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04 de Octubre 2019
"¿Y la cita pa´cuándo?" o que tu permiso de residencia dependa de una web saturada



La historia de Charlie, 28 años y de Ghana, se repite una y otra vez entre los migrantes que como él quieren legalizar su situación. Llegó a España pensando que aquí tendría una vida "más digna". Lo primero que necesitaba era un contrato que le permitiera "sacarse los papeles". Hace un año lo consiguió. Desde entonces sigue pendiente de que le den cita en la Oficina de Extranjería de Madrid para poder, por fin, residir legalmente en España.

"He hecho todo lo que me pide Extranjería pero cada vez que entro en la web para pedir cita, me dicen que no hay y que lo intente más tarde. Mientras, sigo de ilegal con el peligro de que la policía me detenga como si fuera un delincuente. Mi empresario piensa que estoy jugando con él porque no puedo trabajar. Si no tienes papeles, no tienes derechos", se lamenta.

Charlie es una de las 70 personas que se han concentrado este viernes a las puertas de la Oficina de Extranjería de Madrid para denunciar que el sistema de citas para solicitar el arraigo o la reagrupación familiar se ha convertido en un auténtico suplicio, con una espera media de unos cinco meses.

"Delegación de Gobierno dice que saca 10.500 citas al mes a través de su web, pero está claro que no son suficientes", se queja Roberto Borda, portavoz de la Asociación Apoyo. "Creemos que se están bloqueando estas citas y que hay una intención de dificultar la integración de migrantes en nuestro país", añade.

Borda asegura que esta misma situación se repite en otras oficinas de Extranjería de España, como la de Islas Baleares, Murcia y Valencia. En la Delegación del Gobierno reconocen que tienen "un problema con las citas y que están intentando arreglarlo", informa Raquel Duva.

Salah, marroquí, de 34 años, cuenta también su propio periplo kafkiano. "Llevo casi un año para pedir una cita de reagrupación familiar porque mi hijo nació aquí, pero es imposible", cuenta. "Varias veces me han intentado vender una por 150 euros. No me lo puedo permitir, pero si no me dan una a través de la web tendré que pagar por ella", reconoce.

Un limbo burocrático en el que se encuentra enfangado también Nicolás, de 35 años y de Nigeria. Él intenta renovar su permiso de residencia desde el pasado marzo. "Llevo 15 años en España y llegué a trabajar durante siete años de maquinista en Adif. Cuando me separé de mi mujer, caí en una depresión y me echaron del trabajo por bajo rendimiento. Ahora quiero volver a trabajar, pero no hay manera, me lo ponen muy difícil. Es el pez que se muerde la cola", asegura.

Debido a esta espera muchos migrantes pierden la oportunidad de regularizar su situación porque el empresario que les ofrece trabajo acaba por no tener interés en contratarles y a otros les caduca la documentación de sus países de origen, según aseguran desde la Asociación Apoyo.

La última en narrar su embrollo burocrático es Gilma, hondureña, de 40 años, con tres hijas, solo una de ellas nacida aquí. Gilma tiene ya la nacionalidad española pero sus hijas no, porque cuando se la dieron, sus hijas ya eran mayores de edad. "Una está en la Universidad estudiando Filología inglesa y necesita ya la tarjeta de residente porque si no nos van a cobrar 6.000 euros al considerarla alumna extranjera y tendrá que abandonar los estudios", prosigue con lágrimas en los ojos.

La encrucijada de Gilma, la de Charlie, la de Salah y Nicolas es la misma que la de cientos de migrantes. Una cita que no llega y una situación irregular que no puede prolongarse.  


Fuente: Nius diario
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