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28 de Julio 2008
Mi nombre es nadie. Inmigración: el viaje más antiguo del mundo.


Nacer en África. 933 millones de personas vivían en el continente en 2008. Un territorio que carece en un 76% de electricidad, en el que sólo se explota el 7% del potencial hidroeléctrico y apenas está irrigado el 3% de la superficie agrícola.

A la pobreza extrema se une la parálisis económica y la crisis del sida que, hasta finales de la primera década del siglo XXI, había terminado con la vida de 12 millones de personas, y la organización ONUsida calculaba que entre 25 y 28 millones de ciudadanos africanos convivían con la enfermedad.

Un continente tan bello como maldito, porque el origen de sus desgarradoras cifras está en la rápida descolonización desde mediados del siglo pasado, en la corrupta explotación de sus enormes riquezas naturales que ha marcado una casi insalvable desigualdad social, y en la doble moral de los países desarrollados que parecen jugar a desarrollar África, cuando lo que realmente les importa es que los países africanos devuelvan la deuda externa o implantar la dependencia de créditos como los Fondos de Ayuda al Desarrollo (FAD) cuyo capital regresa a España con intereses.

A pesar de la angustia y desesperación que se respira en África, el continente no se muere. El capital humano busca alternativas, parte de un sentimiento de "muertos en vida" que en Europa es incomprensible, y son capaces de resistir lo inhumano para cambiar la dureza de su lugar de nacimiento.

Mientras se sigan planteando los problemas que se plantean aquí, es decir, una situación económica no muy boyante, una juventud cuyo número aumenta y que no siempre estudia porque no siempre piensa que los estudios sean la salida. Porque tienen otros modelos que no son el modelo que dan los estudios. Creo que mientras los satélites sigan emitiendo y los chicos sigan soñando con estas imágenes, creo que van a pensar que la solución es la emigración. Nosotros, como docentes, les decimos que estudien, que la solución está aquí, que hay que estudiar. Pero no siempre nos hacen caso.

Amadu Ndoye es profesor de filología hispánica en la Universidad de Dakar, en Senegal. Su militancia, tanto política como en la defensa de los derechos humanos, le ha obligado a acercarse al fenómeno migratorio, que a mediados de 2006 estalla en su país con la crisis de los cayucos hacia las islas Canarias. Intenta entender lo que está ocurriendo, las consecuencias que tendrá en el futuro, de la misma manera que Samir, más de 2.000 kilómetros al norte, en Larache, al norte de Marruecos, coincide en que la clave está en las escasas salidas con las que cuenta la gente más joven, las casi nulas expectativas que les ofrece África.

Porque no hay nada que hacer, todos los jóvenes aquí viven una vida de desempleo. Trabajan sólo a veces. En verano, como camareros… Son chicos que hacen cualquier cosa. Están marginados, para ellos Europa, España, es como un paraíso, como un exilio para hacer más cosas, sus proyectos y todo.

Europa es responsable de la situación socioeconómica de África. La mayoría de los países no supieron o no estaban preparados para aprovechar el momento de la independencia. Los partidos nacionalistas carecían de la experiencia suficiente para asumir el rumbo de la nueva etapa, y lacras como la corrupción, el clientelismo… En definitiva la mala gestión gubernamental se impusieron en el continente.

La herencia occidental se resume en una intensa pobreza, niveles muy reducidos de previsión respecto a la sanidad y la educación, y el hecho de que a partir de 1960, 1970, la economía africana dejó de crecer por encima del índice de crecimiento demográfico.

Bueno, Europa tiene que pensar primero que es parte del problema. ¿Por qué? Porque desgraciadamente el pacto colonial no se ha cambiado. Muchos países africanos, a pesar de tener un jefe de Estado, están neocolonizados desde el punto de vista económico porque las reglas del juego no las fijan los africanos. Los precios de las materias primas, todo viene desde… los países producen petróleo pero no controlan su petróleo. Son las multinacionales las que se lo llevan. Y, mientras esto siga, yo creo que nos han quitado los grilletes políticos pero nos han arrojado los grilletes económicos y no podemos despegar.

