Las Migraciones en Aragón

06 de Abril 2020
Trabajadores que cada día hacen frente al riesgo de contagio por coronavirus



MAITE AZNÁREZ, CAJERA DE SUPERMERCADO: "ME ALEGRO AL LLEGAR Y VER QUE ESTAMOS TODAS"

La caja de un supermercado es en estos días como una butaca en primerísima fila del espectáculo que suponen las reacciones y las actitudes que se dan en la sociedad ante la pandemia de covid-19 y las restricciones a los movimientos recogidos en el estado de alarma. Hay quien trata de tomarse con humor la situación, quien está triste, quien se molesta por unas medidas de seguridad que considera excesivas, quien se molesta porque le parecen insuficientes, quien les agradece por su trabajo o de quien utiliza el pretexto de ir a la compra para salir todos los días de casa.

Este último comportamiento es el que peor lleva Maite Aznárez, cajera de un supermercado AltoAragón de Huesca. "A veces llego muy cabreada a mi casa y se lo comento a mi marido por la impotencia que te da que todos los días baje tanta gente a comprar", comenta.

"Yo creo que la gente no está concienciada de lo que hay, porque no puede ser que bajen a comprar tantas veces como bajan al día, o que bajen todos los días", dice Maite, que, no obstante, especifica que estos son una minoría. "Como es la única excusa que tienen aprovechan esa situación para salir a la calle, pero no se dan cuenta de que no es ni bueno para ellos ni bueno para los demás. Nosotras también estamos allí".

Quienes trabajan en las cajas de los supermercados o como dependientes de los comercios de alimentación son unos de los trabajadores más expuestos a un posible contagio, ya que todo el mundo tiene que comprar alimentos. "No sabemos si estamos infectados ni nosotros ni ellos", sostiene Maite.

Para evitar contagios, el supermercado ha extremado las medidas de precaución, como la instalación de mamparas de separación en las cajas, el uso de guantes (tanto para trabajadores como para usuarios) y mascarillas o el geles desinfectantes para lavarse las manos.

Maite reconoce que las reacciones de la gente ante esta situación son de todo tipo. Hay quien se impacienta por tener que esperar: "Estamos acostumbrados a que vas al súper y va todo muy rápido, pero ahora tienes que tener un poco de paciencia".

Hay incluso quien les regaña por considerar insuficientes las medidas de prevención, como una señora que les reprochó que no se cambiaran los guantes cada vez que cobraban a un cliente. "Nosotras no tenemos nada que ver con esto y ojalá lo pudiéramos hacer mucho mejor, pero es que no se puede hacer más", dice la cajera.

"La gente sí nos da las gracias por estar allí de cara al público, que también estamos expuestas, pero siempre hay alguno que se queja por cualquier cosa", añade.

Maite afirma no tener miedo al contagio porque es joven. "Pero sí que tendría miedo que a mis hijos, o mi marido, o algún familiar que tenga más riesgo se pueda contagiar", por eso, "cuando llego a casa lo que hago es quitarme la ropa y me lavo bien antes de darles un beso a los niños".

"De momento en el supermercado estamos todas bien, no tenemos ninguna ningún síntoma. Yo me alegro de llegar por la mañana y ver que estamos todas", asegura.

 

ERICA SÁNCHEZ, LIMPIADORA: "A TODAS NOS GUSTARÍA QUEDARNOS EN CASA"

 

El de las limpiadoras siempre ha sido un trabajo invisible, en el mejor de los casos, cuando no infravalorado. Pero en estos tiempos en los que todo el mundo pone atención en dónde pone la mano cuando está fuera de casa muchos las ven con otros ojos. No solo por la importancia de su labor para evitar la expansión de la covid-19, sino también por su mayor exposición al virus. Limpian los espacios (en edificios de viviendas, hospitales, oficinas, fábricas...) para hacerlos más seguros a los demás. Como los encargados de desactivar un campo de minas.

