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06 de Octubre 2019
"En los centros se te crea un nuevo miedo: el de llegar a los 18 años"



En cuestión de horas, muchas veces sin papeles y, en la mayoría de las ocasiones, sin expectativas laborales. La tierra se abre para los menores tutelados por la Junta de Andalucía cuando cumplen los 18 años y la Administración andaluza les retira la protección con la que contaban por ser menores de edad. En muchos casos, son expulsados de los centros en los que, hasta ese momento, habían vivido. En épocas en los que no había tanta escasez de plazas existía un margen temporal para que buscaran una alternativa. Pero la presión migratoria ha colapsado los centros y la administración necesita las plazas libres para acoger nuevos ingresos.

Este verano, algunas familias que ayudan a los jóvenes en esta situación dieron la voz de alarma: las expulsiones de los que cumplían la mayoría de edad se producían diariamente y las casas de acogida se habían quedado sin recursos ni espacio donde atenderlos. Buena parte de estos chavales son extranjeros, pero no todos. Lo que sí comparten es el miedo a alcanzar la mayoría de edad.

Javier Macarro Silveria es uno de los jóvenes ex tutelados que se han visto obligados a abandonar el centro de protección de menores gestionado por la Junta donde vivió hasta los 18 años. Es español y recibe a EL MUNDO de Andalucía en el piso que comparte junto a otros once compañeros en Chiclana de la Frontera (Cádiz).

Pasó por diferentes centros de protección de menores desde que a los seis años los servicios sociales se hicieran cargo de su tutela. Con un historial de maltratos a manos de la pareja de su padre, un regreso con su familia biológica que no funcionó y varios meses viviendo en la calle, su complicadísima trayectoria vital no ha dinamitado sus esperanzas ni le ha arrebatado sus proyectos.

Y en eso ha tenido mucho que ver Juan Molina, que preside la Asociación de Familias Solidarias para el Desarrollo, que busca acogimiento para estos jóvenes. Gracias al trabajo de estas familias, Javier Macarro encontró un techo tras abandonar el centro de menores, pudo completar una FP básica en informática y telecomunicaciones y trabajó este verano por unos 400 euros al mes, a la espera de «encontrar algo mejor y poder mantenerse».

Juan Molina sabe que, cuando se habla de estos jóvenes, todo el mundo piensa en los menores inmigrantes no acompañados (MENA) que llegan a España en patera. Pero el perfil es mucho más variado.

En el caso de los menores españoles tutelados, cuando cumplen los 18 años y se ven sin recursos ni proyectos es frecuente que intenten volver con su familia biológica, a las que «guardan una lealtad inquebrantable», y de la que fueron apartados en algún momento por la intervención de los servicios sociales como consecuencia de una situación de desatención o malos tratos. Pero eso no siempre funciona.

Aprendices

Ayoub y Yassine posan en la peluqería Novo Élite, junto a Paqui, jefa del establecimiento donde los chicos están realizando prácticas formativas.

En la peluquería Novo Élite de Chiclana de la Frontera regentada por Paqui Gallardo Coca están haciendo prácticas formativas Ayoub Er-Rahouni y Yassine El Ghazi, compañeros de piso de Javier. Ambos con 18 años y naturales de Marruecos, se manejan con soltura en el local. El primero, interesado en la barbería; y el segundo, con especial talento para los peinados de señoras. Proceden los dos centros de menores de Marchena (Sevilla).

La dueña del establecimiento, se muestra contenta con la labor de los chicos y con su evolución. Este mes de octubre viajarán todos a Expo Belleza en Madrid «para aprender nuevas técnicas».

Yassine llegó a España con un visado. Fue su padre quien lo dejó en territorio español confiando en que aquí encontraría un futuro. La llegada de Ayoub se produjo en los bajos de un camión, después de estar tres años intentándolo sin éxito. Tienen su documentación en regla y este año realizarán la ESA (Educación Secundaria para Adultos) en horario nocturno. Su objetivo es montar su propia peluquería en España.

Del pago que reciben por su trabajo en prácticas, los chicos se comprometen a destinar una cuarta parte al pago de la vivienda, otra cuarta parte a guardarlo en una cartilla de ahorros y el resto sí queda a su disposición para hacer frente a gastos personales.

En el mismo piso de Chiclana también reciben a EL MUNDO Thierno Ousmane Barry, Ismail Chakroun y Abdulatif Bouabdli, dispuestos a contar sus historias antes de almorzar las lentejas que uno de ellos ha preparado siguiendo el plan de reparto de tareas que cuelga de la cocina. Ismail salió de casa un día sin avisar a su familia dispuesto a llegar a España también en los bajos de un camión en dos etapas (primero de Tánger a Ceuta y otro de allí a Algeciras) siguiendo las instrucciones de «un grupo de amigos»: «Si pedía permiso a mi madre no me iba a dejar hacerlo y tengo que ayudar a mi familia trabajando aquí». Abdulatif llegó en patera: «Entre mi primo y yo tuvimos que pagar 2.100 euros, pero a él lo devolvieron a Marruecos porque ya tenía 18». Los dos marroquíes aprenden ahora a trabajar en un huerto.

Thierno se desenvuelve en la conversación con facilidad, tanto en francés, inglés o español y todos sus proyectos están parados a la espera de un trasplante de riñón. Le diagnosticaron una insuficiencia renal tras superar un viaje de 3 meses de coche de Guinea a Marruecos y de ahí en patera a España, pasando por Malí donde unos guerrilleros rebeldes le hicieron pagar una gran suma de dinero para continuar con su viaje.

Mustafa Sarr posa con su madre de acogida, Yolanda Espuela, justo después de haber resuelto el trámite administrativo en la delegación de la Consejería en Cádiz.

Mustafa Sarr, que llegó a España en patera hace unos meses, ha sido acogido en su casa por la familia de Yolanda Espuela. Madre de familia monoparental y voluntaria en la Cruz Roja, ya había acogido a niños saharauis durante varios veranos, pero esta es la primera vez que recibe a un mayor de edad por tiempo indefinido.

Después de resolver los trámites administrativos en la delegación en Cádiz de la Consejería de Políticas Sociales, los dos salieron con una sonrisa en su cara dispuestos a llegar a casa y a conocer a los nuevos hermanos de Mustafa. El joven, natural de Senegal, ha pasado casi un año en un centro de menores. Se lamenta no haber compartido las clases que ha recibido estos meses con chicos españoles y explica que la mayoría de sus amigos senegaleses, de los que varios han acabado viviendo en Almería o Bilbao. Quiere dedicarse a la hostelería o ser pescador.

Precisamente para denunciar el abandono que sufren una vez que cumplen los 18 años, sin opciones a continuar su formación y encontrar salidas laborales, la Asociación de Familias Solidarias para el Desarrollo convocó en agosto una concentración en Cádiz que fue apoyada por otras 16 asociaciones y ONG de toda Andalucía.

Juan Molina pide que cesen las expulsiones de los centros de los adolescentes recién estrenados en su mayoría de edad «mientras no se garanticen recursos alternativos de vivienda, alimentación, formación e inserción socio-laboral».



Fuente: El Mundo
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