Las razones por las que se emigra, de la partida obligada para millones de personas desde África, se repiten en las conversaciones de calle, en las asociaciones o incluso entre los funcionarios más comprometidos con la realidad de su país.

Mohamed Balga, militante de Pateras de la Vida, intenta desde hace años que el aislamiento que sufrió el norte de Marruecos durante el reinado de Hassán II no se prolongue. Pide una mayor inversión del Estado en pequeñas poblaciones como Ksar el Kebir, para garantizar a los jóvenes un futuro.

La gente está viviendo, está pasando por malas condiciones económicas, entonces, por eso la gente se siente obligada para buscar un remedio y dar una salida a su situación de precariedad. Entonces ocurre la tragedia de montar, el riesgo de las pateras. Además en Ksar el Kebir, es una ciudad que vive de actividades económicas ilegales, el narcotráfico y nada más, y la gente no tiene recursos económicos que puedan atender a las necesidades de la población de allí.

África es responsable de seguir empeorando la situación socioeconómica del continente. La represión ejercida por regímenes autoritarios, tan alejados de las necesidades básicas del país, ha contribuido a que parezca que los 53 estados del continente hayan caído en un pozo sin fondo de miseria e incertidumbre.

Nadie sale de su casa para emprender un viaje sin fecha de llegada al destino elegido, superando países hostiles, vejaciones, malos tratos, violaciones de los derechos más elementales, si no es por una clara necesidad de supervivencia.

Como explica el profesor Ndoye, esto es lo que ocurre en África.

Las raíces siguen ahí, las causas siguen ahí, el problema sigue ahí, estos países son países donde hay mucha juventud, el 65% de la población no tiene 25 años, y las perspectivas todavía no se ven muy claras. De modo que bueno, simplemente, yo creo que va a bajar la intensidad, pero si no se encuentran salidas a los problemas de fondo. Es decir, encontrar un trabajo, una ocupación, creo que la gente va a seguir intentándolo, con éxito o no. No lo sé. Pero creo que van a intentar, van a seguir tratando de intentarlo.

Jóvenes como Aiman, que a pesar de haber nacido en África han tenido una educación, una vida resuelta hasta que han decidido independizarse, acaban uniéndose a la misma desesperación de otros marroquíes con una situación social peor. Aiman no ha cruzado en patera, pero es en España donde ha encontrado un trabajo y está pudiendo realizarse como persona.

Las pocas perspectivas de mejora que hay en este país, los informes del FMI y las políticas de reajuste. Y las inversiones estas de las que todo el mundo habla, que yo creo que son las que fomentan la emigración en vez de pararla. El futuro se avecina poco prometedor.

Los discursos centrados en el miedo al otro, a lo diferente, lo ajeno, que aseguran que las fronteras deben reforzarse para parar lo inevitable: que la gente huya de la muerte, cuando en realidad todo gira en términos económicos. Aiman:

Hablar de fronteras en este Estrecho, y en esta zona del mundo, es de necios. Esto no se puede parar. Son básicamente cuestiones económicas, son cuestiones de salario. Si en Marruecos subieran el salario mínimo de 180 a 380 euros, conozco a varias personas que estarían muy bien en su país. Incluso hablando con inmigrantes que trabajan en la fresa en Moguer o en Huelva, me hablaban de que con 300 euros en Marruecos, ellos estarían supersatisfechos. La gente no se va de su país por gusto o por placer. Bueno, hay de todo, pero la mayoría se va para mejorar su situación económica.

La pobreza, vivir con un dólar al día, aumentó del 47 al 49% de la población africana entre 1990 y 2000. Ese crecimiento supuso que a finales de los noventa hubiese casi 75 millones de personas más que vivían en la pobreza.

En 1999 Fátima dejó a sus ocho hijos al cuidado de familiares para viajar a Madrid con un visado especial porque su marido, que trabajaba desde hacía 20 años en la construcción, estaba muy enfermo.

