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Una solución "a la búlgara" para la España vaciada

 

  Nombre: Nicolas Castellano
Fecha de nacimiento: 23/05/2019
Tipo:
Fuente: Cadena Ser
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El de 'Telepan' -el que regenta la única tienda-bar- es búlgaro, como 247 de los 250 empleados que encontramos cortando y empaquetando espárragos en una de las tres explotaciones agrícolas del pueblo. Torre del Burgo, se ha transformado en menos de dos décadas en un trozo de Bulgaria en Guadalajara. "Un municipio raro, atípico, con una población de poco más del 10 por ciento de nacionales frente a un 90 por ciento extranjero", afirma su alcalde Carlos Moreno, del PP, que este domingo quiere ganar un tercer mandato.

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"Este es uno de los ejemplos de la 'España vaciada', y aunque ahora mismo hay una serie de personas con capacidad física e intelectual que están produciendo 800 puestos de trabajo, aun no estamos a salvo, porque cuando pasa la temporada del espárrago solo quedan 100 empleos y en el pueblo más o menos esa cantidad de personas", explica Moreno, sentado en su oficina del ayuntamiento donde hay censados 502 habitantes según el Instituto Nacional de Estadística.

Frente a lo que aparenta el censo, el paseo por sus calles se convierte en una misión casi imposible para encontrar vida. Desde las 7 de la mañana a las 8 de la tarde su banda sonora es, con suerte, la de los pájaros a la sombra de los árboles de la plaza. Salvo algunas abuelas y abuelos muy mayores a los que vemos salir a pasear al caer el sol, en compañía de cuidadoras también búlgaras, la intensa jornada laboral del espárrago verde mantiene durante todo el día a casi todos sus habitantes en los almacenes de los alrededores, en el cultivo y producción de un cultivo que se ha convertido en el "petróleo" que ha salvado este pueblo de la despoblación.

"Yo empecé de jornalero con el espárrago y aquí me he quedado. Llevo 19 años, mis hijos han nacido aquí, mi hija ha terminado la carrera aquí, estamos muy bien", explica el 'telepanadero' de este pueblo y de otra docena del entorno. Es Dimitar, el más veterano de los búlgaros que ha pasado por el pueblo, "yo hago el servicio a domicilio, TelePan, del pan, de bollos, de todo. Me llaman la noche anterior o me envían un mensaje y me encargan el pedido, sirvo a muchos señores mayores que no pueden ni salir de casa, entro a sus viviendas, me pagan dentro, les ayudo todo lo que puedo", explica mientras reposta en la única gasolinera de la zona, que gracias a este aumento de la población se ha abierto en Torre del Burgo. Cada día visita 12 pueblos, sirve a 14 bares, dos restaurantes y a esta gasolinera, "he sembrado un poquito y ahora estoy cosechando tantos años de trabajo", añade.

Trabajadores búlgaros en la empresa Hermanos Urbina en Guadalajara / Nicolás Castellano

La prueba del algodón del 'Telepan'

Dimitar hace cada día con su furgón la prueba del algodón de la España vacía, cada vez le quedan menos clientes, "en Villanueva de Argecilla quedan 6 personas solo, en Mira el Río son 16, en Padilla (una pedanía) ahora mismo hay dos, solo los fines de semana viene más gente pero cada vez se me mueren más viejos y se vacía totalmente, en Padilla ahora mismo no hay nadie, en Hita igual, aquí en Torre del Burgo es donde se ve más gente", salvándolo del vaciamiento progresivo de pueblos y pedanías de la zona que viene observando desde que comenzó a hacer este trabajo hace ahora 8 años.

En esta España rural y atípica no vemos ni un solo cartel electoral, el campo que rodea Torre del Burgo parece ajeno al ruido de la campaña electoral que recorre la España urbana. "Claro que voy a votar, pero ahora me he empadronado en Hita", responde Dimitar cuando le preguntamos si votará en las municipales.

