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27 de Diciembre 2019
El auge de lo mismo



Han pasado tantas cosas este 2019 que, para hablar de racismo en el Estado español, eso que tantas personas migrantes vamos diciendo por ahí, hemos tenido que esperar a las elecciones del 10 de noviembre para constatar que los 52 diputados de Vox, aparte de hablar de la unidad de España, y del "Viva España", y España siempre más España, también hablan de personas migrantes en contexto peyorativo y sin ambigüedades.

El pseudoperiodismo no se había dado cuenta hasta ahora que existe racismo, o como ellos lo denominan, discurso del odio. Algo así como que, "yo te odio, pero no soy racista por odiarte". Y ni consecuencias penales tiene el odiarte. Aunque el delito de odio está castigado en el Código Penal, o algo así dicen.

Mientras media Europa hablaba de la irrupción de las extremas derechas, llevándose las manos a la cabeza, en España se hablaba si el partido de Albert Rivera, bueno, el partido de Inés Arrimadas, bueno, el partido de la gestora de Ciudadanos, era de centro, medio centro, centroderecha o derecha. Pero tras las elecciones del 10-N, al final nos quedó claro que Ciudadanos es un partido de 10 amigos/as colocados hasta las cejas de incertidumbres. Como diría el refranero español, "As de oros no lo jueguen bobos".

Mientras la izquierda de Pedro Sanchez se otorgaba la medalla al mérito de "acogedores humanitarios" de esos "otros" (personas migrantes), para después privarles de su libertad metiéndolos en un CIE y deportándolos de nuevo a sus países de origen.

Mientras la corrupción se vestía del color azul o rojo, con el fin de beneficiarse y lucrase, ya sea en Andalucía o Madrid.

Mientras Iñigo Errejón planificaba su propia obra novelística hamletiana, de ser o no ser aún más traidor contra su amigo Pablo "el coletas" Iglesias.

Mientras Pablo Casado buscaba su máster. Y el desahucio era y es el pan de cada día. Y en Cataluña jugaban a esconder unas urnas, que el centro nacional de inteligencia española no conseguía encontrar.

Mientras sucedía todo eso y mucho más, había un señor que salió de la cuna pepera, aburrido de no saber que hacer con su vida, que decidió no hacer la mili para galopar a caballo por la España vacía, para transmitir el mismo discurso de siempre, que el Reino de la España blanca estaba en peligro. Y es que los inmigrantes son el peligro. Todo el mal que padece España, incluso la corrupción, la subida del alquiler, subida de la luz, subida del pan, del bono transporte, precariedad sanitaria, educativa, precariedad salarial, y que tus hijos hayan suspendido todas las asignaturas es culpa de los inmigrantes. Y si los Reyes Magos se han olvidado de tus regalos es culpa de Baltasar por estar indocumentado. Como cuando el medico te receta ibuprofeno y agua para cualquier dolor que tengas. En este caso el inmigrante no es un alivio, sino un dolor y el agua nos llega hasta el cuello. El ibuprofeno con fecha de caducidad se llama Vox, de la que 3 millones de españoles lo han ingerido.

Y ahora se habla de racismo

Decía J.K. Rowling que "la gente haría cualquier cosa para fingir que la magia no existe, incluso cuando la tienen delante de las narices." Sucede lo mismo con el racismo.

Como nadie se había quejado de las agresiones, violencias e insultos racistas, el Estado español supone que los migrantes se quejan en las calles de algo inexistente y que son casos aislados, sin mayor importancia, de unos locos que no han viajado para curar su racismo.

La izquierda nos decía que se está combatiendo el fascismo, y que todxs somos iguales, mientras que daba campo abierto al discurso racista. Y ahora se habla de racismo no teniendo nada más allá de la posverdad.

Hemos sido testigos de la irrelevancia de las muertes ocurridas dentro de los CIEs y su continuo silencio. 2019 nos deja con la realidad de la política migratoria, 14 días en alta mar de 150 migrantes, frente a una España que dice se debe tener permiso para rescatar vidas en peligro. Cientos de ellas en  el Mediterráneo. Hay casos archivados como el del Tarajal o el "presunto" abuso sexual de las temporeras de Huelva. Y los cientos de casos no mencionados.

La odisea de la solicitud de asilo y la complicada cita para la regularización de la documentación. Sin olvidar la persecución de los hermanos manteros obligados por la Ley de Extranjería. Los insultos y las vejaciones racistas en los centros educativos y laborales. Exclusión sanitaria. El racismo institucional legitimado y las agresiones racistas normalizados.

Y ahora los que dicen ser políticos y defensores de los derechos humanos, hablan de racismo viéndole las orejas al lobo (Vox). Los mismos que nunca se han preguntado cómo combatirlo y en cuyo caso, de la poca intención de hacerlo, han negociado nuestra dignidad.

Santiago Abascal está diciendo lo mismo que el Estado español lleva tiempo haciendo. Seguramente interese más escuchar a las personas que sufren el racismo, que darle altavoz a quien alimenta un discurso ya dado. Incluso Almeida puede interesarle esta opinión, la del auge de lo mismo. Pero seguro que le seguirá interesando la catedral de Notre Dame.

Han pasado tantas cosas este 2019 que, para hablar de racismo en el Estado español, hemos tenido que esperar a Vox. Lo malo es que, si el destino decide olvidarse de Abascal, las consecuencias del racismo del estado español seguirán normalizadas y legitimadas. Como está ocurriendo ahora, situándolo como "un caso aislado".

Existe racismo en el Estado español, y la lucha no la lidera Greta Thunberg, la lucha la lidera el antirracismo.



Fuente: Cuarto Poder
URL relacionado: https://www.cuartopoder.es/ideas/2019/12/27/el-auge-de-lo-mismo-sos-racismo/

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