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14 de Noviembre 2021
El piso milagro de Hortaleza donde los niños migrantes se hacen futuro: "La gente con prejuicios, si lo viniese a ver, pensaría de otra manera"



Martes, 9 de noviembre de 2021. Entra en vigor la última reforma de la Ley de Extranjería. Desde esta semana, los niños inmigrantes que estén solos en España pueden obtener los permisos de residencia y de trabajo a los 16 años. Lo que para la mayoría son sólo unos párrafos en el BOE, en un lugar tan único como El Olivar es regocijo. Suman 32 años siendo refugio de jóvenes de 18 a 26 años que sobreviven en la calle o bordean el barranco, en esa brecha crítica en la que el Estado deja de tutelarlos.

Esta casa de acogida, que nació en 1989 de una comunidad de cristianos de base, esas tan efervescentes en la Transición, ha dado techo, formación y trabajo a casi 300 chavales. Al principio, españoles; en 1992 llegaron los primeros marroquíes y son mayoría los extranjeros desde hace 10 años -Esteban, el último español, salió hace dos-. Y sólo con el empuje de quienes son incapaces de apartar la vista: unos simples ciudadanos, comprometidos con el infierno del otro en este barrio de Hortaleza, ese que la política ha colocado en el foco. En el último debate electoral nacional, el líder de Vox, Santiago Abascal, lo señaló como si del convulso paisaje de The Wire se tratase. También desde ahí blandió en abril, rumbo al 4-M, su campaña por un "Madrid seguro", con "los mena" en la diana política. Pero en El Olivar los jóvenes extranjeros son bienvenidos.

En este piso la palabra mena se desborda. Significa "chavales excepcionales por su arrojo y por sus cualidades y por cómo a edades que aquí se consideran de niño afrontan situaciones límite de adulto". O que nadie debería padecer. Quien reescribe, con la legitimidad de la veteranía, es José Miguel Aragón, profesor de Historia y uno de los fundadores de este oasis sin ánimo de lucro. Fue de esos que en los 80, durante unos campos de trabajo en Cáceres, pensaron en levantar un hogar para los sintecho cuando esa palabra no existía. El Olivar, como los de los campos extremeños. Ahora hay más entidades -"no son suficientes"-, pero ninguna como ellos, por origen, persistencia y nervio de barrio. "No somos una ONG que pone gente en la calle para lograr socios. Nosotros es el boca a boca". Y así atienden a algunos de esos 7.000 jóvenes ex tutelados de 18 a 23 años que hay en España.

Isma, de 26 años, está aprendiendo inglés.
Isma, de 26 años, está aprendiendo inglés.A.N.

"Crucé en patera". "Yo debajo de un camión". "Yo tardé tres años, sufriendo y sobreviviendo para llegar a España". "Estuve unos meses en la calle cuando salí del centro". "No quiero hablar de cómo llegué. No me gusta". Apenas una síntesis para pronunciar ese horror que guardan los ocho muchachos del actual Olivar, un edificio que tras la Guerra Civil fue la escuela del barrio, levantado durante la II República y bautizado entonces como La Humanitaria, para cobijo de los temporeros recién llegados a las fincas de Hortaleza.

De paso están también en este lugar que es brote de la naturaleza agrietando los muros, donde reciben cada semana 3-4 solicitudes de ingreso. Aquí se trabaja para que confíen en que la vida puede recomenzar: José Luis, Beatriz, Déborah, Belén, Jonathan, Mamadou y Musta -el único contratado-, además de Josemi, son los educadores voluntarios del piso. Se sostiene con cuotas de unos 120 socios -desde 5 euros al mes- y con cuatro plazas en convenio con la Comunidad. Cada lunes se reúnen y se reparten las pernoctas en la casa. Además, acompañan a otros 30 jóvenes en trabajos comunitarios y remunerados (jardinería, albañilería, limpieza, agrocompostaje, recogida de aceite doméstico...).

