Las Migraciones en Aragón

11 de Enero 2021
Pilar Nasarre: "Lo emocional sustituye al discurso racional, los partidos empiezan a parecer sectas"



Pilar Nasarre Ramón (Huesca, 1956) regresa de nuevo a las librerías con Tallado en nieve (Editorial Funambulista), una novela que a partir de una pasión amorosa indaga sobre cómo nos fabricamos una imagen de la realidad, influenciados inconscientemente por los sentimientos o los intereses.

La última incursión en el mercado literario de la oscense fue en 2011, con Los hijos de la luna, aunque asegura que no ha dejado de escribir. Licenciada en Filosofía y Letras por la Universidad de Zaragoza, ha trabajado como profesora en varios centros de enseñanza media de Barcelona. Ésta es su sexta publicación, una producción casi con cuentagotas, pero que ha recibido grandes elogios de críticos y lectores por su calidad, contenido y profundidad. Se estrenó en 1989 con Al otro lado, que ganó el Premio Villa de Las Rozas de Madrid, y Seix Barral publicó un año después su primera novela, El último concierto. Se completa su aportación literaria con El país de Nunca Jamás, Diálogo de sombras y Tiempo muerto en Berlín.

Tallado en nieve es una novela con un trasfondo complejo, social, psicológico y político, y una historia de amor que tira del hilo. ¿Cuál era en realidad su propósito?

Sí. Tallado en nieve es la historia de una pasión amorosa. Pero pretende ser además una indagación sobre la realidad y, más en concreto, aspira a entender cómo fabricamos el relato que, individualmente, nos hacemos de ella; siempre mediatizado por sentires, emociones o intereses ocultos, a menudo inconscientes. La novela plantea si es posible un pensamiento libre y respetuoso con la realidad.

Podría ser atemporal, pero al mismo está anclada a los tiempos que vivimos. ¿Le inquieta el presente?

Mi intención fue que el ambiente resultara irreconocible; en cierto modo, abstracto, pero también que remitiera a un tipo de sociedad como la que vivimos (ricos, pobres, jóvenes soñadores, extranjeros). Siempre me han preocupado los asuntos públicos. En Tallado en nieve late esa preocupación. Es difícil un pensamiento no manipulado por otros. La novela está llena de pinceladas políticas que la anclan intelectualmente y en la que se proyecta ese presente por el que me preguntas. Hoy lo emocional está sustituyendo al discurso racional, por lo que los partidos políticos empiezan a parecer sectas. Líderes, gregarismo. La propaganda, y por tanto la manipulación, enturbian y degradan el debate político.

Desde Los hijos de la luna no había vuelto a publicar. ¿Qué le ha impulsado a ello y por qué ha pasado tanto tiempo?

El mercado literario, que prima obras cuya venta esté más o menos asegurada, es muy complicado. Mi carácter inseguro y pesimista también colaboró en la tardanza de publicar; tras algunos rechazos, no me esforcé en intentarlo, pero siempre sigo escribiendo, ya casi tengo otra novela terminada. Un día, al azar, encontré a Max Lacruz, director de Funambulista, uno de esos raros profesionales que aman la literatura. Un sueño de editor. Max es casualmente hijo de Mario Lacruz, escritor y editor ya fallecido que publicó mi primera novela.

El título Tallado en nieve me evoca la frialdad de la que hace gala Víctor Souza y a esa idea de lo efímero

Sí, hace referencia a lo efímero de una pasión amorosa que se ha elevado a ficción en la cabeza de la narradora (notable en la primera parte de la novela, donde abundan las estatuas y los valores eternos), y a cómo esta se deshace como la nieve al contacto con la realidad de la persona amada.

Sigue siendo una autora muy reflexiva y su interés por la filosofía también está presente en el texto. ¿Permanecen vigentes los pensamientos de los grandes filósofos?

Los seres humanos siempre se plantearán las grandes preguntas, aunque lo cierto es que el estudio de la filosofía hoy está en retirada. Y sería más necesario que nunca. Enseñar a ser críticos. Aprender a pensar por nosotros mismos.

¿Qué pasa con la política actual, nos manipulan?

La política actual está desgarrada por el populismo y los nacionalismos. Se apela a las emociones y no a la razón, con lo que cuesta aceptar y entender al que piensa diferente. En la lucha por el poder, con tácticas cada vez más parecidas al marketing y la propaganda, con el manejo de las redes sociales, se nos manipula, se demoniza al contrario; por no hablar de los seguidores de los partidos en esta lucha. Su incapacidad de dar por buena ninguna tesis contraria genera sectarismo y, al final, nos acaban dividiendo en nosotros y ellos, buenos y malos.

¿Son anacrónicos los nacionalismos o tienen razón de ser?

El amor por el paisaje en el que se nace, por las calles de la infancia, por ciertas costumbres, es algo natural. El problema es que el nacionalismo manipula estos sentimientos básicos para hacer políticas divisorias. Desgraciadamente no es algo anacrónico sino que está a la orden del día. Hay algo inmoral en creerse superior a los de al lado por el azar de haber nacido en determinado lugar. Las ideas son buenas cuando pueden aplicarse universalmente, de lo contrario solo esconden privilegios y xenofobia.

"Somos edad", indica en la novela. ¿Cómo lo explicaría en su caso personal, qué huella le ha dejado el paso del tiempo?

Sí, somos, sobre todo, edad. A mí el paso del tiempo me ha hecho saber algunas cosas básicas, comprender otras sobre las que estaba equivocada y dudar de muchas más. Sigo siendo la misma persona.

¿Qué mundo quiere usted ¿Lo ve posible?

Justicia es una palabra hermosa. Lo humano siempre es imperfecto; pero tenemos la obligación de irnos corrigiendo, mejorar y progresar.

Avanzar por una página en blanco, ¿le produce temor o es emocionante?

Quizás un temor que, conforme voy venciendo al escribir, me acaba salvando.



Fuente: Diario del Alto Aragón
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