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11 de Febrero 2022
"Estamos normalizando el racismo institucional": récord de muertes en la ruta migratoria de España



Precisamente la semana que se cumplen el octavo aniversario de las muertes de El Tarajal, la frontera sur reclama atención por su cota de desgracia. La llegada de migrantes a las costas españolas por Andalucía, Levante y Canarias concentra sus peores registros en el último año con 2.216 muertes.

El cruel récord lo presenta la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA) que monitorea desde el terreno la frontera Sur. Es el peor dato desde 1998, cuando empezaron a contabilizarse las muertes de las personas que tratan de llegar a Europa. El informe migratorio implica un aumento del 24% de víctimas mortales respecto al año anterior. Para más inri, el balance de APDHA siempre incluye las palabras "al menos" a la hora de presentar las cifras.

Se han recuperado 1.457 cadáveres y se registran otras 669 personas como desaparecidas. Son solo las cifras de los cuerpos rescatados y registrados, pero se estima que la tragedia puede ser mayor. "No es arriesgado estimar la escalofriante cifra de 4.000 personas, víctimas de la migración irregular en la frontera sur en 2021", calculan desde la asociación.

"El truco está en que nadie se responsabiliza de estas muertes, se presentan como un hecho inevitable, producto de un azar global", dice a Sputnik el coordinador general de la APDHA, Diego Boza ante los datos del balance.

Abocados a la muerte en el mar

Las políticas migratorias se basan en evitar la migración. La práctica imposibilidad de emigrar legalmente desde África, por un lado, junto a los convenios con Marruecos, que vienen a concentrar la vigilancia costera en el norte de África —siendo esta la ruta más corta y segura— obliga a los migrantes a escoger la vía más mortal: la ruta canaria, de hecho, acumula 1.332 muertos. La tendencia se mantiene desde 2019, este último año, casi el 58% de los migrantes han llegado al archipiélago en 547 embarcaciones.

"Estimamos que un 10% de hombres y un 19% de las mujeres que se echan al mar en la ruta canaria acaban perdiendo la vida", explica Boza. Y eso, teniendo en cuenta que los cálculos que manejan son estimaciones muy limitadas que se quedan cortas. Pero en el análisis de cifras, llama la atención que, con un volumen migratorio similar al anterior, la mortalidad haya crecido un 24%. Migrar es cada vez más peligroso.

Sin respuesta del Estado

El nuevo balance pone de relie

España es parte del Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, (2018) de Naciones Unidas que implica que los Estados deben poner las herramientas suficientes para salvar vidas y, en última instancia, recuperar, identificar y repatriar a los muertos… papel mojado.

De hecho, y como incómoda coincidencia, las cifras de la APDHA salen a la luz en la semana que se cumplen ocho años de los trágicos sucesos del Tarajal. "Es otra muestra más del racismo institucional con el que funcionamos", lamenta Boza.

Ocho años de "normalización del racismo" y limbo legal

El 6 de febrero de 2014 en torno a 200 migrantes trataron de entrar en Ceuta saltando la valla y a nado. Aquel día, al menos 14 personas murieron ahogadas, una desapareció y 23 migrantes fueron devueltos 'en caliente' a Marruecos desde la playa y sin ningún procedimiento formal.

Pero el suceso del Tarajal es recordado por la actuación de la Guardia Civil. Los uniformados dispararon pelotas de goma y gases lacrimógenos a los migrantes que llegaban a nado a Ceuta. Lejos de auxiliar, dispararon. Las autoridades españolas confirmaron el uso de la fuerza y de materiales antidisturbios. Muchos, señalan este acto como una acción criminal. Pero la ley, por ahora, sigue zozobrando.

Ya en 2015, el juzgado de instrucción nº6 de Ceuta dictó el sobreseimiento del caso. Dos años después, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó a España por esas mismas devoluciones en caliente y la Audiencia de Cádiz volvió a reabrir el caso. 16 agentes de la Guardia Civil fueron procesados en 2019 pero, de nuevo, entramos en un limbo legal y la jueza dicta el sobreseimiento. Han pasado ocho años y no hay culpables de las –al menos– 14 muertes.

Desde Camerún y Senegal, en distintos actos, las familias vienen exigiendo respuestas, ¿por qué sus familiares perdieron la vida a metros de la costa y bajo disparos de la Guardia Civil?

"A la ley le pesan los pies, simplemente estamos constatando la normalización de un claro caso de racismo institucional. Si en vez de ser migrantes de África los 14 muertos fueran blancos, seguro que ya habría habido alguna acción legal", expresa Boza. La actuación del juzgado de Ceuta, quitándose los muertos de encima, es la respuesta del Estado.

Otro síntoma actual es el reciente sobreseimiento de la Audiencia Provincial de Las Palmas por la sistematización de las retenciones de inmigrantes de más de 72 horas en el muelle de Arguineguín, argumentando que se trata de una situación de emergencia. Sin embargo, la emergencia se viene prolongando y normalizando desde hace dos años. APDHA denuncia la "falta de voluntad del Gobierno por establecer un verdadero sistema de acogida", provocando la deshumanización de las personas migrantes.

Un sistema no apto para las cifras

Más allá de los cálculos de la APDHA y de otras organizaciones como el colectivo Caminando Fronteras –que prácticamente dobla también los cálculos oficiales de víctimas– 2021 ha sido un año letal. Los datos globales de la Organización Internacional de las Migraciones de Naciones Unidas (OIM) confirman que se doblaron las muertes respecto a 2020.

La OIM confirma a España como una de las rutas más mortíferas hacia Europa junto con Italia. El último informe cambia la tendencia y España, con casi 5.000 inmigrantes, acapara muchos más que Italia, la habitual líder estadística, con poco más de tres mil en los datos de 2022.

Los dos años de pandemia han provocado una enorme paradoja, mientras el mundo desarrollado se enclaustra en sus casas y fronteras, los africanos se han visto obligados a subir a cayucos y lanchas para migrar. El éxodo hacia países y regiones más prósperas no dejará de existir, independientemente de las restricciones y fortaleza de políticas anti–migratorias.

La población migrante del planeta era de 84 millones en 1970, en 2020 eran 281 millones. La globalización expone las desigualdades y alimenta sueños y aspiraciones que, en demasiados casos, se acaban ahogando en el mar. Seguirá habiendo inmigración, independientemente de lo que decidan nuestras autoridades. Pero que la inmigración sea sinónimo de muerte sí depende de nosotros.


Fuente: Sputnik News
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