Y, por supuesto, gestionan el papeleo laberíntico. Antes de la reforma, tanto menores tutelados con tarjeta de residencia como en situación ilegal, al cumplir la mayoría de edad, acababan sobreviviendo en la calle. "Era un atasco inconcebible", reprocha Josemi. Tampoco podían renovar su residencia sin acreditar medios de vida propios, algo imposible si no se les dejaba trabajar. "No tenía sentido tutelarlos en centros y, a los 18 años, dejarlos indefensos sin alternativa profesional". La burocracia, a todo o nada. Otra vez, cuando intentar cruzar el Estrecho ya lo fue. "La reforma es un paso adelante notable que reivindicábamos hace tiempo. Tardó; a Marlaska no le gustaba. Permitirá a los chicos insertarse laboralmente y tener un futuro", traza Josemi la línea de meta.

"Quiero trabajar y vivir tranquilo", dice Adanam, marroquí de 20 años, que encoge los hombros como quien responde a una obviedad. Acaba de cenar con Mohamed (20) y Yassine (19), también de su país, que, a media voz y divertidos, uno contesta que desea ser jardinero y el otro, policía. "Anda ya tú policía, si eso confidente", replica Josemi tras las risas que destensan entre los muebles prestados.

Dos de los ocho jóvenes acogidos que viven en El Olivar.
Dos de los ocho jóvenes acogidos que viven en El Olivar.A.N.

La timidez regresa al salón cuando no aciertan a concretar sus aficiones. Podrían ser como cualquier joven, pero a ellos se les exige no fallar en la oportunidad. "Aprender idiomas, inglés. Se me da más o menos", sonríe Isma, de 26 años, que lleva dos y medio en el piso y cuatro en España, tras convivir con esa alerta perenne de que le pidiesen los papeles por la calle. Entró adulto en el CETI de Melilla, mientras que sus compañeros, desde el centro de menores, salían con tarjeta de residencia. Isma es el único con el título de ESO. "Cumplen 18 años, pero tienen muchas carencias de enseñanza", relata Josemi. "Nadie piensa en qué les gustaría ser a estos chavales. Se les escolariza desde los 13 o 14 y, sin embargo, no tienen la ESO. Se busca la solución fácil con formaciones profesionales de nivel básico". Opciones, sí, pero precarias.

"Querría viajar en el tiempo libre", dice Adanam. "Me gusta dar paseos con los amigos, por todo Madrid, y Aranjuez, que tengo amigos allí". Vuelven las bromas: "Qué fiestero... Por eso llegas tarde". Trabajan o se forman por la mañana -Adanam en fontanería e Isma en peluquería, aunque prefería la mecánica-, entran y salen libres, y por la noche hay hora de vuelta: las 11 entre semana, la 1 los sábados y domingos.

Pero quienes salieron de El Olivar lo tienen muy claro: "Algunos llegan a los centros de mayores y no se lo toman en serio. Hay que aprovechar, si no, te verás en la calle y hace mucho frío", cuenta Diaka, de Mali, que ya comparte piso en Entrevías y trabaja en Villalba, tras años de estudiar hasta tres cursos al día: jardinería, cocina, español; luego pescadería... "Tenía tanta energía que para sentarse en el sofá lo saltaba como las cabras", rememoran de sus tres años en El Olivar. Y coincide Nabil, de Tánger, que trabajó en carpintería, estudió español y un curso de placas solares, y ahora es mediador en un centro de menores en Rivas: "Es importante salir de aquí, porque el sitio que dejas lo ocupa otro".

El cuadrante donde los jóvenes se reparten las tareas del hogar.
El cuadrante donde los jóvenes se reparten las tareas del hogar.A.N.

