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25 de Septiembre 2020
Documentación, idioma y racismo: las barreras de los migrantes para conseguir un empleo



Los ritmos de la vida de una persona migrante se definen por el tiempo de espera: a un permiso de trabajo, al de residencia, a lograr un contrato laboral y un alquiler, a convalidar un título universitario o a conseguir entender el idioma del país al que llega. Ni las formas de atravesar ese paréntesis ni las dinámicas sociales que rodean todos estos procesos resultan siempre fáciles de entender para quienes tratan de arrancar una nueva vida en España.

Adbelilah Bellakhal nació en Marruecos, tiene 42 años y llegó en 2008 a España con un contrato para trabajar como maquinista tractorista en una finca de Andalucía. Al poco tiempo, perdió su empleo y se encontró, además de con las consecuencias de una crisis económica, una barrera lingüística y el desconocimiento sobre cómo redactar su currículo o dónde encontrar anuncios de vacantes. 

Él es una de las 5.500 personas que han pasado por el programa de asesoramiento e inserción sociolaboral para inmigrantes de la Unión Sindical Obrera (USO) desde que el proyecto comenzara hace 25 años. En el centro del sindicato en Sevilla —el programa se desarrolla también en Barcelona, Madrid, Murcia y Albacete— Bellakhal recibió orientación laboral, se inscribió en un curso de cocina y en otro de español y finalmente logró dedicarse a la hostelería durante ocho años. "Me ayudaron mucho, me enseñaron a hacer bien mi currículo y cómo tenía que enviarlo a través de internet", rememora en Bellakhal en un ya perfecto español con ligero deje sevillano. 

"Los principales problemas con los que lidia una persona migrante para encontrar un trabajo son la falta de un permiso de trabajo y el idioma, pero también el rechazo y el racismo social e institucional que en ocasiones les dificulta el acceso a la salud, a la vivienda o a ciertos empleos", analiza Juan José Morente González, técnico de inmigración de USO-Sevilla. La labor de Morente, que lleva 18 años trabajando en este proyecto cofinanciado por el Fondo Social Europeo (FSE) y el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, se organiza en cinco fases: acogida y recopilación de datos, diseño de un plan de trabajo, puesta en marcha, seguimiento y evaluación final. 

Además de esta triple barrera, Morente subraya como otro gran inconveniente la ausencia de una red de apoyo. "Las personas migrantes dependen solo de sus manos, no cuentan aquí con una familia extensa y la mayoría suele tener un amigo o un familiar que tampoco se encuentra en condiciones de proveerles un trabajo", añade. "Por eso, vienen pidiendo sobre todo empleo, pero también quieren saber cuáles son sus derechos y sus obligaciones". 

Solo en el primer semestre de 2020, USO había abierto 113 itinerarios, 65 mujeres y 48 hombres en búsqueda activa de empleo, una cifra que supone la mitad de los objetivos marcados para todo el año. El perfil mayoritario del programa, que es gratuito, es el de migrantes económicos extracomunitarios, sobre todo marroquíes, sudamericanos y centroamericanos, pero también subsaharianos y ciudadanos de Europa del Este.

Más allá del servicio doméstico

Según Morente, el servicio doméstico sigue absorbiendo al grueso de los trabajadores que acuden a sus centros. "Hacemos esfuerzos para salir de ese nicho laboral, los instamos a que estudien, por ejemplo, para ser auxiliares de ayuda a domicilio o hagan cursos de limpieza industrial, labores que tienen, al contrario que el servicio doméstico, prestaciones por desempleo, resultan menos precarias y cuentan con una mayor protección", concede Morente. El técnico de USO recalca este aspecto pensando en la crisis provocada por la covid, que ha dejado desamparadas a muchas empleadas del hogar.

Adbelilah Bellakhal, por su parte, regresó hace unos meses al centro de USO-Sevilla en busca de asesoramiento para iniciar una nueva etapa laboral: el año pasado perdió su trabajo y ahora, tras sacarse el carnet de camionero, espera poder desempeñarse como transportista, aunque, reconoce, "la cosa está fatal para todos". "Las personas migrantes tienen una gran capacidad de resiliencia y de mejora", incide Juan José Morente, "muchas veces podemos caer en compadecerlos, o en pensar que todo el colectivo las está pasando canutas todo el rato y es una visión paternalista, más del 60% de las personas que he atendido y con las que he seguido en contacto a lo largo de los años ha mejorado su situación socioeconómica".



Fuente: El Diario
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