Él es una excepción, la gran mayoría de los censados extranjeros no vota ni ha solicitado hacerlo: "en las últimas lo pidieron 35 y solo votaron 3 o 4", asegura el alcalde de Torres del Burgo que sin embargo ha intentado hacer un fichaje búlgaro para sus listas. Su objetivo era otro de los veteranos, Basilio, que llegó desde Bulgaria hace 13 años, que se ha traído a más de medio centenar de miembros de su familia y que ha sido tentado para formar parte de la lista del PP con el alcalde Moreno, "le ofrecí el número cuatro de la lista", aquí con 4 se es alcalde porque se eligen 7 concejales, explica el edil, pero Basilio en medio de los espárragos del almacén de los Urbina nos confiesa, "yo nunca he votado aquí, hay que pedirlo y nunca tengo tiempo".

Carlos Moreno, del PP, alcalde de Torres del Burgo / Nicolás Castellano

A pesar que el alcalde y los empresarios hablan de "una buena convivencia", la mayoría de los votantes españoles eligió el 28 de abril en las elecciones generales (donde los comunitarios no tienen derecho al voto) la opción más intolerante con la inmigración, la de Vox con el 36 por ciento de los 44 votos totales que se emitieron en el pueblo, donde ya tienen preparada la cabina de votaciones para el próximo domingo. Le siguió con 14 votos el PP, el 31 por ciento de los sufragios emitidos, y 8 papeletas fueron para el PSOE con el 18 por ciento.

Tentado para las listas electorales

Basilio es uno de los grandes artífices de que Torre del Burgo pueda "rebautizarse" como "Torre del Búlgaro", porque ha traído "a casi 60 personas" de su familia, "desde mi hermano a mi madre, primos o mis hijos", afirma. Cuando hizo su primera temporada del espárrago en 2006 solo había en el pueblo 20 búlgaros, hoy es el encargado de la empresa, la de los hermanos Urbina, "comencé recogiendo espárragos hace 15 temporadas, llegue desde Filipópolis (Plovdiv) de donde proceden la mayoría de los que estamos aquí, pero me ha quedado en el pueblo, estoy a gusto aquí con estos hombres y he traído a toda mi familia".

Tiene 2 hijos, la niña de 5 nació aquí. "La población estable de búlgaros es muy escasa, aunque están empadronados, la mayoría solo pasa los 3 meses del espárrago en el pueblo y después van a otros cultivos por otras zonas u otros países y vuelven", explica. De aquí no lo mueve nadie, dice que "a Bulgaria solo vuelvo de vacaciones, aquí gano bien, estamos a gusto, los niños van al colegio, la familia está bien, estamos a gusto", asegura entre carcajadas.

A media tarde, en la puerta del almacén encontramos a la madre de Basilio, que lleva más de 10 años en el pueblo pero aún no sabe español. Es Toni, su nieta, la hija de Basilio, quien le ayuda con la traducción para explicarnos que están muy a gusto en Torre del Burgo, uno de los 17 municipios de España donde la población extranjera es mayoritaria. 9 son de la provincia de Alicante, 3 de Almería, 2 de Guadalajara, uno en Málaga, uno en Lleida y uno en Segovia.

"En este pueblo no hay paro"

"Por mucho que hemos buscado mano de obra por la zona no la conseguimos. Parece que el nacional piensa que venir a trabajar al campo es un poco fuerte o lo que sea. Hemos estado en el INEM, hemos puesto anuncios, pero como no viene nadie hemos tenido que recurrir al extranjero. Antes de venir los búlgaros no llegábamos a 100 personas censadas y ahora más de 500. Mano de obra de aquí del pueblo muy poca, creo que 3 personas ahora. Aquí no hay paro, empleados nacionales un 10-15 por ciento y en su mayoría tenemos búlgaros, algún rumano y marroquíes" enumera Jaime Urbina, uno de los cabecillas de la empresa Hermanos Urbina que con 250 empleados es una de las tres empresas agrícolas del pueblo.