Aterrizaron en 2015. Diaka no quiere hablar del principio -en su pasado hay guerra, como en otros casos abusos o pobreza-, pero quienes le conocen cuentan que estuvo en el monte Gurugú y que su devolución en caliente siendo menor le costó a España una condena del Tribunal de Estrasburgo (2017). Un policía marroquí le reventó los dientes. En Melilla, con 15 años conoció a un periodista que terminó acogiéndole en su propia casa. Y en su periplo sorprende esa alegría que ha revolucionado el salón en cuanto ha llegado. "Aquí empezó a abrirse mi suerte", repite.

Porque el miedo no acaba al cruzar la frontera. Nabil, que pasó por el centro de Primera Acogida de Hortaleza, relata que en una ocasión un grupo de chavales apareció para agredirles, porque algunos tutelados habían robado a vecinos del barrio. "Nos meten a todos en el mismo saco. Corrimos y llamamos a la Policía, pero no hicieron nada. Temes por tu vida". Ahora trabaja solucionando conflictos entre los educadores y los chicos del centro de Rivas. "Es difícil para ellos; no saben hablar español. Sólo entienden el 'no'. Pero quiero que vean con mi experiencia que se puede llegar", dice.

"Mucha gente sale y trabaja fuera, sin nosotros", celebra Josemi, pero también sabe de un chaval, ex de la casa, ahora encarcelado y de otro en la calle con problemas de drogas. "Los menos, afortunadamente. La mayoría de casos son de éxito". Porque se les "fortalece para que sepan reaccionar cuando vaya mal, pues su nivel de vulnerabilidad es altísimo". En ello llevan 32 años. Y con aprecio del vecindario, aunque los políticos... "¿Invitar a venir a Abascal? Somos un espacio abierto a cualquiera. Y con cualquiera pienso más en ciudadanos y votantes de a pie con prejuicios que en gente que lo usa con intereses electorales. Si viniesen lo verían de otra manera". En 2019 El Olivar fue pregonero en las fiestas del barrio y en 2016 recibió de manos de Pau Gasol la recaudación de las cenas de un día en Tatel, el restaurante en Madrid que posee junto a Nadal y Rudy Fernández.

Dos jóvenes de El Olivar y dos extutelados ya con vida autónoma.
Dos jóvenes de El Olivar y dos extutelados ya con vida autónoma.A.N.

"Frente a discursos malintencionados, anteponemos hechos. Cuando se les da una oportunidad, la aprovechan. Aquí conoces personas increíbles, con unas historias impresionantes que no las devuelven con furia y rabia. Son ejemplos de solidaridad, de superación". Remata: "Gora, un chico que tenemos ahora en el hospital de Toledo porque le arrolló un conductor, intentó entrar 13 veces en España. Me contaba que en la última, en patera, se decía: 'O paso o muero'. Conocerles no tiene precio".

Son las once y Diaka y Nabil vuelven a sus casas. Nabil acerca en coche a Diaka, porque esta semana está de vacaciones. Comparte piso en Parla, ha podido volver a Tánger a ver a su familia. Tienen una vida.

Un barrio convertido en una baza electoral: "Hay un centro de 'menas'..."

Primer gran debate electoral para Santiago Abascal. Había obtenido 24 diputados el 28-A de 2019, y en su estreno televisivo ante la repetición del 10-N convirtió la inmigración en una baza electoral. Así, Hortaleza entró en los salones de casa de toda España. "Vivo en un barrio popular de Madrid, Hortaleza, y cada vez que salgo a la calle, y ahí hay un centro de 'menas' [unos 8.000 en toda España], me encuentro mujeres que me cuentan que los policías les dicen que no salgan con joyas; madres preocupadas por que sus hijas tienen miedo de ser asaltadas por la noche, con trabajadoras de ese centro de 'menas' que dicen que las inversiones que han ido allí han sido destruidas por quienes viven en el centro". Fue uno de los momentos más polémicos del debate. Pero Vox mantiene esa apuesta programática: hizo campaña en Hortaleza ante las elecciones madrileñas del 4-M.



Fuente: El Mundo
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