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21 de Mayo 2021
España trata de evitar el caos con los niños migrantes



A los cuatro días de pulso entre España y Marruecos sobre la oleada de jóvenes migrantes llegada a Ceuta, empezó este jueves a funcionar un puente telefónico humanitario con la habilitación por las autoridades de este lado de la frontera de un teléfono al que padres marroquís puedan llamar preguntando por sus hijos.

Y ese ha sido un primer gesto de distensión que ha atenuado poca cosa, sobre el que el ministro de Exteriores marroquí, Naser Burita, ha arrojado un jarro de agua fría al seguir señalando el que para él es el origen del conflicto: la acogida del líder polisario Brahim Gahli por España sin informar a su vecino del sur.

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No se enfría el conflicto, cuyo balance humanitario ha empeorado cuando la Guardia Civil, a media tarde, rescataba en aguas próximas a la playa del Tarajal el cuerpo sin vida de uno de los últimos que ha intentado llegar. El joven cadáver sobre la arena bajaba todo el conflicto a la plena realidad de las cosas, el territorio donde vive gente como el emigrado Soufian y sus padres chabolistas.

"Dile a mamá que estoy bien"

Dice Soufian que cuando consiguió llegar a la playa del Tarajal, las fuerzas de seguridad disgregaron al nutrido grupo que formaba él disparando pelotas de goma. Al caos de la natación multitudinaria junto al espigón sucedió otro barullo de carreras por la arena. Y en el empapado desorden perdió a su compañero Ahmed. En tres días vagando por Ceuta, aún no lo ha encontrado.

Y esa es una de las primeras explicaciones que cuenta este muchacho de 17 años cuando por fin consigue un teléfono prestado con el que llamar. Atiende la conferencia su padre desde la chabola familiar en Marrakech.

Comunicar con las familias que dejaron al otro lado se ha convertido en una necesidad cada vez más apremiante para los dos millares de nuevos migrantes que quedan en Ceuta. El teléfono habilitado por el gobierno local para que parientes marroquíes puedan localizar a niños solos es la más nueva herramienta para gestionar aspectos humanitarios acuciantes de esta crisis. Pero el número, 956512413, se ha colapsado al poco de difundirse por redes sociales esta mañana.

- Padre, no podía llamar porque mi teléfono se quedó sin batería. Dile a mamá y a todos que estoy bien.

- Vale. ¿Has llegado?

- Sí. Estoy bien, me estoy buscando la vida. Estoy durmiendo en el bosque. Es lo que hay; no puedo hacer otra cosa.

- ¿Estás con Ahmed? ¿Qué tal está Ahmed, el chico que se fue contigo?

- No lo sé, desde que entramos no lo he vuelto a ver.

- Por favor, llámalo. Dile que tú estás bien, que se vaya contigo y estéis juntos. ¡Llámalo!

Soufian ha podido por fin dar un parte a la familia. Andar sin batería ni enchufe en que cargarla es estresante para un adolescente que traga saliva emocionado al llamar.

Al padre no le oculta algún detalle duro. "Aquí atracan a los niños. Otros nos pegan. Pero yo estoy bien", le dice. Aunque no sabe nada de Ahmed. Quizá lo llevaron a las naves del Tarajal; o quizá se ha rendido y se ha vuelto, pero eso le extrañaría: es demasiado duro llegar sin medios desde Marrakech, cerca del Atlas, hasta el mar de Ceuta; 625 kilómetros es mucho como para darse la vuelta.

Rehenes de la propaganda

Soufian milita en un contingente de número desconocido de jóvenes y niños que, cuatro días después del tsunami migratorio enviado por Marruecos, persisten en intentar llegar a la península y se resisten a ponerse en manos de las autoridades.

Son el núcleo duro de la crisis migratoria, objetivo policial y sanitario, que van siendo capturados para ser identificados y hacerles un test de antígenos para poder enviarlos a otras comunidades.

Colas de migrantes esperan para ser devueltos a Marruecos en la frontera.

/ José Luis Roca

Estos niños han sido pasto de mentiras que llovieron en las redes sociales el pasado fin de semana para animarlos a tirarse al mar: que se abría la frontera, que en España estaban buscando gente para trabajar… incluso que en Ceuta les iban a invitar a un concierto.

Ahora son munición para la batalla de propaganda, desde que por emisoras y redes sociales marroquíes se filtra que España está reteniendo a los niños. "Y es mentira. Estamos tratando de poner en orden listas para que la familiar que quiera sepa dónde están, y facilitando la vuelta a los que quieren volver a sus casas", explica Ángela G, trabajadora social en el Tarajal.

El sueño de Mounir

A sus 13 años, Mounir es uno de estos pequeños peones, un guijarro del torrente del lunes. Forma parte de una pandilla de niños tangerinos que se ha formado en las escolleras del puerto de Ceuta, a la espera de un ferry en el que colarse.

El Estado les busca, aparece de vez en cuando por la escollera en forma de coche patrulla. Este jueves se intensificó por la Policía y la Guardia Civil una captura metódica de grupos para llevarlos a identificar y someterlos a test de antígenos.

Jóvenes migrantes en los alredores del puerto de Ceuta.

/ José Luis Roca
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A 145 de los que lo han pasado sin dar positivo los han llevado al Campo Piniers, una explanada de barracones entre cuarteles militares en lo alto de Ceuta. Custodian el punto de concentración y alojamiento guardas jurados y enfermeros del SAMU que espantan a los periodistas dando manotazos en el aire, como a las moscas.

Mounir se agarra a la verja del puerto, mirando salir majestuosamente a un ferry blanco y rojo de Trasmediterránea. "Quiero llegar a una buena ciudad, aprender el idioma, aprender un oficio y trabajar", relata en lengua dariya. Cuando se le pregunta qué le gustaría ser de mayor no duda: "Mecánico".



Fuente: El Periódico
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