Existen pocos precedentes de una expresión de solidaridad similar a la que se está viviendo durante esta guerra en Ucrania tras la invasión del ejército ruso. La sociedad aragonesa en su conjunto se ha volcado en la ayuda a los refugiados, el eslabón más débil de esta cadena.

En estos momentos, 36 personas viajan desde la frontera ucraniana con Polonia hacia el pequeño municipio de Peralta de la Sal (Huesca), para instalarse en la Casa Santuario de San José de Calasanz, hoy reconvertido y adecuado en albergue. «El pasado viernes salieron 12 personas en seis furgonetas cargadas con ayuda humanitaria desde Binéfar hacia allí para volver con este grupo de personas, formado por mujeres y niños», relata a este periódico Javier Sánchez, gerente del recinto ubicado en el pueblo.

La idea inicial era que estas personas se instalaran en varios pisos en la zona de Binéfar, relata. Sin embargo, en conversación con tres empresarios de la zona que han sido los promotores de la iniciativa, decidieron que era más conveniente alojarlos a todos juntos, al menos en un primer momento. «Se quedarán el tiempo que deseen, no ponemos límite. Igualmente, si alguno quiere ir a otro sitio por el motivo que sea se lo facilitaremos», explica.

Una de las furgonetas, cargadas con ayuda humanitaria. | FRAN PALLEROL

Una de las furgonetas, cargadas con ayuda humanitaria. | FRAN PALLEROL

Estas personas que ya viajan a tierras aragonesas y que está previsto que lleguen hoy al final del día no tienen, a priori, ninguna vinculación con la comunidad. En cambio, Sánchez precisa que todas ellas han expresado sobre el terreno a las oenegés su voluntad de venir a España. «Tenemos claro que vendrán en shock, con ganas de huir de la guerra, pero con tristeza por abandonar su tierra. Les ofreceremos una acogida lo más calurosa posible para que se sientan como en casa y, a partir de ahí, la propia evolución de los días nos dirá qué van necesitando», razona.

Casi cien ucranianos afincados en la comarca

A su favor tienen, según explica, que en la comarca están afincados cerca de 100 ucranianos que «han manifestado su voluntad para colaborar con sus paisanos». «No me extrañaría que algunos de los que vienen hablaran español y, si no, veríamos cómo podemos enseñarles el idioma.

El alcalde de Sofuentes (Zaragoza), Luis Javier González, también ha mostrado el deseo de su municipio para contribuir a paliar los efectos de esta crisis humanitaria. Por ello, comenta a este periódico que ha puesto a disposición de la asociación ucraniana de Zaragoza un piso municipal para acoger a una familia de refugiados. «Somos un pueblo pequeño, pero ofrecemos los medios de que disponemos, junto con manutención, ropa y todo lo que necesiten para ayudar con lo que podamos».