Las Migraciones en Aragón

03 de Abril 2022
Sanidad se ofrece a vacunar a temporeros en empresas en una campaña frutícola ya sin restricciones



La campaña de recogida de la fruta recuperará este año su pulso habitual sin las restricciones por la covid-19. Los departamentos de Agricultura y Sanidad trabajan ya con vistas a tomar las decisiones "más adecuadas" de cara a su punto álgido, que se producirá entre los meses de julio y agosto. Las consejerías harán especial hincapié en la vacunación de los temporeros, llevando incluso las dosis a aquellos centros de trabajo que lo soliciten para evitar brotes entre la población que sigue sin estar "correctamente" inmunizada. Solo queda por determinar si se pedirán o no las declaraciones responsables, cuestión que, a día de hoy, sigue sobre la mesa.

Estos documentos, claves en las campañas de 2020 y 2021, buscaban frenar posibles olas de contagios para no repetir los errores cometidos hace dos años -que derivaron en una segunda ola de contagios en Aragón-, y dotar a los temporeros de unos alojamientos y medios de transporte adecuados. El pasado ejercicio comenzaron a pedirse en marzo, obligando a los fruticultores a adelantar sus previsiones de contratación.

Con esta decisión aún en el aire, el Ejecutivo aragonés ha ido avanzando en otros aspectos de la campaña. Según adelantaron fuentes de Sanidad, la Consejería se ha puesto al servicio de las empresas para ir a vacunar a los centros de trabajo. Esto, en todo caso, se hará de forma puntual.

El año pasado, el Gobierno decidió utilizar las monodosis de Janssen para inmunizar a estos trabajadores, así como a otros como los empleados de los mataderos y la población sin recursos. En esta ocasión se pondrán las marcas disponibles -principalmente Moderna-, ya sea para administrar las primeras dosis o las de refuerzo.

Aunque más de un 89% de los aragoneses mayores de 5 años tienen la pauta completa, Sanidad considera necesario incidir en este aspecto para evitar brotes, ya que cuando se pusieron las dosis adicionales, más de la mitad de los temporeros no estaban en el territorio. A esto hay que añadir la mayor transmisibilidad de la variante ómicron y la 'ómicron silenciosa', mucho más contagiosa y causa del incremento registrado en Europa y países como China.

La principal ventaja es que muchas de estas personas repiten de un año para otro, por lo que la mayoría llevarían ya una dosis. La tarea recaerá en los centros de salud, que mantienen una comunicación fluida con los servicios sociales y las empresas de las principales zonas frutícolas.

Un protocolo sin cuarentenas

En 2021, el 85,4% de los empleadores presentaron las declaraciones dentro de plazo, un porcentaje inferior al esperado por el Departamento de Agricultura, que anunció sanciones "inminentes" contra los incumplidores, la mayoría fruticultores con explotaciones de menos de 20 hectáreas. Según datos de Sanidad, desde el estallido de la pandemia se han impuesto más de 3.200 sanciones por este motivo. No obstante, hasta principios de este año apenas se habían iniciado 330 expedientes y se habían resuelto unos 270.

El Ejecutivo autonómico también habilitó hace un año una partida de 215.000 euros para acondicionar los alojamientos, reducir el riesgo de exposición y preservar la salud de los temporeros frente a la amenaza de contagio. La combinación de medidas hizo que fuese una campaña "tranquila", ya que, a diferencia de lo sucedido tras el salto a la nueva normalidad, no se registraron brotes significativos.

Esta vez, sin embargo, todo será muy distinto. Imperará la nueva estrategia frente a la covid-19, que elimina el aislamiento para los positivos leves o asintomáticos y limita las pruebas a colectivos y entornos vulnerables. Desde Sanidad confirmaron que, salvo que un eventual repunte de contagios obligue a cambiar las directrices, las condiciones por las que se regirán estos trabajadores serán las mismas que para el resto. En teoría, podrán seguir trabajando en caso de contagio salvo que enfermen de gravedad.

En todo caso, será cada fruticultor el que marcará 'sus reglas' en cuanto a pruebas y cuarentenas, como viene sucediendo en la empresa privada tras el giro de la estrategia del Ministerio de Sanidad.

Una campaña "normal"

Desde las organizaciones agrarias aseguran que ahora lo que realmente preocupa son los precios y la disponibilidad de mano de obra, porque esperan y confían en que la recolección de la fruta que está a punto de comenzar con la cosecha de cereza sea una campaña "normal", tanto en lo productivo -si las heladas de estos días lo permiten- como en lo que se refiere a la operativa de trabajo, ahora que no ya existen restricciones por la pandemia.

Porque en materia sanitaria la campaña llega "con más tranquilidad" que la vivida en los dos años anteriores, coinciden en señalar los representantes de las organizaciones agrarias UAGA, Asaja, Araga y UPA. Prueba de ello es que si en 2021 -tras un 2020 marcado por una segunda ola de covid que señaló directamente al sector frutícola- los preparativos de campaña comenzaron en enero con continuas reuniones entre la consejería del ramo y los representantes del sector, hasta ahora no se ha producido ningún encuentro. Por eso, las organizaciones agrarias no tienen conocimiento aún de si será obligatorio o no presentar declaraciones responsables para comunicar sus necesidades de mano de obra. "Entendemos que si el Gobierno ha decidido gripalizar la covid no serán necesarias como no lo son cuando hay otros virus", destaca el presidente de Araga, Jorge Valero.

Pese a ello, los fruticultores están preparados y han interiorizado totalmente lo aprendido durante la pandemia por lo que, como señala el responsable del sector de la fruta en UAGA, Óscar Moret, "la recomendación que hacen todos los agricultores es precisamente lo que pedía la orden, que todos los trabajadores vengan con contrato de trabajo y vivienda".

Si la campaña es como un año medio, la recolección de la fruta movilizará en su momento mas álgido (ya en pleno verano) a unos 15.000 trabajadores, señalan las organizaciones agrarias, que insisten en que el sector trabajó mucho y bien durante los dos años anteriores de la covid para disponer de los alojamientos necesarios y adecuados para dar respuesta de habitabilidad a los temporeros. "Eso lo llevamos como ventaja", afirma Moret. Y mientras llega el momento de la recolección, los fruticultores cruzan los dedos para que las gélidas temperaturas que se esperan estos días no terminen helando una producción que está en pleno proceso de brotación.



Fuente: Heraldo de Aragón
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