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12 de Febrero 2022
La inmigración violenta, que no se adapta y que no aporta nada buenos a nadie debe acabar



El fin de semana pasado, fue particularmente llamativo por la violencia desatada en Madrid, que se cobró la vida de dos personas, concretamente de un chaval de quince años y de un hombre joven de veinticinco.

Los hechos, aunque ocurrieron en sitios distintos de la ciudad, poseen coincidencias entre sí; las dos víctimas murieron por ataques con machetes, los involucrados pertenecían a bandas criminales, bandas latinas conocidas por la policía y por los madrileños en general, los Dominican Don´t Play -DDP- y los Trinitarios; además, que involucran de forma reiterada -por distintos motivos- a los distritos de Villaverde, Usera, Vallecas y otros.

Estos hechos ponen sobre la mesa un tema considerado por muchos mojigatos como tabú; la inmigración, ya ni siquiera la inmigración ilegal, sino la inmigración en general, es necesario entender que no toda inmigración es necesaria ni mucho menos buena; sobre todo, si no se ha tomado en cuenta previamente la realidad del país o sus necesidades así como el perfil de las personas que vienen, en principio, a cubrir esas necesidades, a enriquecer la cultura, la economía y la sociedad en general, mediante la integración con la cultura y la idiosincrasia del país receptor, en este caso, España.

Como hijo de inmigrantes e inmigrante también en algún momento de mi vida, sé que la adaptación puede no ser fácil, sé lo que significa empezar de cero, con muchas cosas en contra, pero nunca, nada de esto, puede suponer una excusa para comportamientos violentos o para no adaptarse al país que te está abriendo las puertas y ofreciendo una oportunidad que no te ofrece tu país de origen.

Es tan sencillo como que quien llega a un país nuevo busca -o eso entiendo yo-, por todos los medios legales y éticos posibles, aprovechar todas las oportunidades para crecer y prosperar; los hijos de inmigrantes, que ya han nacido en el país receptor o que llegando desde su país de origen con sus padres, han tenido el privilegio de tener una nueva oportunidad sin haber tenido que realizar los esfuerzos de sus progenitores; son los más favorecidos por contar con el «colchón» creado por sus padres; sin embargo, como vemos en los casos de este fin de semana en la capital, esto no siempre sucede así.

La ley debería ser clara y ejemplarizante, los menores no acompañados deben ser enviados a sus países de origen con sus padres, ya que nadie mejor que ellos para cuidarlos e inculcarles los valores que los harán hombres y mujeres de bien; por supuesto, hay casos excepcionales o situaciones extraordinarias que pueden provocar otro modo de actuación, siempre para defender la vida e integridad de las personas.

Los inmigrantes que se encuentren en el país incluso de forma legal pero, que realicen actos criminales deberían ser sancionados con la anulación de su permiso de residencia y expulsados nuevamente a su país de origen y, si como en el caso planteado en este artículo, hay la posibilidad de que haya menores de edad involucrados, los padres deben asumir o compartir las consecuencias, ya que, como dije anteriormente, son los padres los responsables de inculcar los valores que los jóvenes necesitarán para poder desarrollarse como personas y ciudadanos de bien.

Estos pandilleros merecen la expulsión y la prohibición de entrada en España de forma inmediata, y no solo los miembros de pandillas, me refiero a MENAS violentos, a atracadores, asesinos y violadores que, en muchos casos, son mantenidos con ayudas que pagamos entre todos los trabajadores; es decir, delinquen, no les interesa adaptarse y encima, los mantenemos.

El tema de la inmigración violenta y las medidas que se deben adoptar para hacer frente a ella, deben ser tratadas cuanto antes y de forma contundente, es de sentido común que estas personas, además de generar violencia, caos, miedo e inseguridad, también crean una mala imagen a todas aquellas personas honestas y valiosas que trabajan y se esfuerzan por adaptarse y por crear riqueza para todos, por hacer de cada día, una nueva oportunidad para crecer y para contribuir con el desarrollo de España.



Fuente: Ibereconomía
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