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28 de Febrero 2022
Tres huérfanos: la migración desde África a Europa La Guardamar Polimnia de Salvam



Lo primero que Aissata, de ocho años, le dijo a su padre por teléfono desde el hospital después de once días a la deriva en el Atlántico fue "mamá no está, está en el mar"; el pequeño Seidou, de cinco, se refugia en su muñeco de Spiderman y se niega a aceptar que la suya ya nunca llegará, y Amina, de seis, aún no puede articular palabra.

De acuerdo con los datos facilitados por la Delegación del Gobierno en Canarias, 2.674 migrantes llegaron a estas islas en España durante enero de 2022.

A finales de 2021, un total de 22.316 personas partieron desde las costas atlánticas de África en travesías que a veces superan los 1.000 kilómetros. Unas 4.000 personas murieron en el intento, según los datos (siempre conservadores) de Naciones Unidas.

En esa cifra están las madres de Aissata, Seidou y Amina, tres menores de Costa de Marfil que forman parte de la extensa lista de huérfanos que genera mes tras mes la Ruta Canaria de la inmigración, en el caso de las dos niñas con la modalidad más terrible: la de quienes contemplan, aún incapaces de comprender su destino, cómo la madre que intentaba ofrecerles un futuro en Europa muere y desaparece bajo las aguas.

¿Cómo se recupera un niño de un trauma así? La Agencia Efe habló sobre ello con los educadores del centro de menores del Gobierno de Canarias que les ayudan a hacerlo.

Ser 'el siguiente'

Aissata: 26 de agosto, a 500 kilómetros de la isla del hierro. Casi al comienzo de curso, Aissata tomó por primera vez sus cuadernos y su mochila y se sentó en un aula de un colegio de Gran Canaria cercano al centro donde residía. Solo hablaba bámbara y algo de francés, pero quería estudiar.

Habían pasado tres semanas desde que Salvamento Marítimo la rescató de una de las travesías más tremendas de este año en la Ruta Canaria: la de un barco donde murieron 29 de las 55 personas que iban a bordo, incluidas siete niñas, como ella.

"En una embarcación a la deriva en el Atlántico, sin agua ni comida, al séptimo u octavo día están arrojando cadáveres por la borda, seguro", dice Enrique, el director del centro.

"¿Te imaginas que eres un niño en mitad de la situación? ¿Qué piensas cuándo ves que lanzan al mar a otro niño? ¿No te preguntas si serás el siguiente?".

Los pequeños que pasaron por ese trauma no hablan de ello. Por lo menos, no en bastante tiempo, aunque la travesía les acompaña a casi todos en sus pesadillas, noche tras noche.

Es la historia de Aissata, que, como otros niños en su situación, recibe ayuda de un psicólogo.

Aissata es una niña "muy buena". No habla mucho. Llegó a tierra al cuidado de una supuesta tía que, en realidad, solo era una mujer a la que su madre conoció en la embarcación y a la que confió a la niña y su pasaporte cuando sospechó que no iba a sobrevivir. Su padre, que reside en Francia, ya manifestó su deseo de que se reúna con él.

Aún le queda un trecho por recorrer.

Aissata no habla con hombres, los evita. Hace poco que se abrió a sus educadores: "La embarcación estaba parada. Unos hombres malos tiraron a mi madre al mar".
También está el caso de Seidou. Lo rescataron el 9 de septiembre en Arguineguín, en la Isla de Gran Canaria. El benjamín del centro es Seidou, un niño marfileño de cinco años.

Llegó tras ser rescatado de una pequeña embarcación, conocidas en esta parte del mundo como pateras, en la primera quincena de septiembre en el sur de Gran Canaria.

'Mamá va a venir'

Seidou viajaba solo. Su madre y su hermano pequeño iban en otra barquilla que nunca llegó a tierra. En el centro lo saben porque lo contó el padre desde Marruecos, desde donde planea, también como el resto de su familia, cruzar a Canarias.

"Seidou es una maravilla", resume Tatiana, una de sus educadoras. El niño ignora lo que le ha pasado a su madre. En realidad, no quiere saberlo, cada vez que los psicólogos intentan contárselo, él se cierra en banda. "Mamá va a venir", zanja el tema.

