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06 de Febrero 2021
Marruecos intenta que España cambie su posición sobre el Sáhara



Marruecos intenta que España salga de lo que Rabat califica como "zona de confort" diplomática en el conflicto del Sáhara Occidental y se alinee con la postura marroquí, que propone una autonomía bajo la soberanía del rey de Marruecos como única salida para la excolonia española. Desde que el pasado 10 de diciembre el entonces presidente de EE UU, Donald Trump, reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara, Rabat intenta sumar a la UE a esa iniciativa. Y, sobre todo, a España.

El mismo día en que Trump dio su espaldarazo a Marruecos, Rabat y Madrid anunciaron en sendos comunicados que la Reunión de Alto Nivel (RAN) que tenían previsto celebrar el 17 de diciembre en la capital marroquí quedaba aplazada hasta febrero. Sin embargo, fuentes diplomáticas españolas reconocen que aún no hay fecha para su celebración y que ya no hay tiempo para que tenga lugar este mes. Rabat justificó el aplazamiento en las restricciones impuestas por la pandemia pero, a pesar de que España ofreció limitar la asistencia a aquellos ministros que tuvieran que firmar acuerdos concretos, no se ha logrado cerrar una fecha.

Madrid sospecha que a los innegables efectos de la covid-19 en el país vecino se suma la escasa prisa de Rabat por relanzar sus relaciones con España, como evidenciaría el hecho de que en diciembre no se hubiera previsto la tradicional audiencia del presidente Pedro Sánchez con el rey Mohamed VI, que suele coronar este tipo de cumbres bilaterales. Más premura tiene España, apremiada por la llegada de más de 20.000 inmigrantes irregulares a Canarias en el último año, la mayoría marroquíes, lo que ha generado una situación social explosiva en el archipiélago. Aunque Rabat ha aceptado repatriaciones de sus nacionales, según fuentes españolas, lo hace a cuentagotas, y está muy lejos de alcanzarse la fluidez que había antes de la pandemia.

Pocos días después de la fecha de la frustrada cumbre, el primer ministro marroquí, Saadedín el Otmani, quien iba a ser el anfitrión, realizó unas polémicas declaraciones a un canal egipcio de televisión en las que reivindicaba la marroquinidad de Ceuta y Melilla y homologaba a las dos ciudades españolas con el Sáhara, lo que llevó al Ministerio de Asuntos Exteriores a quejarse ante la embajadora de Marruecos en Madrid.

Rabat no ha vinculado el aplazamiento de la cumbre o la solución del problema migratorio a un cambio de postura de España sobre el Sáhara Occidental —el Gobierno español solo respaldaría un acuerdo entre todas las partes auspiciado por la ONU—, pero ha dejado claro cuál es su objetivo, lanzando una ofensiva en favor de la marroquinidad del Sahara ante la opinión pública española.

El pasado día 4, por ejemplo, el ministro de Exteriores marroquí, Naser Burita, publicaba en el diario El Mundo una tribuna de opinión en la que aseguraba que la propuesta marroquí de conceder una autonomía al Sáhara —en vez del referéndum de autodeterminación exigido por la ONU— "goza de un apoyo internacional cada vez más fuerte". "Prueba de ello", añadía Burita, "son los 42 países que recientemente han reiterado su apoyo a la autonomía bajo soberanía marroquí en una Conferencia Ministerial organizada por iniciativa de Marruecos y Estados Unidos".

"La zona de confort"

En esa conferencia virtual, celebrada en Rabat el 15 de enero, el ministro hizo un llamamiento a la UE: "Europa debe salir de la zona de confort, el confort de decir 'hay un proceso [de negociación] y lo apoyamos', aunque ese proceso pueda durar décadas". Burita añadió, según informó la agencia Efe, que los países europeos "deben estar en la dinámica internacional impulsada por Estados Unidos". Cuando se le cuestionó expresamente por España, respondió: "Hay que preguntarle por qué hoy no estuvo ahí". Y concluyó: "Hoy hace falta un movimiento del conjunto de Europa para apoyar la única perspectiva posible de arreglo a la cuestión del Sáhara: la autonomía en el marco de la soberanía marroquí".

Pese a las presiones de Marruecos, fuentes diplomáticas descartan que Madrid vaya a moverse de su postura tradicional respecto a la excolonia española: búsqueda de un acuerdo negociado, duradero y aceptable para todas las partes en el marco de la ONU. Cuando la Administración Trump sorprendió al Gobierno español con su reconocimiento de la soberanía marroquí del Sáhara, la jefa de la diplomacia española, Arancha González Laya, advirtió de que la resolución del conflicto "no depende de la decisión unilateral de un país, por muy grande que sea", y subrayó que "el centro de gravedad está en la ONU".

España insiste en la necesidad de que el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, nombre a un nuevo enviado especial para el Sáhara, un puesto que está vacante desde la dimisión del expresidente alemán Horst Köhler, hace ya 20 meses. Ese nombramiento permitiría devolver la solución del contencioso al marco de la ONU, algo en lo que ni la anterior Administración estadounidense ni Marruecos parecían tener demasiado interés. Fuentes diplomáticas españolas no creen que la Administración Biden dé marcha atrás respecto al paso de Trump, pero confían en que impulse la búsqueda de un acuerdo multilateral.



Fuente: El País
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