Las Migraciones en Aragón

21 de Enero 2022
Seis de cada diez municipios de Aragón ganaron población en el último año


El 58,5% de los municipios de Aragón ganaron población en el último año, según los datos del padrón oficial, en una estadística marcada por el doble efecto COVID de la movilidad de quienes optaron por trasladarse del entorno urbano al campo ante los confinamientos perimetrales y el del exceso de fallecimientos. 

Una situación disruptiva que deja datos llamativos, como las 6.576 personas que perdió la ciudad de Zaragoza hasta el 1 de enero de 2021 (5.532 en la Comarca Central y 5.056 en la provincia) y los crecimientos superiores al 2% que registraron las comarcas de Gúdar-Javalambre (+216), Alto Gállego (+338), Sobrarbe (+167), La Ribagorza (+296) y Jacetania (+441) y otros también notables como los de Valdejalón (+347) y Bajo Aragón-Caspe (+226) en un contexto de incrementos menores y de descenso de la población total de la Comunidad. 

En el listado de localidades que más población ganaron porcentualmente se encuentran cinco municipios de la provincia de Huesca, cuatro de Teruel y solo uno de Zaragoza (El Frago, un 18,56%) . Así, en la provincia oscense aparecen Valle de Bardají (60%), Arguis (22,40%), Argavieso (20%), Borau (18,57%) y Salillas (17,58%). El resto de puntos con un mayor crecimiento porcentual de población en el último año son los municipios turolenses de Nogueras y Cabra de Mora (33,33%), Fuente de Rubielos (24,19%) y Jorcas (17,24%).

El alcalde de Valle de Bardají, José María Raso, asegura que esto no es producto de una añorada explosión demográfica ante el paso de los 30 empadronados en 2019 a los 64 de 2021. "No lo entiendo mucho, la verdad. Aquí nos dedicamos a la agricultura y la ganadería, y cuatro o cinco iniciativas de turismo rural. Creo que estaremos unas 50 personas y el aumento se habrá debido a la llegada de inmigrantes para trabajar en las granjas, porque los abuelos se van jubilando y la gente joven no quiere trabajar en ellas", explica Raso. De hecho, el alcalde de este concejo abierto desde hace 35 años, no recuerda que se haya producido ningún nacimiento recientemente. 

En el lado opuesto, el de los diez municipios donde más ha caído la población, aparecen seis localidades de la provincia de Zaragoza (Pozuelo de Ariza, Purujosa, Valmadrid, Valdehorna, Castejón de Alarba y Acered) y cuatro de Teruel (Rubiales, Alcaine, El Vallecillo y Castelnou). 

Aquí sí que no hay margen para la casualidad. Todos ellos se ven afectados desde hace años por la despoblación. Un retroceso detrás del que aparecen un cúmulo de carencias y problemas. "Aguantamos como podemos y estamos abocados al fracaso", reconoce José Antonio Soriano, alcalde de Rubiales. Esta localidad de la provincia de Teruel cuenta con 42 vecinos empadronados, de los que solo dos decenas residen allí todo el año.    

"No tenemos bar ni tienda, no tenemos ningún servicio de telefonía móvil y la carretera es un desastre, hasta el punto de que tenemos dos niños y cuando empiecen el colegio habrá problemas porque los autobuses no quieren entrar", enumera el regidor de esta pequeña localidad, quien recuerda que impulsó la instalación de repetidores en la torre del pueblo para extender el internet con el que cuenta el Ayuntamiento. "No era cuestión de tener en pleno invierno a los pocos jóvenes que hay aquí en la calle cogiendo la señal, pero tampoco es muy efectivo", lamenta.  

Un multiservicio y un bar comedor con diez mesas son las últimas infraestructuras hábiles que ya nadie explota, al margen de un albergue ahora en proceso de reconversión en apartamentos turísticos para una zona rodeada de pinos que está próxima a Albarracín y al precioso paisaje de Rodeno. "En verano viene gente de Zaragoza, de Madrid y Barcelona, pero en cuanto mencionas los problemas de conexión la gente no quiere saber nada", se queja Soriano.

Un análisis "prudente" de las tendencias 

El catedrático de Historia Económica de la Universidad de Zaragoza y experto en despoblación, Vicente Pinilla, asegura que no hay que sacar conclusiones precipitadas sobre un padrón al que, reconoce, aún no se ha aproximado: "Hay que ser muy prudentes porque no puede ser que, sin más, de un año para otro, cambien tendencias asentadas de hace tiempo".

