Las Migraciones en Aragón

03 de Septiembre 2019
«Los chavales solo necesitan las herramientas adecuadas»



–Comenzó a desarrollar su labor en El Gancho de Zaragoza en 2002. En este tiempo, ¿cree que el barrio ha evolucionado?

–Yo creo que si. En El Gancho empezamos a hacer actividades para ayudar a las familias inmigrantes. Hace años, por el precio del alquiler, los que venían de fuera se iban a vivir allí y entre ellos creaban guetos, se juntaban por culturas. Sobre todo hacíamos labores de reacondicionamiento de hogares, porque los pisos eran viejos, y de pintura. Yo creo que ha habido una transformación del barrio grande. Hay muchos programas del ayuntamiento y de asociaciones que están ayudando a ello. Nosotros, poco a poco, comenzamos a dar forma al proyecto. Contactamos con el Colegio Santo Domingo, que es donde iban los niños de esas familias. Yo tenía en la cabeza la idea de hacer algo integral, transformador, dirigido a un menor número de personas, pero que fuera más personal. De ahí nació el Programa de Liderazgo Social, en el 2009.

–¿En qué consiste el programa?

–Tiene tres pilares: deporte, estudio y voluntariado; lo que se traduce en cuerpo, cabeza y corazón. Los chicos y chicas, de entre 10 y 17 años, entrenan en equipos federados de fútbol sala, vienen a un grupo de estudio dirigido y varios días a la semana hacen actividades de voluntariado. A la mayoría, lo que más les gusta es ir a jugar al fútbol, por lo que son conscientes de que su rendimiento académico puede condicionar su participación deportiva. Si no sacan buenas notas, no pueden ir a entrenar. Todas las semanas hacemos un ranking de los minutos que han venido a la sala de estudio, y al final de año los cuatro primeros tienen un cheque regalo. En cuanto al voluntariado, vamos a dar de cenar a personas con discapacidad y a residencias de la tercera edad. Los chavales van a jugar al bingo con personas mayores, y no hay manera de cambiar de actividad, lo he intentado, pero les encanta.

–Explicaba que el programa intenta ser integral, transformador para los niños desde el colegio. La tarea suena muy complicada.

–Lo es. Pero influyen otros tres ces también muy fundamentales en ese proceso. Primero, el cariño, que se sientan valorados y comprendidos, que puedan sentirse a gusto para contarnos un problema y apoyarse en nosotros. En segundo lugar, la confianza. Creemos que si a cada uno de ellos se les da las herramientas oportunas, van a tener el deseo de seguir hacia delante. Y, por último, el compromiso. Dedicamos mucho tiempo y también queremos que ellos lo estén, que se comprometan a venir al aula de estudio, que valoren a los voluntarios y que vengan a entrenar.

–¿Por qué a través del fútbol?

–Para mi el deporte es la mejor herramienta de transmisión de valores: compañerismo, pertenencia a un grupo, respeto por el entrenador, el alcanzar unos objetivos, la constancia... Les intentamos inculcar que estos valores están por encima de todo. Hemos suspendido partidos por bajo compromiso con el estudio dirigido, mal comportamiento o porque venían a entrenar tarde, y eso estando a pocas semanas de ganar la liga, para que vean que para nosotros esto es muy serio y que buscamos cambiar personas, no ganar partidos. En una ocasión suspendimos a los cuatro jugadores de un equipo, tres de ellos titulares. Todos queremos ganar, pero hay que primar los valores educativos.

–¿Cuántos niños y niñas participan?

–El curso pasado participaron alrededor de 100 niños/as y adolescentes. El objetivo es empoderar su carácter en el tiempo libre y que se sientan protagonistas en la sociedad. Por eso la importancia de que sea un programa integral. Si solo tuvieran el estudio, o fueran una tarde a entrenar... sería un poco como un parche. Lo que nosotros queremos es transformar. Están en edades muy complicadas y muchos de ellos tienen situaciones familiares dificilísimas, unos dramas verdaderamente grandes que a muchos de nosotros nos superarían, y ellos tienen que lidiarlos a una edad muy joven. Los voluntarios son el alma del proyecto. Participan unos 50, que dedican su tiempo libre a los demás. En Cooperación Internacional creemos en el potencial de cambio de los jóvenes.

–¿Qué resultados han obtenido este curso?

–Hemos acabado el curso con una nota media de 6,5, que está muy bien. Ahora varios chicos van a empezar una carrera o un grado superior. En fin, que van avanzando, y luego son ellos los que se quedan dentro del programa como voluntarios. Tenemos mucho apoyo del CEIP Santo Domingo y nos coordinamos con Cruz Blanca y el centro social Virgen del Pilar. También de las empresas que nos patrocinan: Bergner, La Caixa, Fundación Atlético de Madrid, Evair, CMU Miraflores, así como la DGA y el Gobierno de España. La escritora Patricia Ramírez colabora donando el 50% de su libro Educar con serenidad.

–Me imagino que habrá veces que se fracasa.

–Si. Se fracasa. Hay algunos chavales que llevan con nosotros desde el colegio, pero cuando llegan a la adolescencia llegan a una crisis profunda. En casa no tienen referencia, bien por que sus padres no tienen ingresos y están todo el día trabajando, bien por que es una familia monoparental.... No les apetece estudiar y comienzan a consumir droga. Al no tener esa referencia familiar, crean su vínculo dentro del grupo de amigos del barrio, y si ese grupo no va por el buen camino, ellos tampoco. Todos pasamos por esa etapa rebelde, pero nuestro entorno nos ayuda un poco a encarrilarnos. Ellos tienen menos chalecos salvavidas. Y en ese caso te da mucha rabia, pero al final tú no puedes elegir por ellos. Algunos han llegado a volver, lo que hace pensar que aquí tienen un apoyo que necesitan. Al final hay que ser entusiasta, pero tomarse el día a día con resultados concretos.

–¿Y no se desanima en ocasiones?

–Soy una persona creyente. Cuando veo todo negro, rezo, y así saco fuerzas.

–Este verano ha estado en Bombay desarrollando el proyecto 'Football is life'.

–Si. El mes de julio estuve en Bombay, donde hacemos e el mismo programa que aquí. Hemos ido 100 personas en tres grupos y aún había lista de espera. La diferencia es que Bombay es una ciudad con 19 millones de habitantes y la mitad vive en chabolas. Lo que aquí es pobreza, allí es clase media. En verano, estamos toda la jornada haciendo actividades de estudio y entrenamiento con los niños de los slums. Llevamos dos años desarrollando el proyecto cada sábado con voluntarios indios y ahora queremos mejorar la calidad.



Fuente: El Periódico de Aragón
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