Recién iniciada la campaña agrícola de primavera y verano se ha puesto en marcha un fenómeno migratorio que se repite todos los años en la comunidad aragonesa. Se trata del desplazamiento de miles de trabajadores desde su lugar residencia a las localidades donde trabajarán sucesivamente entre los meses de mayo y octubre, siguiendo el proceso de maduración de la fruta, que en unos sitios es más temprano y en otros se produce más avanzada la temporada, en función de factores como el clima y la altitud. 

Un 60% del colectivo de temporeros vive ya permanentemente en las zonas donde trabaja, en comarcas como las de Valdejalón, Caspe, Bajo Cinca y La Litera. Pero hay una masa, difícil de cuantificar, apunta el sindicato agrario UAGA, que se mueve de un lugar a otro mientras duran las campañas de recogida de fruta en la comunidad,

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«Generalmente, el flujo principal de trabajadores agrícolas se dirige desde el este de las provincias de Huesca y Zaragoza y desde el Bajo Aragón hacia las comarcas de Valdejalón y de Calatayud», explica la misma fuente.

Esta migración laboral de carácter anual se debe, apunta la misma fuente, a que en las zonas de menor altitud, por debajo de los 200 metros, se producen variedades tempranas de fruta (cerezas, albaricoques, melocotones) que en otras partes más altas llegan dos o tres semanas más tarde.

Recogiendo cerezas tempranas en una explotación aragonesa.

Recogiendo cerezas tempranas en una explotación aragonesa. UAGA

Posteriormente, hacia octubre, hay otro movimiento en sentido contrario, desde el interior hacia el Bajo Aragón, cuando llega el momento de coger determinadas variedades de melocotón tardío. Pero este último flujo es mucho más reducido en número «y hay que tener en cuenta que una parte importante de la mano de obra requerida reside en la zona productora».

La vendimia apenas cuenta para estos desplazamientos, informan en UAGA, dado que ha alcanzado un elevado grado de mecanización.

Entre territorios limítrofes

También se registran flujos dentro de territorios limítrofes, asimismo relacionados con las diferencias temporales en la maduración del fruto. Así, apunta Óscar Moret, responsable de UAGA en el Bajo Cinca, todos los años una parte de los jornaleros de la cereza en Mequinenza sube al Bajo Cinca para seguir cogiendo la misma fruta, que alcanza el grado adecuado de maduración unos días más tarde, con muy poca diferencia.

«Por lo general quienes cambian de lugar de trabajo son aquellos trabajadores agrícolas que trabajan para empresarios que no cultivan más que una variedad concreta, de forma que, al acabarse esta, tienen que ir a otras fincas más diversificadas e incluso a otras zonas de Aragón», indican en la Unión de Agricultores y Ganaderos de Aragón.

En realidad, los flujos de migrantes por Aragón son solo una derivación, a pequeña escala, de otros movimientos geográficamente más amplios que incluyen el resto de España, Europa y África. Y ello se produce al mismo tiempo que otro fenómeno muy perceptible en las zonas frutícolas: la instalación permanente de los jornaleros y sus familias o grupos nacionales en los lugares donde se ganan la vida.

Desde el sur y desde Levante

De hecho, una parte de los temporeros que se desplazan a Aragón en primavera para participar en la campaña de la fruta dulce (de abril-mayo a octubre) ha estado anteriormente trabajando en el sur de España en la recolección de la aceituna (de octubre a enero, en función de la variedad).

Generalmente estos trabajadores del campo empiezan en Aragón con la cereza, siguen con el albaricoque y el melocotón y continúan con la pera y la manzana, ya en otoño o cerca de octubre, momento en el que algunos se incorporan a la vendimia, bien en las zonas vitivinícolas de la comunidad bien en La Rioja. Otros jornaleros han estado en Levante cogiendo cítricos, un proceso que empieza en febrero y dura hasta abril.

Asimismo, en el caso de los empleados temporales de los almacenes y cooperativas frutícolas, dedicadas al envasado de la fruta, que suelen venir a Aragón también al principio de la campaña de la fruta, han pasado antes por Valencia, cosechando naranjas, y, posteriormente, por Huelva en la campaña de la fresa, que es muy larga al constar de diferentes fases de octubre a marzo. Entre Lérida y las zonas frutícolas oscenses también se producen movimientos de mano de obra, pero se deben a que, al haber en ocasiones una oferta excesiva, los temporeros van en busca de empleo.

En resumen, los temporeros que recorren el territorio nacional trabajan en los meses más fríos, de octubre a marzo, en el sur y el Mediterráneo, en las tareas de preparación y recolección de la aceituna, la fresa y los cítricos.

La caída de la producción en el Bajo Cinca provoca desplazamientos

La fuerte helada que afectó al Bajo Cinca el pasado puente de San José ha reducido la producción de fruta entre un 60% y un 70%, según cifras facilitadas por la institución comarcal. Por ello este año la afluencia de temporeros es menor y se ha aminorado el problema de dar alojamiento a todos los trabajadores agrícolas que carecen de ella, pues a menudo en las pequeñas localidades no hay suficientes casas en alquiler.

La helada, además, ha tenido un segundo efecto, y es que la mano de obra que antes se dirigía a las explotaciones del tramo final del río Cinca este año está desplazándose a otros lugares, en particular las comarcas limítrofes del Bajo Aragón de Caspe y a la provincia de Lérida. Los propietarios agrícolas del Bajo Cinca han contratado trabajadores, pero en una cantidad muy inferior, para poder coger el fruto que no se echó a perder en su proceso de maduración el pasado mes de marzo.

De hecho, en muchas fincas han tenido suficiente con el personal que permanece en la zona durante todo el año y que tiende a aumentar a medida que las familias encuentran trabajo más o menos fijo en la comarca.