Sunbilla es un pequeño pueblo de 800 habitantes en el norte de Navarra. En el 'corazón verde' de la comunidad foral. Hasta la fecha, la pandemia de la Covid-19 apenas había azotado al pueblo, pero ahora es el escenario de uno de los rebrotes que surgen por toda España -ya hay rebrotes en al menos 11 comunidades- como recordatorio de que el virus sigue ahí afuera, al acecho. Sunbilla "no se ha autoconfinado", pero casi. "Lo único que hacemos es tener precaución y responsabilidad y seguir las directrices de Salud Pública. Pero la vida en el pueblo continúa, aunque es cierto que la gente sale menos a la calle, solo a lo estrictamente necesario", repite insistentemente la alcaldesa de la localidad, Amets Inda (EH Bildu). 

De hecho, apenas hay ciudadanos por sus calles, los parques infantiles continúan cerrados, las piscinas municipales también... y el frontón, verdadero centro neurálgico de la vida en muchos municipios de Euskadi y de Navarra, sigue precintado y el sonido de la pelota golpeando la pared hace muchas semanas que no se escucha. 

Hay 16 casos positivos de coronavirus en este rebrote de Sunbilla, incluidos varios menores, y que se produjo por un encuentro social y familiar, y la alarma ha cundido entre los habitantes del enclave y entre los visitantes. Y es que Sunbilla, además de la ganadería, vive del turismo. "La pasada semana estábamos al 60%, ahora deberíamos estar en las mismas condiciones, y más con el excelente tiempo que estamos teniendo, pero apenas hay reservas para este fin de semana. Se han producido bastantes cancelaciones", reconoce Mari Coro Pascual, responsable del camping Ariztigain.

"Las personas contagiadas están confinadas, nosotros seguimos estrictamente todas las medidas de seguridad establecidas: mascarillas, desinfectantes... Pero parece que ha vuelto el miedo". En Sunbilla se han intensificado las medidas de rastreo de contactos estrechos de afectados por el brote y se han realizado ya más de un centenar de pruebas PCR. Pese a todo, la alcaldesa insiste en que ir a Sunbilla es "seguro" y que la situación está "controlada", los 16 contagiados están "aislados" y son "leves y la mayoría asintomáticos". 

Sunbilla había sido una especie de 'isla' a la que la crisis epidemiológica y sanitaria apenas había llegado, "pero quizás haber salido del estado de alarma nos ha dado a todos una falsa situación de tranquilidad", asegura la alcaldesa. "Probablemente todos, en ciertos ámbitos, somos muy cautos, pero cuando estamos en familia o entre amigos levantamos un poco esa cautela y por eso insistimos en que tenemos que estar muy pendientes de todo lo que hacemos", reflexiona. "Hemos escuchado que esto que ha pasado en Sunbilla surgió por alguna fiesta que se hizo, pero no. Ha sido por contactos sociales que se pueden dar ya fuera del estado de alarma y cuando uno está tomando algo entre amigos levanta ese arco de seguridad que cuando está entre desconocidos lo respeta más. La consecuencia es esta, pero lo que estamos diciendo todo el tiempo es que a nosotros nos transmiten que está todo controlado y que salgan más positivos en el pueblo estaba previsto. Y aunque al principio todo nos generó mucho nerviosismo, ahora nos tranquiliza que las autoridades sanitarias nos digan que está todo bajo control", explica la edil de Sunbilla. 

La cascada de nuevos brotes del virus de la Covid-19 no deja de producirse a lo largo de todo el país. Bien es cierto que la mayoría de los casos positivos son asintomáticos, el 90%, y apenas se están produciendo hospitalizaciones, solo en el 8% de los casos, e ingresos en UCI. Pero a algunos la situación les recuerda a lo vivido a mediados de febrero, aunque el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón, aseguró este jueves que es una "buena noticia" que se esté hablando de brotes y no de la vuelta a una transmisión comunitaria.

De la huerta a las fiestas

Lo que sí es cierto es que los rebrotes han obligado a cuatro comarcas aragonesas a retornar a la fase 2 de la desescalada, con todas las limitaciones que ello conlleva. Hay siete brotes activos en las comarcas de La Litera, Cinca Medio, Bajo Cinca, todas ellas en Huesca, y Bajo Aragón-Caspe (Zaragoza). En las tres primeras el número de personas infectadas se eleva a 139; mientras que en la de Bajo Aragón-Caspeson 26. Casi todos ellos asintomáticas, jóvenes y trabajadores de empresas o explotaciones hortofrutícolas de la zona, muchos de ellos inmigrantes. 

En Zaidín (Huesca), donde están aislados los 160 trabajadores de una empresa hortofrutícola, el foco del rebrote, aunque se cree que el mismo se puede haber extendido debido a las 'fiestas' en varias peñas juveniles, hay miedo. María, que reside en Zaidín (1.700 habitantes), afirma que "el miedo ha vuelto al pueblo y ya no salimos nada más que a la compra y a lo imprescindible. Y los mayores ya ni salen para nada de sus casas. Esto se veía venir porque hemos vivido un poco de descontrol con la desescalada. Volvemos a Fase 2 y estamos otra vez casi confinados".

A 27 kilómetros de allí, en Binéfar, también en la provincia de Huesca, la población se somete a test PCR, y un anciano de 80 años, José, reconoce que "creíamos que ésto se había acabado, pero no, hay mucho irresponsable, que nos ha vuelto a poner en riesgo de muerte a todos. Yo tengo mucho miedo", reconoce, "porque tengo problemas respiratorios y si cojo el virus, no lo cuento". El alcalde de Zaidín, el socialista Marco Antonio Ibarz, considera que "olvidamos pronto y no puede ser que en tres o cuatro días nos carguemos el trabajo de tres meses, que han sido muy duros. Se acabó el estado de alarma y nos lanzamos todos a la calle como posesos. No puede ser que lo echemos todo al traste. Tenemos que apelar a la responsabilidad de la gente y ser conscientes de que el virus está aquí para quedarse. Mientras sea así, tenemos que extremar las precauciones", sentencia. 

