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11 de Junio 2022
Se busca mano de obra precaria



Faltan trabajadores, alerta la patronal. Faltan trabajadores, repiten los medios de comunicación. Que suban los salarios de las ofertas, responden los gobiernos. Que dejen de mentir, se lee en Twitter entre anuncios vergonzosos de medias jornadas "de esas de toda la vida, de doce horas".

En ese contexto, el ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones de España, José Luis  Escrivá, anuncia una modificación del Reglamento de Extranjería con el objetivo, afirma, de adaptarla a la realidad migratoria, económica y laboral que tenemos.

El motivo más visible parece estar en los 109.000 puestos de trabajo vacantes que las empresas denuncian no ser capaces de cubrir en el estado con la mayor tasa de paro de la UE, próxima al 13,7%. Una supuesta contradicción acrecentada tras la pandemia y que pone en evidencia que hay quien, pudiendo hacerlo, ha decidido renunciar a puestos de trabajo con salarios muy bajos y horarios difícilmente compatibles con el desarrollo de un proyecto vital normal.

Paralelamente, sobrevuela este cambio la negociación con el gobierno Biden de traer a España migrantes  centroamericanos que podrían contribuir a llenar los huecos señalados y que posiblemente se anunciará en la Cumbre de las Américas de los Ángeles.

En este contexto, el borrador de modificación incorpora una serie de cambios para facilitar la inserción laboral de la población  migrante, entre los que cabe destacar:

1. La concesión de permisos de trabajo a estudiantes. De salir adelante la reforma propuesta, aquellas personas que tienen permiso de estancia por estudios, investigación o formación, podrán trabajar hasta 30 horas a la semana.

2. Así también, se concederá permiso de trabajo para aquellas personas que tienen permiso de residencia por reagrupación.

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3. La apertura de una nueva vía para que las personas que no tienen papeles pueda. regularizar su situación mediante cursos formativos enfocados a nichos que necesiten mano de obra.

4. La flexibilización del trabajo por cuenta propia, limitada hasta el momento para grandes inversores.

5. La facilitación de la contratación en origen de trabajadoras y trabajadores temporales, restringida hasta el momento por el obsoleto catálogo de ocupaciones de difícil cobertura que ahora se pretende mejorar y complementar con la posibilidad de que las personas empleadoras acrediten las dificultades de contratación en el mercado interno.

Por mucho que se vaya a repetir en los próximos días por quien pretende sacar rédito electoral de las cuestiones migratorias, no se trata de una regularización generalizada de la población que se encuentra en situación irregular. Eso es lo que llevan solicitando desde la pandemia numerosas organizaciones y movimientos sociales, regularizar a una población invisible, sin derechos, estimada por ellos en 500.000 personas y que ahora reivindican con una campaña de recogida de firmas para presentar en forma de iniciativa legislativa popular (#RegularizaciónYa).

Y no se trata, tampoco, de un cambio de modelo. Como explica el catedrático emérito de Sociología, Antonio Izquierdo, el modelo migratorio define cuál es el lugar que los inmigrantes ocupan en la jerarquía social. Centrándose en las diferencias culturales, se les asigna una posición social inferior y subalterna en todos los ámbitos, empezando, claro, por el laboral. A la población inmigrante se le atribuyen, en esencia, los espacios laborales con peores condiciones, salarios y menor reconocimiento. Son, en su mayoría, las personas que sostienen, a costa de bajos salarios, el sector de la construcción, la hostelería, la agricultura, y, son ellas, las mujeres migrantes las que se ocupan de un sistema de cuidados privatizado y precario, que, hasta hace sólo unos días con la ratificación del Convenio 189 de la OIT ni tenían derecho a paro.

No hay nada en la modificación del reglamento que indique que se pretende cambiar el rumbo, y que junto a las políticas de acceso al mercado laboral, fundamentales, se apueste por reforzar el control sobre sus condiciones materiales, ni por políticas facilitadoras del proceso de integración acordes con el reconocimiento de la inmigración como aporte esencial al cuerpo social. Todo lo contrario, las propuestas hablan de temporalidad, de excepcionalidad, de retorno, de trabajadores tolerados al estilo de la figura alemana, de mano de obra temporal perfectamente sustituible, ignorando los datos que informan de su asentamiento.

Como dijo Max Fisch, "pedimos trabajadores y vinieron personas". Al parecer, seguimos pidiendo lo mismo, que vengan, trabajen, se callen y, cuanto antes, se marchen. La consecuencia de un entendimiento de la inmigración como un mal necesario, inevitable y no resultado deseable de una sociedad rica que ofrezca ilusión y oportunidades de una buena vida.

Apenas unos días después de que se haya puesto fin al voto rogado para la población española residente en el exterior, y bienvenido sea, cabe recordar que más de cinco millones de personas que viven, trabajan, llevan a cabo sus proyectos vitales en España, y por lo tanto, son destinatarios de sus políticas, no tienen opción alguna de incidir en las mismas (excepto en algunas excepciones en las elecciones locales). Es decir, que la política migratoria de visión económica cortoplacista sigue ignorando derechos sociales y políticos, sigue sometiendo los derechos de las personas a los intereses de la economía productiva. Derechos económicos temporales a cambio de mano de obra especializada precaria. Una suerte de privilegio selectivo complementado con muertes en el Mediterráneo e inaceptables centros de internamiento de extranjeros. En su lugar, podríamos, por empezar por algún lugar, someter a un verdadero debate el modelo migratorio para reformar de forma radical la Ley de Extranjería. Esa que condena a tantas mujeres a la prostitución que se desea abolir. Comenzar, que se yo, por definir con honestidad que se busca del aporte de la inmigración y hasta donde podremos ignorar el hecho de que no están de paso, que forman parte del nosotros y que de un buen proceso de integración depende el bienestar de todas y de todos.



Fuente: Público
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