inmigrantes no te la dan automáticamente. Mis padres no estaban informados y no la pidieron. Fue al cumplir los 18 años que me di cuenta de la diferencia de derechos que hay entre ser extranjero y español", relata al teléfono. Las exigencias para tener la nacionalidad se han endurecido desde entonces y Elaaddam tiene ahora que hacer un examen para demostrar su grado de integración en la sociedad española. Se niega y ha pedido una dispensa. "No quiero ser partícipe de esa injusticia y seguiré luchando para que los hijos de inmigrantes tengan la nacionalidad de forma inmediata". Bajo los lemas #dejadnosvotar o #cédenostuvoto, su campaña en las redes busca abstencionistas que asuman el voto de españoles sin nacionalidad. Ella no tiene dudas del sentido de su papeleta. "Votaría a un partido que apueste por la igualdad de las personas, que no crea en ciudadanos de primera y de segunda".



Fuente: El País
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