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30 de Mayo 2021
"España ha triturado los derechos humanos de los migrantes»



¿Qué provocó que usted se involucrara de esta manera con un periodismo tan crudo?

Ser un testigo directo de una realidad que tocaba a nuestras puertas y ante la que no podía quedarme solo con un puñado de números... Yo era un periodista en prácticas cuando me enviaron a cubrir el naufragio de una patera, el 26 de julio de 1999, que acababa de registrarse en la playa de La Señora de Fuerteventura. Ese día no me quise quedar solo con la noticia de que nueve jóvenes se habían ahogado cerca de la orilla sin saber las circunstancias que desencadenaron la tragedia. En la facultad nos enseñan que los periodistas tenemos que ser «máquinas de hacer preguntas» y aquel drama marcó mi vida; también otras cuestiones más personales que forman parte de mi realidad familiar.

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¿A qué realidad familiar se refiere?

Mi abuelo se pasó varias décadas pescando en el Sáhara Occidental y en Mauritania. Él me contaba historias que nacieron en la otra orilla; él fue el responsable de despertar mi curiosidad por África.

Aquí se trabaja con información «sensible» en la que es recomendable mantener el estómago duro y la cabeza fría, ¿no?

El periodismo es un oficio que no tiene apellidos, es decir, que sus cimientos son los mismos al margen de la información que hagas. Lo que sí tiene este periodismo es una mejor consideración y respeto hacia los derechos humanos y, sobre todo, una empatía con las personas que lo pasan mal. La especialización y los años de experiencia es lo que te proporciona los conocimientos para saber identificar cuando están «atropellando» a un ser humano.

¿Qué le ha dado África?

África es la realidad en la que me he criado porque geográficamente vivimos en un archipiélago africano, es el continente que ha alimentado a mi familia porque mi abuelo se ganaba la vida pescando en sus aguas y es el punto donde se originó humanidad... Tras recorrer 37 países africanos no es extraño que diga que es mi mayor fuente de inspiración y de futuro. Queremos sentirnos globales a la hora de recibir en nuestras casas un paquete que 24 horas antes estaba en China o Estados Unidos, pero no lo somos cuando nos tenemos que relacionar con unas personas con las que llegamos a compartir un marco geográfico.

¿Cómo reacciona un migrante al verificar sobre el terreno que todo es un «espejismo» y que su sueño europeo salta por los aires a las primeras de cambio?

Es muy difícil resumir el perfil de un migrante en unas frases... Una de las cosas que he aprendido en los 21 años que llevo en este oficio es que hay tantas historias de migrantes como migrantes. Todos conocen el nivel de dificultad de esta aventura y son conscientes de que esto no es el Dorado, pero las ganas de prosperar son tan fuertes que no dudan en poner sus vidas en juego.

¿Cuáles son las claves para conocer mejor la «clandestinidad» en la que se mueven las mafias?

No me gusta asociar los términos clandestinidad o ilegal con seres humanos porque cuando nacemos adquirimos unos derechos humanos que tienen que estar por encima de todas las conductas racistas con las que convivimos a diario. Debemos romper el mito de que los migrantes que llegan a nuestras costas no saben qué se van a encontrar... Eso es una falsedad porque los embarques de hoy casi se retransmiten en directo debido a la gran cantidad de medios tecnológicos que nos rodean. Hace 20 años venían «ciegos», pero hoy saben lo que les espera.

¿Marruecos nos chantajea?

Cuando externalizas el control de las fronteras y pagas mucho dinero para alejar los problemas de casa te expones a que esos gendarmes acaben teniendo problemas de moralidad o simplemente obedezcan las órdenes que le transmiten sus superiores. Eso ocurre entre España y Marruecos, entre Italia y Libia y en el caso de Grecia y la UE con Turquía... Lo que menos importa en todos esos casos es conocer los motivos reales por los que esa gente decide salir de sus países en una aventura suicida. Eso no se suele preguntar.

¿Y qué está haciendo mal España en materia migratoria?

Muchas cosas, España ha triturado los derechos humanos de los migrantes. Las devoluciones en caliente de Ceuta son el mejor ejemplo de esas vulneraciones internacionales. El problema no es que Madrid no quiera ver este problema, lo más grave es que tampoco le importa a Bruselas, a Roma y a Washington.

¿Estamos hablando de un problema que no tiene solución?

Estamos hablando de cambiar la manera de hacer política y de no utilizar la migración para que los políticos de turno aparezcan llorando como plañideras cada vez que 24 personas pierden la vida en el mar. Lo peor es que esto lo hace un Gobierno de coalición que presume de ser progresista y de velar por los derechos humanos. ¡Menos mal!



Fuente: El Día
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