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10 de Mayo 2021
“Detener la llegada de migrantes africanos es un objetivo mal planteado”



Han saltado las alarmas en Italia ante la llegada de inmigrantes en barcos desde el norte de África después de que la isla de Lampedusa recibiera en un solo días 2.100 inmigrantes. Varios dirigente políticos han pedido al Gobierno de Mario Draghi que coloque el problema migratorio en la agenda política del país.

Iván Martín, profesor de la Universidad Pompeu Fabra, donde imparte clases en el máster de Estudios Migratorios, asegura a LA RAZÓN que la Unión Europea debe dedicar más dinero en ayuda al desarrollo para frenar la llegada de inmigrantes en el largo plazo. En el corto plazo propone mecanismos para facilitar la inmigración legal que se ajuste a las necesidades del mercado laboral europeo.

La UE y el Gobierno de Italia están centrados en la pandemia. ¿Se convertirá la llegada de barcos desde África en una crisis humanitaria si Bruselas y Roma no actúan rápido?

La crisis humanitaria existe ya, en Túnez, en Marruecos, en Libia, en Argelia, en Egipto, donde hay miles de migrantes vulnerables en condiciones humanitarias deplorables, sin acceso a los servicios más básicos (alojamiento, alimento…), sin ninguna perspectiva real de integración en esos países. La cuestión es si esa crisis humanitaria es una crisis humanitaria "subrogada" e invisible para los medios europeos en esos países o una crisis en los puntos de llegada y desembargo en Europa, que sí reciben una atención mediática considerable, aunque las condiciones humanitarias para los propios migrantes son a menudo menos graves que en los países de tránsito.

¿Qué hace Bruselas para evitar la llegada de migrantes en pateras?

Bruselas, Roma, Madrid, París y Berlín ya están actuando, con Marruecos, con Túnez, con Libia y con Argelia. Intentan intensificar los controles, la cooperación con los países de origen, los retornos. Pero en realidad la verdadera crisis es una crisis de acogida, la negativa de los Estados europeos a crear estructuras de acogida para gestionar crisis humanitarias de acogida que se repiten una y otra vez.

¿Es imposible una política consensuada para repartir a los inmigrantes que llegan en patera entre los miembros de la UE?

España, Italia, Grecia, Chipre y Malta firmaron una declaración conjunta en la que se pedía el reparto equitativo de la responsabilidad entre estados miembros en materia migratoria. El auténtico problema es que no se han construido mecanismos de solidaridad para el reparto de inmigrantes entre los distintos países de la UE. La Comisión Europea sigue poniendo toda la carga en los países de llegada, es decir, España, Italia y Grecia, cuando claramente es un problema europeo, pero no lo ven así los países del Este, que se han negado a aceptar propuestas solidarias, algo que la UE ha decidido aceptar.

El año pasado, Canarias fue la puerta de entrada de inmigrantes desde África, ¿cree que de nuevo Lampedusa será el destino principal de los migrantes?

Creo que le damos excesiva importancia a las rutas migratorias mediterráneas. Lampedusa, Lesbos y Canarias son vasos comunicantes, alternativas para los migrantes. Y la presión irá cambiando de una a otra, o encontrando nuevas vías de entrada, en función de la situación en cada momento. El verdadero problema es que no hay una verdadera respuesta europea, y solidaridad intraeuropea, a un problema que es europeo. El nuevo Pacto de la UE sobre Inmigración y Asilo consagra esa falta de solidaridad.

¿Cuáles son los principales puntos de salida de los inmigrantes desde el norte africano?

La mayoría de los migrantes que llegan a Italia salen de Túnez o de Libia. El año pasado llegaron a Europa 14.000 tunecinos. En este país la situación política se ha descontrolado y agravado con la pandemia. Túnez vive una crisis brutal y en ese contexto se producen más salidas por mar. En Libia, en cambio, las salidas de inmigrantes se frenó algo debido a que se han reforzado mucho los controles fronterizos por los incentivos recibidos y por el programa de formación y ayuda a a guardia costera libia.

La UE pagó miles de millones de a Turquía para detener la llegada de sirios a Europa. ¿Cómo se puede detener la llegada de migrantes africanos?

La cooperación con los países de tránsito y el control de fronteras tienen una cierta eficacia, como lo ha demostrado el caso de Turquía, o la cooperación con Marruecos o con Túnez. Pero no se puede pretender que sean una solución absoluta y definitiva, entre otras cosas porque básicamente consiste en "delegar" el problema, externalizarlo.

¿Cómo debería abordar la UE este problema?

Detener la llegada de migrantes africanos es un objetivo mal planteado. Con la dinámica demográfica de África, la diferencia de renta y las crisis medioambientales, sociales y políticas en muchos países africanos lo sorprendente no es el flujo de migración desde África, sino lo pequeño que es (70.000 llegadas en 2020, mientras dentro de África ha habido desplazamientos internos y de refugiados de cientos de miles de personas en varios puntos). Se trata más bien de gestionar esos flujos a largo plazo: migración legal, cooperación al desarrollo. Hacen falta más vías de migración legal, porque eso actúa como mecanismo de disuasión para los migrantes y como incentivo para los países en tránsito. Europa no está creando estos mecanismos de migración legal pero al final lo que hace es acabar regularizando a los inmigrantes que llegan.

¿La UE dedica suficiente dinero y ayuda al desarrollo?

Los fondos de cooperación al desarrollo de la UE se han congelado para 2021-2027 (79.000 millones de euros para 2021-2027 para el nuevo Instrumento de Cooperación al Desarrollo, Partenariado y Vecindad), mientras que Europa fue capaz de movilizarse y movilizar cientos de miles de millones de euros para la pandemia. Entre 2021 y 2027, cada país africano recibirá 3 euros al año por habitante. En España, cada habitante recibirá 3.000 euros para hacer frente a la crisis del fondo de recuperación. La conclusión es que el nivel de prioridad política que ha alcanzado la contención de la migración en Europa no se refleja ni en el esfuerzo político para una coordinación interna para crear mecanismos de solidaridad entre países europeos ni con los países de origen.



Fuente: La Razón
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