Como se explica desde el ayuntamiento de Zaidín, la vuelta a la Fase 2 de la dessescalada, en el fondo, implica que las localidades de las comarcas aragonesas afectadas por el rebrote vuelvan a estar cuasi confinadas. "Se han tomado una serie de medidas preventivas como la suspensión del mercadillo semanal, el cierre de la Biblioteca Pública Municipal y del Cementerio Municipal salvo para entierros y con aforo limitado a 15 personas. Además, la atención en las oficinas municipales será telemática o bien con cita previa telefónica y se retrasará, hasta que se recupere la nueva normalidad, la apertura del Centro Integral de la Tercera Edad. Se suspende también la temporada de baño en las piscinas municipales". 

Igualmente, la vuelta a la Fase 2 de desescalada implica, entre otras, restricciones, la de la movilidad geográfica. En este sentido, el Gobierno de Aragón aconseja a los ciudadanos "que limiten sus desplazamientos desde o hacia los municipios de las comarcas afectadas a supuestos justificados por circunstancias acreditables. Es imprescindible evitar en lo posible la circulación en estas zonas para evitar con ello nuevos contagios y la propagación del virus a otras partes de la provincia o de la comunidad autónoma". La vuelta, en fin, "a un pasado muy reciente que ya creíamos olvidado porque la memoria es muy frágil y nos olvidamos muy pronto, en cuatro días, de todo lo que hemos pasado", sentencia el alcalde de Zaidín. 

Pero el brote de Aragón se reproduce, como un goteo incesante en otros municipios como Xove (Lugo); Orio (Gipuzkoa), debido a una reunión familiar; en Málaga, en Lleida (en una residencia de ancianos); en Murcia (debido a un ciudadano boliviano infectado que entró por el aeropuerto de Barajas); en Águilas (Murcia), donde un inmigrante llegado en patera a Águilas dio positivo, lo que ha obligado a aislar una veintena de policías nacionales y a otras diez personas; en dos residencias de Valladolid y en el Hospital Río Hortega, 22 afectados; en una residencia de ancianos en Plasencia (Cáceres), donde hay más de 20 personas aisladas; en Madrid, con 36 residencias de ancianos que vuelven a tener las visitas restringidas... O en Navalmoral de la Mata (Cáceres), donde el 'paciente cero' del rebrote, llegado desde Andalucía, se encuentra en busca y captura por saltarse el aislamiento al que estaba sometido y huir. 

Huida en Navalmoral

Las especiales características del rebrote de Navalmoral de la Mata han hecho resurgir además otros conflictos sociales, ya que el 'paciente cero' es un inmigrante magrebí que llegó en patera a las costas de Almería y luego fue trasladado, el 24 de mayo, a Navalmoral, donde ha convivido con otras 54 personas de sus mismas características en varios pisos de la fundación CEPAIM. De esas 54 personas, 20 han dado positivo por coronavirus mientras que otras cuatro han sido "dadas de alta", según el consejero. Las otras 30 han dado negativo en la prueba de PCR pero por precaución siguen en "vigilancia activa". La situación ha generado veladas críticas hacia la Secretaría de Estado de Migraciones desde la Junta de Extremadura y el Ayuntamiento de Navalmoral de la Mata, ambos gobernados por el PSOE, principalmente por falta de información. 

El portavoz municipal y concejal de Seguridad Ciudadana de Navalmoral, Pedro Fernández, pide explicaciones al Gobierno ante la "desinformación y las informaciones falsas que no dejan de circular. Que la delegación de gobierno nos aclare la situación, que es lo que tenemos que hacer ante la alarma creada en el pueblo. Lo que sabemos es que una persona llega a la costa de Almería y que en el punto de origen no se le hace ningún test. El traslado se hace hasta Navalmoral, donde reside en un domicilio con otros convivientes, sin relación familiar. Aquí se le practica la prueba y da positivo. Y a raíz de este positivo desde el Área de Salud se realizan las investigaciones y se hacen las pruebas a las personas con las que había mantenido contacto. Y no tiene nada que ver que sean magrebíes. Daría lo mismo si fueran españoles o suecos. Es una cuestión de salud, nada más", sentencia.

Mientras, las calles de la localidad han adquirido un aspecto más parecido a lo que se vivía en nuestro país a princuipios de abril que ahora, a finales de junio. No hay casi nadie, silencio, los bares están casi vacíos, y la gente solo sale a la calle. "Yo procuro salir de casa lo menos posible, con mis mascarillas, distanciarme de las personas y ya no voy al bar a tomarme mi cafecito. Tenemos miedo", asegura José, un jubilado de 75 años. "Pues sí, hay miedo, mucho miedo", asegura, Isabel, de 45 años. Pedro, un joven de menos de 30 años discrepa: "Aquí la gente está normal. Nadie del pueblo se ha contagiado, solo un círculo que venía de fuera y se ha quedado ahí. Está controlado y la gente seguimos haciendo la vida normal, con mascarillas y eso, pero todo está tranquilo". 

Sin embargo, desde el restaurante 'El Legado de Andrés', curiosamente un establecimiento de Navalmoral de la Mata visitado hace poco por Alberto Chicote en su programa 'Pesadilla en la Cocina', Ana, su dueña, dice que "nostros mantenemos aquí la distencia de seguridad de dos metros entre mesas, desinfectante... Pero la gente ha cogido mucho miedo y no sale a la calle".