Las Migraciones en Aragón

18 de Octubre 2019
La labor social en Aragón tiene nombres y apellidos



La llegada de pateras se ha convertido en imagen cotidiana para algunos. Sin embargo, para otros ver la fragilidad y sufrimiento de estas personas les lleva a la acción. Es el caso de Amparo Ripoll, una mujer con un corazón dado a los demás. Por ello, cuando le explicaron el proyecto Chatillón no dudo en hacer las maletas y trasladarse de Zaragoza a Teruel. Este programa se dedica a prestar atención humanitaria a las mujeres inmigrantes en situación de vulnerabilidad. Son las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl quienes aceptaron el desafío de abrir de nuevo la Residencia Sagrado Corazón de Jesús en la capital turolense para atender a estas mujeres. Amparo es la enfermera del programa, que se desplaza hasta las costas andaluzas para recibir a las mujeres recién llegadas y acompañarles a Teruel. Es quien atiende su salud, pero quien también les escucha y les demuestra la fe de nuevo en las personas.

 Es innegable el trabajo crucial que realiza Amparo en la sociedad. Decir no a la comodidad por ayudar a quien más lo necesita es el día a día de los miles de creyentes en Aragón. Una labor social no reconocida en muchas ocasiones, pero columna vertebral en la sociedad aragonesa. Conocer la labor que tanto creyentes como no creyentes, trabajadores o voluntarios realizan, es el propósito de Trabajamos por Aragón, un proyecto que acerca el servicio de las diferentes diócesis –Teruel y Albarracín, Huesca, Jaca, Tarazona, Barbastro y Zaragoza-, que conforman la Iglesia Católica en Aragón a su población a través de testimonios tan puros como el de Amparo. Testimonios que recuerdan la solidaridad que la Iglesia Católica representa.

Juan San Martín. Organista titular del Pilar.

 La pasión de Juan San Martín por el órgano es otro de los testimonios. Años de esfuerzo lo llevaron a ser el organista titular de la Basílica del Pilar. Su misión es facilitar el encuentro con Dios mediante la música. Juan se encarga de llenar de melodía las misas de cada mañana mediante los dos teclados que conforman el órgano, uno tocado con las manos y otro con los pies. Un trabajo discreto, pero vital para la basílica. Juan comenzó en el oficio como voluntario y fue en el 2005 cuando su antecesor, Joaquín Broto, le cedió el legado para encargarse de este privilegio. Tocar en un sitio tan emblemático es una riqueza personal y una riqueza sonora para las 5 millones de personas que visitan cada año El Pilar.

«Ser cofrade es una forma de vida. Es una forma de vivir la fe»

El trabajo de Silvia por la Semana Santa de Barbastro, como sucede en las seis diócesis de Aragón, es una parte de la labor que realiza en la sociedad. Silvia es creyente de palabra y acción.

 

Silvia Peropadre. Cofrade. 

—¿Qué significa para Barbastro la Semana Santa?

—Para Barbastro, además de que somos Fiesta de Interés Turístico Nacional, es un reconocimiento a una tradición. En estos momentos estamos celebrando el 400 aniversario de la procesión del Santo Entierro. Es una fiesta arraigada en Barbastro y, por tanto, muy importante. La Semana Santa paraliza el pueblo esos días.

—¿Una Semana Santa caracterizada por mantenerse fiel a la tradición?

—Sí. Todos los pasos son llevados a hombros. No hay ninguno ni con ruedas ni a costal. Se sigue usando la maza como llamador, pues no hay ni timbre ni campanilla. Hay una serie de costumbres que se siguen manteniendo.

—¿Qué papel juegan los instrumentos en la Semana Santa?

—En Barbastro somos siete cofradías y las siete cuentan con sección de instrumentos. Es una parte muy importante porque acompañan a los pasos, dan sonoridad y ayudan al silencio. Ha sido una forma de involucrar a la gente joven y ha implicado a más gente. Hay niños que entran en la sección de instrumentos y luego entran los padres en otras de las secciones. 

—¿Es su caso?

—En nuestro caso no había tradición familiar. Y mi hija como alumna del colegio de Escolapios se hizo de la cofradía. Después mi hijo, quien está en la sección de instrumentos tocando la corneta, y yo, y luego mi marido. Mi hija es ahora coordinadora de procesiones.

—¿Qué significa para usted ser cofrade?

—Es una forma de vida. Por mi religiosidad -soy practicante- es una forma de vivir la fe. La gente se involucra en alguna obra social, en Cáritas o en diferentes movimientos religiosos. En mi caso, es en las cofradías y haciendo hincapié en la obra social, que desde la Junta Coordinadora de Barbastro estamos intentando que las cofradías sean eso. Somos caritativas. Estamos involucrados en las obras sociales de la ciudad.

—¿Qué labores sociales ejercen en Barbastro durante el año?

—Por el número de personas que somos en Barbastro, tanto de cofrades y económicamente, tenemos una obra social si la comparamos con Zaragoza muy pequeña, pero muy grande para lo que es Barbastro. Aparte de recogidas de alimentos y juguetes que hacemos a través de oenegés, llevamos un año en el que hemos conseguido dar unos menús solidarios. Se hace una cena especial en Nochebuena. También colaboramos con la Delegación de Misiones en un proyecto. Hacemos también varios conciertos solidarios.



Fuente: El Periódico de Aragón
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