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13 de Febrero 2022
Inmigrantes y voto



Los inmigrantes que cruzan el estrecho son los mejores. Y los que arriesgan
futuro y vida en otras de nuestras fronteras. Sin menosprecio de los que llegan con los papeles en regla. El inmigrante que viene buscándose las lentejas arruina sus ínfimas posesiones pagándole a las mafias; suele ser alguien titulado en un oficio o profesión que viaja de países donde los estudios son minusvalorados y se obliga (de hecho) a la procreación en masa, a fin de incorporar a niños a mercados de trabajo semiesclavistas. Sin olvidar a miles de mujeres que, por su condición, el femenino singular, son perseguidas en origen, en forma de ablaciones, menosprecios y palizas.

El inmigrante no busca robarnos el trabajo, aspira a la democracia y la
abundancia occidental, por mucho que tengamos a demasiada gente vulnerable y en una posición, hay que escribirlo, más digna que la del inmigrante, en caso de pensar que hay dignidad en una pobreza extrema, cuando se contempla desde las alturas o se menta con el aburrimiento clásico del hipócrita.

Hay gente maja en todas partes, y malnacidos. Son legión los que ayudan a los
cayucos cuando desembarcan, escondiendo a los inmigrantes, otorgándoles pan y conexiones. Pero son una chusma los que se las apañan en tratarles como a animales, escogiéndoles y llevándoselos al campo, de sol a sol, a cambio de un jornal franquista, porque Franco está de vuelta, no lo duden.

Franco resucita al clamor de Vox. Y jode, y mucho.

El olvido de parte de nuestra sociedad no obedece a un lapsus, sino a una vergüenza colectiva. Fuimos una nación de emigrantes en México después de nuestra guerra civil, arropada por el gran presidente Cárdenas, que escuchaba al histórico exiliado del socialismo Indalecio Prieto. Nosotros, sin embargo, somos incapaces de reconocer que una parte importante de los inmigrantes procede de naciones inmersas en guerras civiles perpetuas, con asonadas y golpismos anuales. También hemos olvidado que el siglo XX y sus dos guerras provocaron las mayores migraciones europeas. Y es que los europeos tendemos al olvido, cuya felonía recae en los que se presentan en nuestras costas desnudos, salvo la pequeña mochila de un sueño de porvenir que carga
cada individuo.

En esa individualidad cegada por el castigo, enmudecida por el miedo, el inmigrante se crece en un valor acorazado que ya ha demostrado en la travesía. Ahora demasiados exclaman que las bandas de hispanos (no son latinos, Roma nunca arribó a América) merecen la expatriación o la horca, según quien se pronuncie. Esas bandas que matan y se matan en occidente no son diferentes a los delincuentes autóctonos. Señores de la extrema derecha, no nos tomen por niños, ustedes avalan la masacre de nuestra guerra y pretenden encubrir su engaño acusando al inmigrante.

Franco resucita al clamor de Vox. Y jode, y mucho

En las hemerotecas hay sobradas muestras de embarcaciones de los sin tierra
salvadas por la habilidad de muchos de ellos, informáticos sin ir más lejos. En esa manía tan nuestra de las estadísticas se comprueba al detalle la validez académica de los inmigrantes; su determinación está más que avalada por las imágenes de los medios.

En España la contradicción objetiva radica en el alto número de desempleados y el porcentaje abundante de los puestos de trabajo que no se ocupan… habiendo
demanda. Camareros, por ejemplo, o barrenderos, o empleados del hogar. Y, por supuesto, los trabajos relacionados con el mundo digital. En estos últimos  los jóvenes inmigrantes destacan; es una cuestión de edad. No es tan difícil cubrir los puestos de trabajo, quitando la lista de los relacionados con la mar. Cubrir los puestos de trabajo depende de la fuerza de lo público. El problema es que muchos partidos políticos temen asegurar a los inmigrantes; les asusta la inclinación del voto o se miran el ombligo independentista. Ustedes, los hoy llamados a las urnas, voten, ejerzan ese privilegio, que lo es.

Individuo a individuo habría que calibrar las opciones del inmigrante, proporcionarle una beca de FP (el que venga sin estudios), el IMV, acceso al alquiler, clases de español, un sitio en la sociedad otorgándole la nacionalidad; nunca una plaza en el gueto. Las muestras de cariño al desfavorecido se quedan en nada al no acompañarlas del sustrato y el sustento. Las palabras se las lleva el viento, expresadas a viva voz o en negro sobre blanco. Las leyes, expulsada la voluntad, no se aplican. Los cementerios están repletos de buenas y malas intenciones y de proclamas electorales que no se ejecutan, en cualquier ámbito, en cualquier partido, menos en uno, el partido delincuente a su manera que es Vox.

Las muestras de cariño al desfavorecido se quedan en nada al no acompañarlas del sustrato y el sustento

Pese a todo, y a todos, acudan a votar los ciudadanos de Castilla León, en
conciencia como acostumbran. No actúen por emoción, rabia o impulso. O sí, están en su derecho. Y en el derecho de no votar, claro. En su caminar a la urna se cruzarán con un inmigrante que les aporta cultura y crecimiento económico. Piensen ustedes que tienen la posibilidad de aprovechar su futuro, así que asómense a las urnas en conciencia. Y recuerden desde la sensata humildad que solo hay un partido que busca la muerte de la democracia. Recuerden, de apetecerles, que solo hay un partido que pretende eliminar el sistema autonómico que tanto nos ha hecho avanzar. De acuerdo, hemos superado el estado autonómico y las cosas no funcionan como nos gustaría. Incluso de acuerdo en que decidan echarle la culpa a alguien.

Cargar la culpa sobre el otro eligiendo la papeleta del franquismo significa no ejercer el derecho inalienable del voto. O ejercerlo a la contra de la democracia. Votar tiene más de racional que de acto físico. Un acto físico es la violencia verbal contra los inmigrantes. Esa violencia verbal, siempre, acaba en un vendaval dictatorial. Piensen en Polonia y Hungría, los nuevos fascismos europeos, encubiertos tal y como demandan nuestros tiempos.

No voten al franquismo. O pasarán.



Fuente: The huffington Post
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