Ese éxodo a la segunda residencia o a la casa del pueblo en un momento de confinamientos perimetrales parece una explicación plausible. Quien se lo pudo permitir, seguro que valoró un traslado, aunque en principio solo fuera de manera temporal. "Tiene mucho sentido que así fuera y, si hubo gente que lo hizo, le salió bastante bien la jugada porque al empadronarse en Benasque o Jaca pudieron estar subiendo y bajando en un momento en el que la movilidad estaba restringida", reflexiona.   

Un factor más a sumar al cóctel del atractivo turístico y la evolución de la población en una localidad como Benasque, donde salvo un breve receso en 2019 en el que perdió dos habitantes, lleva ganando población de manera ininterrumpida desde 2016 (2047 empadronados ese año y 2.239 en enero de 2021). O en el de Jaca, cuyos vecinos no paran de crecer desde 2018 hasta los 13.344 de 2021 (215 en el último año con datos). 

Es precisamente la pandemia lo que, en ese prudente primer vistazo, pudo haber alterado los crecimientos sostenidos de las tres capitales de provincia. En Zaragoza, ininterrumpido desde 2016 hasta la notable caída ya mencionada. En el caso de Huesca, de tres años consecutivos desde 2017 hasta el descenso en 527 personas entre 2020 y 2021 (los datos provisionales a 1 de enero de 2022 apuntan una recuperación de 342 habitantes). Y Teruel, ganando población también desde 2017 hasta la última minoración en 246 personas. 

El entorno de Zaragoza, en crecimiento continuado desde 1996

Lo que se mantiene inalterable (en muchos casos desde 1996, primer año con datos del INE) es el crecimiento de las localidades próximas a Zaragoza. Aprovechan el efecto aspiradora de la capital aragonesa y a la vez atraen a población que sale de ella por encontrar mejores condiciones.

"Tenía estudiado que el crecimiento demográfico de Zaragoza se debía a la llegada de inmigrantes porque la gente joven salía a estas zonas metropolitanas y era la población inmigrante la que se instalaba en el casco urbano", recuerda Vicente Pinilla. Una tendencia que, excepto la llegada de población extranjera, limitada al máximo por las restricciones internacionales de movilidad, ha podido aumentar en este último periodo por la pandemia con el fin de alojarse en espacios "más agradables" con jardín o incluso piscina. "Está súper demostrado este movimiento porque, entre otras cosas, en estas zonas los precios de las viviendas son más bajos y que, por el mismo dinero o menos, tienes más metros disponibles", apunta.   

Utebo alcanzó en 2021 los 18.856 vecinos empadronados. Cuarte de Huerva se sitúa en los 13.773. En 2017 superó a Jaca, cuando en 1996 apenas contaba con 1.720. Zuera, que excepto el descenso experimentado entre 2013 y 2014 (72 personas menos), no para de ganar población y ya alcanza los 8.591 habitantes. María de Huerva, que ya supera la barrera de los 6.000 (6.021), lo mismo que La Muela (6.125). En su caso, se ha recuperado de la depresión vivida entre 2011 y 2014 y mantiene la tendencia creciente. Y Cadrete, que no para de crecer desde ese año de referencia de 1996 (4.334 empadronados en 2021). Y Villanueva de Gállego. En su caso, entre 2003 y 2012 ganó más de un millar de habitantes y, a salvo de levísimos descensos, crece y crece. O La Puebla de Alfindén, que también incorpora vecinos desde que el INE ofrece datos (6.446) 

Al club de los diez mil, el selecto grupo de localidades que cuentan con más de 10.000 habitantes, se incorporó en 2020 Caspe (10.026 habitantes), una localidad que un año después creció hasta los 10.183. Se mantiene Tarazona, que en el último año perdió 64 habitantes y lleva camino de sumarse Binéfar (9.888) que, aupada por el tirón de los mataderos, lleva cuatro años consecutivos de ascenso pese a los problemas de vivienda y que muchos trabajadores residen en otras localidades. Como cuarta localidad más poblada de la Comunidad mantiene su estatus Calatayud, aunque en la última revisión ha caído por debajo del listón de los 20.000 habitantes (19.870). Eso conlleva pasar de 21 a 17 concejales, como ya advirtió hace unos meses el alcalde, José Manuel Aranda. 

En otros estratos se sitúan localidades como Borja, que en 2021 ha recuperado la cota 5.000 (5.037 empadronados) que perdió entre 2012 y 2013, Santa Eulalia (Teruel), que, pese a la tendencia descendente, resiste por encima del millar de habitantes (1.066). Un objetivo que no ha logrado Bujaraloz (Zaragoza). Tras contar en 2018 con 1.005 vecinos, acumula tres años consecutivos perdiendo habitantes y ahora suma 975. 



Fuente: CARTV
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