Las Migraciones en Aragón

04 de Abril 2020
Erasmus extranjeros en Zaragoza: "Estoy preocupada. Mis amigos de Ecuador están contagiados"



A los estudiantes de Erasmus, la pandemia del coronavirus les ha pillado lejos de sus hogares. Muchos decidieron regresar a sus países antes de que se decretaran los confinamientos y otros se han quedado por voluntad propia en sus destinos de estudio. También hay casos como el de la ecuatoriana María Emilia Briones, que cuando quiso dejar Zaragoza para volver a su país, este cerró sus fronteras. Ella es una de los 28 estudiantes extranjeros de la Universidad San Jorge que siguen en la capital aragonesa, y en otros lugares de España (algunos de ellos se trasladaron a otras ciudades donde tienen amigos), de los 72 alumnos erasmus que estudiaban aquí antes del estado de alarma. 

Según datos de la San Jorge, 44 estudiantes erasmus internacionales se han marchado a sus países: 28 estudian con la USJ a distancia, uno continúa haciendo prácticas externas a distancia y los 15 restantes la han dejado para seguir los estudios en sus respectivas universidades.

La joven María Emilia Briones, de 19 años y estudiante de Publicidad, vino a Zaragoza a finales de enero para un periodo de seis meses. Vive en un piso con otras tres estudiantes extranjeras, dos de las cuales (de Francia y Japón)  se han marchado. "Para los erasmus ha sido difícil tomar la decisión de volverte a tu país no cumpliendo los objetivos. Una pandemia está más allá de nuestras manos, pero es desmotivador luchar tanto por algo y que pase esto", se lamenta.

La primera semana de reclusión estaba indecisa; no sabía qué hacer. Y para cuando lo tuvo claro ya fue demasiado tarde. "Primero, pregunté a la San Jorge si iba a poder hacer los exámenes 'online'. Después, intenté comprar un billete de avión, pero estaba a 2.000 dólares (más de 1.800 euros) y era muy caro para mí. Y, a final, Ecuador cerró las fronteras", explica resignada mientras aprende a sobrellevar la situación. "Intento tranquilizarme. Un día bajé a la calle a por pan y vi la ciudad cerrada, era algo extraño. Me sentí atrapada y tuve un ataque de ansiedad. También he dejado de ver las noticias y duermo más de lo normal para no sentir el día a día y para que las jornadas no se me hagan tan largas", señala.

Sistema sanitario colapsado

Para ella, está siendo difícil el confinamiento sobre todo por las noticias que recibe de su país, donde están su familia y amigos. "Es una preocupación constante. Mis amigos están contagiados por el virus y no sé cómo respondería si alguno muriese o mi familia enfermara; me volvería loca. Ecuador es un país pobre y no tiene la economía de Europa o Estados Unidos. Todo el sistema sanitario está colapsado", resalta María Emilia Briones, huérfana de padres. "Mis tíos son como mis padres. Me siento agradecida de haberme podido despedir de ellos; es algo muy importante. No poderlo hacer, como ocurre ahora con las personas que fallecen por coronavirus, es algo doloroso", subraya.

"Me siento agradecida de haberme podido despedir de mis padres cuando murieron. No poderlo hacer, como ocurre ahora, es algo doloroso"

Con sus allegados habla todos los días e intentan que la pandemia no centralice las conversaciones. Las clases universitarias 'online' y los deberes ocupan las jornadas, en las que aprovecha para hacer ejercicio o escuchar música. "Profesores y alumnos ponemos todos de nuestra parte, pero no es lo mismo que ir a la universidad. No encuentras motivación. A ver cuándo acaba esta situación y podamos volver a clase", dice.

Sin miedo al virus

Por su parte, la estudiante polaca Kornelia Zoń, de 22 años, no se ha planteado regresar a Myslakowice, en Karkonosze, donde vive. "Me encanta estar aquí y no tengo miedo al coronavirus. Estoy segura, sigo las clases 'online' y no necesito cambiar nada", indica.

La joven polaca Kornelia Zoń en casa de los padres de un amigo en Sabiñánigo.
La joven polaca Kornelia Zoń en casa de los padres de un amigo en Sabiñánigo.
K. Z.

Kornelia estudia también en la San Jorge (último curso de Periodismo) y llegó a Zaragoza el  pasado septiembre para todo el curso, hasta junio. Aunque vive en la ciudad en un piso compartido con otras tres chicas, las casi tres semanas que llevamos de aislamiento se ha trasladado a la casa familiar de un amigo en Sabiñánigo, en Huesca. "Me han acogido muy bien. Tengo la oportunidad de vivir con mi amigo y sus padres. Es mejor para mí, que estoy sola", destaca.

Quien está más intranquila es su familia de Polonia, con la que está en permanente contacto por videoconferencia o whatsapp. "En mi país hay menos casos de contagios y de fallecidos. Y las fronteras están cerradas hasta mediados de abril", recuerda.

Mejor aquí que ir a México

Tampoco el joven mexicano Alejandro López Padilla, de 22 años, se ha planteado desplazarse a su país, en el que las fronteras no están del todo cerradas. "Prefiero pasar la cuarentena en Zaragoza. Volver implica que, tal vez, podría transmitir algo a mi familia. Tendría que pasar por aeropuertos, coger autobuses...", explica.

Estudia en la USJ Dirección y Administración de Empresas (llegó en enero y se marchará en julio o agosto) y comparte piso con otros dos estudiantes españoles, que han preferido quedarse con él. En vista de lo que podría pasar con la expansión del virus, estos tres jóvenes fueron previsores y compraron mucha comida para estar abastecidos durante estas semanas. "Vivo bien en comparación con otras personas. También bajamos al supermercado, donde no falta ningún alimento. Mi familia está preocupada porque les llega información tanto buena como mala sobre lo que ocurre en España", afirma.

Alejandro López (c), junto a sus compañeros Rafael Martínez (i) y Gonzalo Gamiz (d), en el piso que comparten en Zaragoza.
Alejandro López (c), junto a sus compañeros Rafael Martínez (d) y Gonzalo Gamiz (i), en el piso que comparten en Zaragoza.
A. L.

Para este universitario mexicano, la tecnología está siendo una buena herramienta para combatir la pandemia. "Las clases se siguen por 'online', las escuelas son accesibles por internet... No nos podemos detener", asegura. Sin olvidar que hace que todos estemos conectados con el exterior y con los nuestros en estos tiempos tan complicados e inciertos.



Fuente: Heraldo de Aragón
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