La embarcación dejó heridas en él, como en todos, pero es extremadamente cariñoso. "El primer día", recuerda Tatiana, "se acercó a mí por detrás, me abrazó y se puso a hacerme cosquillas. Luego me cogió de la mano y me llevó al cubo de los juguetes".
A Seidou le encanta Spiderman, aunque tiene un problema: muñeco que pasa por sus manos, muñeco que parte, con rabia. Uno de los educadores se lo contó al psicólogo del centro, pero no necesita que le ilustren. Tiene claro lo que le pasa al niño.

Amina, por otro lado, tiene seis años y sigue en un hospital de Gran Canaria. Llegó hace casi dos semanas y los médicos no consiguieron arrancarle una palabra, apenas un sí y solo esbozado con la cabeza.

Pero sus niveles de sodio en el cuerpo hablan por ella: pasó muchos días bebiendo agua del mar, el recurso a la desesperada de quien se muere de sed en mitad del océano.

Comer madera

En la frágil embarcación de Amina había 52 personas cuando fue encontrada a 200 kilómetros de Gran Canaria a la deriva y se organizó una operación para sacar de allí en helicóptero a seis niños y dos adultos en mal estado.

Uno de los pequeños murió en el rescate.

No es la única víctima de esa patera. Los supervivientes contaron a la Policía que en los diez días que pasaron perdidos en el Atlántico murieron al menos cuatro bebés y varias mujeres.

En el centro que ha cuidado de Aissata y Seidou ya lo intuían e intentan ayudar al hospital con el caso de Amina, porque tienen testimonios de que su madre pereció en el mar.

Como la mamá de Aissata, ella también fue arrojada al agua. Y Amina sigue en shock, explica Enrique.

Este educador no duda de que conseguirán recuperarla: tuvieron más niños como ella en estos dos años de repunte de la Ruta Canaria, chicos que sobrevivieron en una embarcación donde sus amigos morían de hambre y sed royendo los travesaños de la barcaza, "comiendo madera". Es el gen de la supervivencia.

La fatídica travesía atlántica hacia las islas CanariasSegún algunas ONG y autoridades europeas, el año pasado 22.316 personas cruzaron el canal de La Mancha y 4.404 migrantes murieron tratando de llegar a España, en la llamada ruta atlántica hacia las islas Canarias.

La crisis de migración en Europa ha marcado nuevos récords en España y Reino Unido, donde en 2021 se registraron aumentos considerados como significativos por las autoridades y organizaciones de refugiados de esos países en sus recientes informes anuales al respecto.

El número de muertos y desaparecidos en las rutas migratorias marítimas entre el continente africano y España se duplicó durante 2021 hasta al menos 4.404, según la ONG española Caminando Fronteras.

El dato es un 103 por ciento mayor que en 2020, cuando esta misma organización cifró las muertes en 2.170.

En el considerado año "más mortífero" de la frontera euroafricana occidental, la mayoría (4.016) perecieron en 124 naufragios ocurridos en la ruta atlántica hacia las islas Canarias, lo que representa el 91,1 por ciento del total.

Estos números multiplican por 3,5 los registros de la Organización de Naciones Unidas para las Migraciones (OIM), que informó de 1.255 muertos entre el primero de enero y el 3 de diciembre de 2021, con la advertencia de que se trata de estimaciones que solo incluyen víctimas recuperadas del mar o naufragios con testimonios de supervivientes.
El año 2021, 39.157 personas llegaron a España de manera irregular, un 1,2 por ciento menos que en 2020, la gran mayoría por mar (37.385), según datos del Ministerio del Interior hasta diciembre último.

Durante el 2021 se redujo en un 4,1 % la llegada de migrantes a Canarias por vía marítima, según las cifras del Ministerio de Interior español, hasta un total de 22.316 personas (en 2020 fueron 23.322). En los dos últimos meses del año pasado, sin embargo, las fuerzas de seguridad constataron una aceleración de las llegadas: 3.039 en noviembre y 2.451 en diciembre. En enero, el ritmo de llegadas fue parecido: 2.674 llegadas hasta el día 28, según los datos facilitados por la Delegación del Gobierno en Canarias.

Esta peligrosa travesía se volvió más fatídica en 2021. En los primeros seis meses, 1.140 personas perdieron la vida. Y hasta noviembre habían perecido más de 2.500 personas.


Fuente: El Tiempo
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