Las Migraciones en Aragón

22 de Mayo 2020
El drama de los manteros sin manta



Demba Balde llegó a Madrid en 2006. En 2011 vino a Zaragoza y aquí se quedó. Su mujer y su hija de 5 años, a la que apenas conoce, viven en Senegal, su país natal. Sin papeles tras haber caído en una complicada maraña administrativa y judicial, hasta hace tres meses Demba vivía de la venta en la calle. No echaba literalmente la manta al suelo, sino que era uno de esos vendedores de collares, pulseras y gafas de sol que se buscan la vida por los bares y las fiestas de los pueblos. Ahora, con cero euros de ingresos mensuales por culpa de la crisis sanitaria, sobrevive como puede en una habitación de Las Delicias.

La vida de los manteros nunca es fácil, pero menos aún en tiempos de pandemia. Sus escasas ganancias han desaparecido, por lo que no tienen con lo que pagar el alquiler, la luz o el gas. Para llevarse algo a la boca, necesitan la ayuda de las asociaciones de compatriotas o de las redes de solidaridad que se han tejido en la ciudad. Y el panorama no es mucho mejor para los próximos meses. La temporada de verano, que es clave para ellos, ya está perdida.

El golpe que están recibiendo es doble. Se lo llevan ellos, pero también sus familias en África, a las que mandaban dinero cuando podían. "Estamos viviendo una situación muy dura, las facturas se acumulan y no sabemos cuánto va a durar esto", comenta Demba. Él tenía esperanzas de que el Gobierno permitiera a los extranjeros en situación irregular trabajar en el campo, donde hacen falta temporeros, pero finalmente los permisos se han limitado a casos muy concretos. "Allí necesitan gente y yo quiero trabajar, pero sin papeles no se puede hacer nada", lamenta.

La última vez que vendió algo fueron unos globos para niños el 31 de diciembre, día de su cumpleaños, en la plaza del Pilar. Desde entonces, ha podido comer gracias a la tarjeta de 150 euros que cada tres meses puede conseguir de los servicios sociales del Ayuntamiento y a la ayuda de la Asociación de Inmigrantes Senegaleses en Aragón. "Me dieron arroz, aceite y azucar", comenta este senegalés de 45 años.

El presidente de la asociación, Mohamed Soumare, cuenta que han creado una plataforma de ayuda a compatriotas en apuros. Han detectado 67 familias senegalesas "muy vulnerables", a las que compran comida gracias a las donaciones de "los vecinos de Zaragoza y las entidades colaboradoras". Según cuenta, muchos de los que tienen permisos han ido al campo a trabajar (a Caspe, a La Almunia...). Él mismo lo hace en una plantación de Miralbueno. "Pero los que no tienen papeles no pueden, aunque quieran", lamenta.

Senegal es el país de origen de la mayoría de manteros de Zaragoza. Mohamed, que se dedicó a esto durante más de un año, aclara que esta venta callejera «no es un trabajo», sino que "es algo que se hace porque la cosa va mal y no te puedes quedar sin comer". "Todos los manteros y sin papeles tienen un oficio, una profesión, son mecánicos, carpinteros…", recalca.

Demba, por ejemplo, era fotógrafo profesional. Pero seguir aquí con este oficio era inviable. Llegó la crisis económica y todo fue aún más difícil. Llegó a trabajar con papeles en el campo y en una lavandería de Barcelona, pero –según denuncia– un empresario le inscribió como trabajador en una empresa ficticia, y acabó siendo multado y sin papeles.

Ahora, sin un modo de ganarse la vida, no sabe qué hacer. Si vuelve a Senegal no podrá regresar a España. Y allí las cosas están aún más complicadas, en su opinión. "He sacrificado mucho para llegar a España, no quiero tirar todo a la basura para volver a empezar allí. Prefiero esperar un tiempo aquí a ver cómo va la cosa, pero es difícil, todo esto me ha superado", lamenta mientras trata de evitar el llanto.



Fuente: Heraldo de Aaragón
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