"Hay mucho nerviosismo. Mucha gente a decidido prescindir de su puesto de trabajo por seguridad. A todas nos gustaría quedarnos en casa como muchas otras empresas que se dedican a otros sectores, porque nosotras también tenemos miedo", asegura Erica Sánchez. En su empresa, Limpiezas Val Sánchez, hace servicios de limpieza para comunidades de vecinos, farmacias, ayuntamientos, consultas de médicos y empresas, entre otras.

Para evitar contactos han adaptado sus horarios para encontrarse con el menor número de personas posible. En las comunidades de vecinos, por lo ejemplo, hacen la limpieza a las siete de la mañana para no coincidir con quienes todavía deben salir a trabajar. Y los vecinos, por supuesto, está correspondiendo respetando ese distanciamiento. "Yo me estoy quedando alucinada de cómo está respondiendo la gente. Los vecinos se están portando de maravilla. Nos están respetando y se están manteniendo los niveles de seguridad", celebra.

Incluso, "la gente nos lo agradece más cuando te cruzas con ellos, y hemos recibido algún email de alguna administración diciendo que gracias por el trabajo que estamos desempeñando", revela. No obstante, considera que este reconocimiento a raíz de la emergencia sanitaria por el coronavirus va a ser flor de un día. "Esto es como todo, es un boom y habrá unos meses en los que la gente sí que nos considerará, pero con el paso del tiempo volveremos a lo de siempre. Al fin y al cabo este es un trabajo que para la gente siempre ha sido denigrante", afirma.

Erica explica que la mayoría de limpiadoras son mujeres inmigrantes o con hijos que cuidar. "Como se puede ejercer de lunes a viernes por las mañanas, pueden dejarlos en el colegio tranquilamente y ganarse un sueldo".

Eso, asegura, está siendo su principal problema desde que comenzó la alarma sanitaria, por el cierre de los colegios. "En mi empresa el 75% tenemos niños menores de 12 años. Yo tengo uno de 10 y otro de ocho años, a los que me veo obligada a dejar solos todas las mañana para salir y hacer mi servicio", dice.

A esto se le suma el temor al contagio, por lo que "todas estamos esperando que cierren el país más y que a nuestro sector también lo dejen en casa exceptuando las que se dedican a trabajar en hospitales o centros médicos", expresa.

 

CRISTINA RUIZ, CUIDADORA DE ANCIANOS: "EN ESTE TRABAJO ES UN POCO DIFÍCIL GUARDAR LA DISTANCIA"

 

Si hay un trabajo con una desproporcionada carga de responsabilidad en estos días, y además con un muy alto riesgo de contagio, aparte del de los sanitarios, es el de los y las cuidadoras. Atender a las personas mayores, el grupo de más alto riesgo ante al covid-19 como se encargan de recordarnos cada día las cifras de fallecidos, exige extremar las cautelas al máximo y a menudo con unos medios más que insuficientes.

"Es aterrador pensar que puede pasar algo aquí y que a todas esas personas, a las que tienes cariño, les pueda pasar algo", afirma Cristina Ruiz, cuidadora de la residencia oscense Misiones del Pilar. "El problema no son ellos, sino nosotras, que entramos y salimos y tratamos directamente con los usuarios".

Como todas las residencias para personas mayores, este centro está completamente cerrado para el personal ajeno al mismo y los internos no pueden salir, pero el temor a que entre el coronavirus es abrumador. "Nosotras tratamos directamente con los usuarios y tomamos todas las medidas que podemos. Nos lo tomamos en serio", asegura Cristina. "Nada más entrar te lavas en el vestuario. El traje del trabajo te lo llevas a casa y lo lavas todos los días", añade.

"También nos lavamos mucho las manos, pero tenemos muy pocos medios: mascarillas nos han dado dos desde que ha empezado todo esto", lamenta la cuidadora, que asegura que estas carencias tienen un poco crispado a las cuidadoras. "Pero tenemos disposición y estamos todas de buen talante", añade Cristina, que es la delegada de CCOO en el centro.

