Cualquier trabajadora tiene derecho a una baja por maternidad en España. No fue así para Diana Quinatoa. Esta licenciada en Comunicación dejó Ecuador «por un tema de asilo político, y cuando llegué sabía que tenía que acoplarme al lugar», recuerda. «Lastimosamente, una ha invertido su tiempo y dinero en estudios en su país, pero, cuando tú llegas acá, no tienes nada. Empiezas desde cero y, si no tienes homologado tu título, es como si fueras analfabeta», lamenta.

33 Diana Quinatoa era periodista en Ecuador, pero en España cuida niños. | SERVICIO ESPECIAL

33 Diana Quinatoa era periodista en Ecuador, pero en España cuida niños. | SERVICIO ESPECIAL

Empezó a trabajar limpiando casas y cuidando niños. Entonces, llegó la pandemia y su empleo quedó en el aire, aunque de vez en cuando seguían solicitando sus servicios. «Posteriormente, quedé embarazada y eso fue a peor, porque ya no te contratan».

En un piso de acogida en Zaragoza, Diana continúa a la espera de que el Estado resuelva su solicitud de asilo para poder empezar a trabajar con todos los papeles en regla. Entretanto, sobrevive de la economía sumergida a base de pequeños empleos como trabajadora del hogar y de cuidados, y de la ayuda que le proporcionan los servicios sociales.

María Edelmira Areas es nicaragüense y lleva cuatro años y medio en España. «Yo me aventuré, llegué sin permiso de trabajo y enseguida comencé la lucha por conseguir mis papeles, pero me coincidió con la pandemia y, aunque una estoy acostumbrada a lo digital, a veces se me iban las cosas de las manos y me desesperaba».

A pesar de la falta de permisos, «siempre tuve trabajo como interna», apunta. Pero este limbo legal deja a las mujeres en su situación totalmente indefensas a la hora de reclamar sus derechos como trabajadoras. «Hay muchos empleadores que no te los reconocen y, solamente por el hecho de que los solicites, a veces, sencillamente, te cierran la puerta».

Diana y Edelmira son un claro ejemplo de la precariedad que sufren la mayoría de las personas que trabajan en el sector de las tareas del hogar y los cuidados en nuestro país. Su perfil está bien definido: mayoritariamente son trabajadoras extranjeras cualificadas y especializadas en este sector esencial, y en sus países de origen la mayoría tenían otras profesiones y titulaciones reconocidas.

Diana y Edelmira son, además, junto a Gloria Patricia, Carolina u Olga, algunas de las protagonistas de la exposición Mujeres del Sur. Visibilizando para transformar, que puede verse en la Casa de la Mujer de Zaragoza hasta finales de esta semana. Las imágenes y mensajes que la componen revalorizan el trabajo relacionado con la economía de los cuidados. La muestra ha sido realizada con fotografías de Artur Bardavío y diseño de Factor Comunicación. Además, se complementa con la edición de un calendario con las mismas fotos ilustradas por la artista Laura Esteban.

Los retratos de estas doce empleadas del hogar y un trabajador, para dejar constancia de que los cuidados no pertenecen exclusivamente a las mujeres, interpelan también estos días a la ciudadanía desde las marquesinas y los buses urbanos. Su condición de migrantes no debería afectar a sus derechos laborales ni a al respeto que merecen como personas. Pero la realidad es que estas mujeres suelen tener condiciones de trabajo muy deficientes. Algunas de ellas trabajan en régimen de internas, no siempre con las condiciones laborales que les corresponderían, y muchas de ellas están expuestas a sufrir abusos en sus lugares de trabajo.

No son la chica, la chacha ni la obra de caridad de nadie. Tienen nombre propio, cualificación y unas historias de vida que, si se conocen, pueden transformar muchas miradas y ayudar a promover una sociedad más inclusiva y menos permisiva con esta forma de esclavitud moderna. Ese es el objetivo de la muestra, un proyecto impulsado por la Fundación Familias Unidas junto con la Asociación de Trabajadoras del Hogar y Cuidados de Zaragoza, con el apoyo del Servicio de Cooperación del Ayuntamiento de Zaragoza.

«Puedes decir que la señora que tienes empleada en casa de toda la vida es como de la familia, todo lo que tú quieras, pero es tu trabajadora y tiene unos derechos», señala Pilar Serrano. Para esta trabajadora social de Familias Unidas, la exposición pretende sobre todo concienciar «a quienes las contratamos, y la mayoría somos mujeres profesionales que necesitamos ayuda. Todos hemos sido cuidados, pero además la gran mayoría vamos a ser cuidados en el futuro, y en el intermedio de nuestras vidas necesitaremos apoyos en el cuidado de nuestra casa, de nuestros hijos y de las personas nuestro entorno. Cuida a quien te cuida», exhorta.