Fátima cuidó a su marido, aprendió español, y desde el primer día buscó un trabajo, a pesar de que el permiso de residencia temporal no se lo permitía porque recibía una ayuda de 200 euros al mes. Dos años después murió su marido y Fátima decidió quedarse. Logró los papeles, reunió a su familia en Madrid, puso a los mayores a trabajar y a los pequeños les inscribió en la escuela o les hizo aprender un oficio, y salió adelante.

A pesar del éxito personal de haber dado una vida mejor a los suyos, de haberles sacado de la miseria, su tristeza es no poder regresar. No poder vivir en la casa que tiene en Tetuán.

Yo no puedo vivir aquí más, pero sabes yo tengo mí casa, es muy buena, tengo tres plantas para mí sola. No tengo vecinos dentro de casa, fuera sí. De abajo hasta arriba es sólo mío… Pero como no tengo trabajo aquí no puedo vivir aquí. Y no pago alquiler ni nada, y tengo teléfono y tengo agua, tengo luz. Como no tengo aquí trabajo… Mis hijos tampoco, entonces, ¿cómo voy a vivir aquí?

Muchos de los africanos que deciden emprender el viaje lo hacen para defender sus ideas políticas. En las últimas décadas se han desarrollado conflictos en el continente cuya resolución, a fecha de principios de 2008, podría estar cerca. Es el caso de países como Angola, República Democrática del Congo o el sur de Sudán. En cambio las tensiones siguen en la parte oriental del Congo, en Costa de Marfil, en la frontera entre Etiopía y Eritrea, en la grave crisis humanitaria de Darfur, al oeste de Sudán, en el norte de Uganda donde hay al menos un millón de desplazados, o en Zimbabwe que sufre una dura represión política.

Desde una cafetería de Benyunes, con la mirada fija en el perímetro fronterizo de Ceuta, Bashir explica así las razones por las que abandonó en 2002 Argelia, su país.

Yo me voy a Europa a buscar la vida porque en mi país no hay nada. Y tenemos un presidente que es un perro, que fue a España y dijo que Argelia está bien. Te vas tú a Argelia y verás lo que hay ahí en Argelia. Cada día un problema, cada día, no un día o una semana, cada día.

Muchos emigrantes se sorprenden ante el sufrimiento que incluye la travesía. En sus relatos explican que tras padecer la dura situación de su lugar de origen, jamás habrían podido pensar que era posible estar en una situación aún peor. Algunos se arrepienten de haber ahorrado durante meses, de haber vendido parte de sus posesiones o haber endeudado a la familia, para aventurarse a llegar a Europa. Se intentan autoconvencer de que el trayecto es transitorio, pero pasan las semanas, los meses, los años, y la ansiada frontera europea parece a veces inalcanzable.

Tanto desde Tánger, a sólo 14 kilómetros de Tarifa, como desde las playas saharauis, a unos 90 kilómetros de Fuerteventura, la isla más cercana, los inmigrantes pierden en ocasiones el ánimo, incluso la noción de la razón que les llevó a salir de su casa.

A Kisnly le detuvieron en varias ocasiones cuando recorría el territorio marroquí. Le subieron a un autobús en El Aiún para trasladarle a Uchda desde donde volvió a dar un paso atrás al encontrarse en territorio argelino.

Los africanos aquí estamos sufriendo. Hemos venido, hemos pasado por este camino, pero sabes, es un gran riesgo. Pasamos por aquí para llegar a Europa. No vamos allí para otra cosa que para trabajar, porque en la mayoría de nuestros países no hay trabajo. ¿Lo entiende? No hay trabajo… por eso, esa es la necesidad que nos hace ir a España.