Lo que en muchos casos es inviable, asegura, es mantener esa separación de metro o metro y medio de seguridad. "En este trabajo es un poco difícil guardar la distancia" de prevención, indica. Con aquellos residentes que no se puede se pueden valer por sí mismas el contacto es muy cercano y no hay forma de aplicarla. "Con las personas que tienen que ser atendidas en las cosas básicas eso es imposible, porque le tienes que bañar, que limpiar, que cambiar... Intentas no acercarte lo más posible, pero es inevitable".

Afortunadamente, no se ha registrado ningún caso de covid-19 en su residencia y los internos "están bastante tranquilos todos", sostiene Cristina. "A algunos se lo hemos tenido que explicar porque si ellos no salen tampoco se enteran bien de lo que pasa y de la gravedad de lo que está ocurriendo", dice.

Además, las propias cuidadoras ponen de su parte para que puedan comunicarse con sus familiares por videollamadas prestándoles sus móviles.

Sin embargo, hay malestar entre las cuidadoras por los problemas que les pone la empresa para conciliar. "Yo tengo un hijo y tengo que hacer malabares con su padre, que también tienen que ir a trabajar. La empresa no nos lo ha facilitado para nada poder conciliar. Encima de que estás allí, jugándote todo, poniendo en peligro a toda tu red", afirma.

 

MICHEL PASCUAL, POLICÍA LOCAL: "AL ESTAR EN CONTACTO CONMÁS GENTE, HAY MÁS RIESGO"

 

Tras briefing para conocer la misión de cada uno y las novedades del día, los policías locales de Huesca salen a la calle para lo que hace unas semanas era una labor rutinaria pero ahora mismo puede ser una considerado un trabajo de riesgo, pues su función de comprobar que los ciudadanos que salen a la calle lo hacen por un motivo justificado implica justo lo que desaconsejan las autoridades sanitarias estos días: interactuar constantemente con personas.

"Evidentemente, al estar en contacto con más gente hay más riesgo, no es lo mismo que un ciudadano que no sale de casa", admite Michel Pascual, subinspector de la Policía Local oscense. Sin embargo, "somos policías y, por lo tanto, debemos poner nuestro granito de arena todos para intentar que la gente cumpla", agrega.

Desde esa primera línea de contacto con el resto de ciudadanos en tiempos de confinamiento, Michel asegura que "la gente está mentalizada y está viviendo la situación con incertidumbre pero con serenidad y tranquilidad". Además, agrega que "la gran mayoría está haciendo todo bien" y afirma que la Policía Local agradece a los que sí están cumpliendo con las restricciones por este esfuerzo.

No obstante, "todos los días estamos haciendo actas y, por lo tanto, hay gente, aunque sea una minoría, que no lo está haciendo bien", lamenta. Personas que van a hacer la compra a la otra punta de la ciudad o que se dan largos paseos con la excusa de sacar a sus mascotas son los casos más habituales de mal uso de las situaciones en las que sí está permitido salir a la calle.

"No puede ser que haya un porcentaje alto de personas que lo están haciendo bien y que haya gente que sea indisciplinada con este tema", porque está poniendo en riesgo al resto de la población incluidos los propios policías, que también están adoptando estrictas medidas de prevención para evitar contagios.

"Es una situación muy compleja y tenemos que estar preocupados. Intentamos hacer nuestro trabajo de la mejor manera posible y con las máximas garantías que podamos, sabiendo que, estando en la vía pública expuestos con los viandantes, nos puede afectar.

"La gente se tiene que concienciar de que para que todo esto acabe lo antes posible depende de todos", remarca. "La policía vamos a estar ahí para corregir a aquellas personas que estén incumpliendo, pero al final para que esto más pronto que tarde acabe es con la concienciación de todo el mundo".



Fuente: Diario del Alto Aragón
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