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06 de Noviembre 2020
Lo que hay detrás de las migraciones de senegaleses: acuerdos económicos, agricultura, pesca e inmigrantes



Los procesos de globalización económica y comercial impuestos por países occidentales e instituciones multilaterales a países empobrecidos generan fracturas económicas y sociales de una enorme profundidad con repercusiones poco conocidas. La presión que ejercen grandes bloques económicos y políticos para que pequeños países liberalicen de forma asimétrica su economía, impide el libre comercio de bienes esenciales para los países africanos. Campesinos y trabajadores locales sufren en primera persona los efectos de esta arquitectura multilateral perversa que les imponen.

Para cerrar el círculo, en naciones de África occidental donde la pesca ha sido otro sector importante, como sucede en Senegal, la UE ha desplegado sofisticados acuerdos para que sus flotas pesqueras, mucho más potentes y modernas, puedan capturar masivamente en sus ricos bancos de pesca, esquilmando caladeros que han sido una base económica y alimentaria fundamental.

El daño a pescadores locales y a patrones de barcos tradicionales de pesca ―llamados cayucos― se suma al generado a pequeños agricultores y campesinos, productores de aves y otros muchos trabajadores, damnificados del avance de políticas económicas y comerciales globalizadoras que no han reparado en extender la pobreza y la miseria. Así se han impulsado migraciones transnacionales como válvula de escape a los severos desajustes causados, generando desequilibrios sociales en estados que se encuentran en situación de vulnerabilidad.

Los dañinos planes de ajuste

Países como Senegal tuvieron que recurrir en los noventa a ayudas del FMI ante el empeoramiento de su situación macroeconómica, viéndose obligados a la adopción de severos planes de ajuste, con las clásicas medidas de privatización, liberalización, apertura de mercados y eliminación de aranceles. Para Senegal, la eliminación de barreras comerciales a la compra de bienes de la UE, como la carne de ave, productos agrícolas y alimentos envasados como el tomate, llevó a inundar el país de estos productos. El resultado fue el cierre de siete de cada diez granjas de pollos, así como el abandono de numerosos cultivos de tomates, al no poder acceder a los mercados europeos ni competir en los mercados locales con los productos europeos, más baratos y subvencionados.

Desde 1994, más de 100.000 personas han desembarcado en Canarias

Las políticas del FMI sentaron las bases para una profunda fractura social en Senegal mediante el aumento del paro y la pobreza, junto al incremento de la dependencia alimentaria.

El desmantelamiento de la pesca tradicional

Las aguas costeras africanas, ricas en recursos pesqueros, son un pilar económico y social fundamental. La pesca en Senegal emplea al 17% de sus trabajadores con unos 600.000 empleos, representando el 3,2% del PIB. Por ello, la UE ha suscrito acuerdos bilaterales, como el último Acuerdo de Asociación de Pesca Sostenible (AAPS), para acceder a los caladeros del país con su moderna flota arrastrera, mucho más avanzada y tecnificada que los cayucos senegaleses de madera. Diferentes informes de Naciones Unidas señalan que estos acuerdos son muy deficientes, ignorando aspectos ecológicos, sociales y de sostenibilidad claves. Uno solo de los grandes arrastreros europeos que faena en Senegal tiene redes de hasta 600 metros, capturando en un solo día lo mismo que cincuenta cayucos en un año.

El caso de las migraciones

Años de políticas de ajuste en Senegal, con agricultores y trabajadores arrojados al paro, junto a pescadores obligados a dejar de faenar ante la ausencia de capturas en sus costas por el expolio de los caladeros, unido a propietarios de cayucos sin faena, proporcionaron los ingredientes para que desde Senegal se viviera un proceso migratorio único. Se estaba generando la tormenta perfecta que estalló en 2006 con la "crisis de los cayucos", perdurando hasta hoy en día. Desde que las migraciones de africanos hacia Canarias se iniciaran en 1994, más de 100.000 personas han abandonado su país en cayuco y desembarcado en este archipiélago.

Más doloroso todavía es saber que muchos de esos migrantes senegaleses que tuvieron que abandonar sus cultivos de tomate y verduras en su país, junto a numerosos pescadores que se vieron obligados a dejar el mar ante la ausencia de capturas en bancos de pesca esquilmados, emigraron hasta Italia y España para acabar trabajando en invernaderos de tomates y verduras de grandes empresas alimentarias europeas o embarcados en flotas pesqueras de estos países occidentales. Sin ir más lejos, agricultores senegaleses han trabajado en explotaciones de tomate en las islas Canarias, Alicante, Almería y Cataluña.

Este es, sin duda, un magnífico ejemplo de las dinámicas perversas que están detrás de un buen número de movimientos migratorios contemporáneos y de sus verdaderas causas, que no acabamos de comprender en toda su profundidad.

Carlos Gómez Gil es profesor titular e investigador en cooperación al desarrollo en la Universitat D'Alacant (UA), autor del libro Debates y controversias en la cooperación al desarrollo. Fondos privados de ayuda, acuerdos neocoloniales y ayuda a refugiados (Publicaciones de la Universitat D'Alacant, 2020).



Fuente: El País
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