¿Qué es lo que no entienden en Europa? ¿No saben lo que ocurre en África? Son algunas de las preguntas que jóvenes como Salif que vivió dos veces el engaño de las mafias sin haber pisado nunca territorio español, se pregunta desde un centro de detención en el Sáhara occidental:

Vamos a Europa para trabajar, no lo hacemos para robar o algo así. Nos vamos para trabajar, porque en África no hay nada. Trabajas para alimentar a tu familia y no logras hacerlo. Por eso nos vamos a Europa, solamente para trabajar.

Johan es el líder de un grupo de subsaharianos. Se encarga de que en el campamento de Mesnana, donde la mayoría llevaban más de un año en 2003, la gente conviva, que se repartan los alimentos y que no se pierda el contacto con las mafias que poco a poco deben ir sacándolos del bosque.

La razón por la que estamos aquí es para ver si Dios muestra el camino a la raza negra en esta tierra para encontrar la dirección hacia España. Por eso estamos aquí. Porque, personalmente, muchos de nosotros, mientras hablo contigo, no tenemos padre ni madre, incluso nuestros hermanos y hermanas saben nada de nosotros. ¿Lo entiendes? Mientras hablo sigue habiendo una crisis en Morovia, nuestro país, por Charles Taylor, el líder rebelde… La mayoría de los ciudadanos de Sierra Leona y Liberia están huyendo porque es un país con muchas fronteras. Pero ahora, te digo la verdad. Aquí no hay nada similar a los padres, los hermanos o las hermanas, nosotros estamos preocupados por ellos. Lo que ve aquí, es que somos todos amigos pero no hermanos. Cada día escuchamos en las noticias, si venimos aquí nuestra gente pueden vernos en las noticias de la CNN, pero no hay nada de eso. Quizás se han ido, nadie lo sabe. Me sorprendió mucho que el hecho de venir a Marruecos fuera a ser un problema para nuestra supervivencia… No hay libertad en este país.

Ponerse en la piel del prójimo. Eso es lo que piden a gritos, o en susurros, dependiendo de la energía del emigrante que te encuentras en el camino.

El subdesarrollo de África lo padecen los más vulnerables sin que los regímenes corruptos que han logrado perpetuar estas situaciones de injusticia sean apenas cuestionados por las sociedades desarrolladas. Por eso los inmigrantes se muestran contrariados ante el abandono y el asilamiento al que se les somete cuando son expulsados ilegalmente o cuando se les obliga a vivir en condiciones inhumanas por haber entrado de forma clandestina en un país.

Al contrario de lo que piensan los que no son partidarios de los procesos de regularización extraordinarios o de que se faciliten los trámites de solicitud de visados, los inmigrantes no piden que desaparezcan las fronteras, que se deje circular con libertad a las personas, de la misma manera que las riquezas de África llegan con facilidad a Europa. Su planteamiento es mucho más maduro. Piden que se valore el potencial laboral que los inmigrantes están desarrollando y con el que han demostrado su valía en los países ricos, que se ajuste la demanda a la oferta y se les trate con los mismos derechos y obligaciones que a cualquier otra persona que accede a un puesto de trabajo.

Están manteniendo esto. Esa gente… Francia, Gran Bretaña… Vinieron al oeste de África y se llevaron todas nuestras cosas, nuestro oro, nuestra TIMBA. Todas nuestras riquezas se las llevaron a Europa. Y gracias a eso, ahora Europa es Europa. Puedes pensar en muchas cosas de Europa… pero los africanos estamos sufriendo. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué no quieren que los africanos vayan a Europa?

Quizás la repuesta, como apuntó el periodista Alfonso Armada, gran conocedor de la realidad africana, está en que "el norte padece una sobredosis de bienestar, y de forma equivocada prefiere acabar con la pobreza mediante la ayuda más que a través de la justicia".

Y ellos, ¿Por qué vienen? Si saben que El Paraíso no existe, o al menos que no se encuentra en Europa, si son conscientes de que el camino es durísimo, de que pueden morir en el intento. Durante los últimos años, los inmigrantes atrapados en el viaje hacia una vida digna responde con franqueza: huimos del infierno donde nacimos y crecimos. Eso sí que existe.



Fuente: Revista
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