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09 de Enero 2021
Una emigración sostenible



La emigración representa un gran desafío para las sociedades europeas. Desafío que pone a prueba la capacidad de acogida de la Unión Europea y la cohesión entre sus estados miembros. En España, según las encuestas, la emigración no figura entre las preocupaciones prioritarias de los españoles (según el ultimo barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas, sólo el 1,3% de los españoles la sitúa entre los tres primeros problemas que le preocupan). Sin embargo, nuestro país no estará al margen de las tensiones que la emigración -la económica y la de solicitantes de asilo- está provocando en las sociedades democráticas (41.000 personas entraron irregularmente en España durante el 2020). Al igual que en otros países, se ha abierto un nicho considerable de votos, que será aprovechado por la extrema derecha; veremos cómo Vox vinculará su avance electoral a la manipulación de la emigración: provocar el miedo a la misma alegando falsas amenazas a nuestra seguridad, a la identidad nacional y racial por la pretendida islamización de la sociedad o al deterioro de salarios y empleo. Así se falsea a los ciudadanos la realidad de la emigración. Las próximas elecciones catalanas serán un buen ejemplo.

La emigración, económica y política, es un problema estructural. La violencia derivada de los conflictos armados, las grandes diferencias de renta y condiciones de vida y la falta de empleo fuerzan a las poblaciones jóvenes de países africanos y asiáticos a buscar una vida mejor y más segura en los países europeos (cerca del 60% de la población árabe, por ejemplo, se sitúa entre los 15 y 24 años). Pero otro aspecto del hecho migratorio se puede resumir en la siguiente pregunta: ¿cuántos ciudadanos de otros países necesitarán los países europeos, incluida España, para mantener su economía y su sistema de bienestar? (Algunos informes señalan un descenso de la población europea de 20 millones de personas en el año 2030). Los expertos afirman que, dada la baja tasa de natalidad y el proceso de envejecimiento de las sociedades europeas, éstas sólo podrán afrontar aquellos problemas gracias a la emigración.

La UE debe abordarla desde la sostenibilidad y la integración. Los tratados de la Unión establecen que la UE debe desarrollar "una política común de emigración destinada a garantizar una gestión eficaz de los flujos migratorios, un trato equitativo de los nacionales de terceros países que vivan en los estados miembros, y una prevención de la emigración ilegal y de la trata de seres humanos...". No se trata de establecer un derecho absoluto a la emigración (que no existe en las constituciones), sino de abrir cauces legales y ordenados a la emigración desde la consideración, como señala Zygmunt Bauman, de que es positiva para producir un enriquecimiento demográfico, económico y cultural, "cimentando al mismo tiempo los derechos humanos y la justicia en todo el sistema". Nos guste o no, los emigrantes van formar parte del futuro de España y de Europa.

El Pacto Europeo sobre Migración y Asilo, presentado por la Comisión Europea, plantea serias dudas acerca de si la nueva política común migratoria responderá a criterios de sostenibilidad y los principios recogidos en los tratados de la Unión y en la Convención de Ginebra: ¿respetarán los controles de llegada los derechos humanos de emigrantes económicos y solicitantes de asilo? ¿Aceptarán los estados miembros una responsabilidad obligatoria y compartida y no hacerla recaer exclusivamente sobre los países de llegada? ¿Coordinarán los estados sus políticas migratorias sobre los derechos y obligaciones de los emigrantes económicos según la Carta Social Europea? Y, por último, ¿las políticas de cooperación con los países de origen estarán concebidas no sólo en términos de seguridad y contención, sino principalmente para ayudarles allí donde viven, reduciendo la pobreza y los factores que empujan a la emigración y al asilo?

Noah Harari señala que si 500 millones de europeos ricos no son capaces de acoger a unos pocos millones de emigrantes pobres, qué posibilidades tiene la humanidad de superar los conflictos de mucha más enjundia que acosan a nuestra civilización. Implicaría, según él, que la creencia en los valores de libertad, tolerancia e igualdad no bastan para resolver los conflictos y para unir a la humanidad.



Fuente: Diario de Almería
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