Recuerda muy bien cuando comenzaron a llegar jornaleros extranjeros, "fue en el 92, primero eran portugueses, que necesitábamos a 5-6 personas. Después llegaron marroquíes y cuando Europa del Este entra en la Unión Europea era más fácil contratarlos y empezamos desde el año 2000 a traer rumanos y búlgaros", explica el empresario en su despacho, desde el que se ven las máquinas que lavan los espárragos recién cortados por la mañana. Urbina insiste en destacar la agilidad y la eficiencia de la Policía Nacional en Guadalajara que les facilita la contratación en origen de todas estas personas.

"Muchos piensan que traemos la mano de obra extranjera porque es más barata pero eso no es así. Nosotros no queremos eso, lo que queremos es que el trabajador que esté aquí esté contento y bien remunerado porque así es como un trabajador te rinde", explica Urbina, frente a muchos que muchos consideran que la jornada laboral es demasiado larga (por la mañana en el campo recogiendo el espárrago y por la tarde en el almacén) y que les podrían pagar mejor, aunque ninguno ni del pueblo ni de sus empleados lo dice ante el micrófono. Esas voces más críticas dicen que "aquí casi no descansan para almorzar, son 15 horas diarias, trabajan fines de semana, es demasiado, pero de eso nadie habla", critica sin querer identificarse. Sin embargo, lo que vemos en esta empresa es que sus trabajadores han estado desde las 7 a las 13:00 recogiendo espárragos y de 15:30 a 20:00 en el almacén, 10 horas y media de jornada.

Jaime, que creció en un Torre del Burgo vacío cree que ahora es un sitio mucho mejor: "en este pueblo en los años 70 no había ni gatos, era lamentable como estábamos, no había nadie y vivir aquí era difícil. Ahora tiene más vida, es mucho mejor, donde hay gente hay vida, este pueblo ahora da gusto verlo, con niños por la calle, la clave es que haya puestos de trabajo", reivindica en su nave, desde la que saldrán este año entre 700 y 800 mil kilos de espárrago según sus previsiones.

Muchos decidieron cumplir su sueño de vivir en el campo y poner su granito de arena para repoblar parte de la España vacía pero cuando llegaron allí se dieron de bruces con la realidad.

"Se habla mucho de las dos Españas, de la vacía y la de las ciudades y es cierto. Para asentar población tienes que dar trabajo, es la manera de que se queden en los pueblos vacíos. Así la gente se asienta, se van abriendo negocios, el del bar, una peluquería, así el pueblo va creciendo", es su receta para evitar que avance la despoblación.

Urbina ayuda a los búlgaros a conseguir alojamientos, él ha adaptado "40 apartamentos aquí en la nave", señala a unos módulos de contenedores prefabricados, "pero además alquilan muchas casas o incluso un hotel no lejano que antes estaba cerrado", cuenta como ejemplo de la dinamización de la economía con la llegada de los temporeros.

De emigrante español en África al espárrago del pueblo de al lado

A las ocho de la tarde cuando para el ruido de las máquinas ya solo suena el montacargas que está acabando de cargar los espárragos embalados en un tráiler que partirá de inmediato hacia Francia. Es la hora de la salida en la que destacan Pilar, su hermana y su sobrino, son los 3 africanos del almacén, al que llegaron gracias a Ángel, un mecánico español que vivió durante 3 años en Guinea Ecuatorial donde se casó con Pilar y desde donde los ha traído para vivir en España, "aquí está mi mujer, ¡africana!", grita Ángel minutos antes en medio de la nave junto a la máquina en la que trabaja muy cerca de su mujer y del resto de su familia.

"Vine de África hace dos años, me traje a mi mujer, después trajimos a su hijo, han conseguido los papeles y no tenían trabajo y aquí te aseguran desde el primer día, trabajan bien en el campo y aquí están", para la pareja es la primera vez que hacen la temporada el espárrago, es más, ella nunca había trabajado en la agricultura. "El trabajo está bien, en Guinea nunca había trabajado en el campo, es duro pero todo se aguanta. Si dios me ayuda y el año que viene no hay problemas voy a repetir", contesta Pilar mientras se sube a la furgoneta para volver a casa.

"Lo hago por dinero, lógicamente, no por otra cosa y es más, si tuviera algo mejor lo haría pero mi familia depende de mí. Ellos no conducen y los tengo que traerles, les traigo con mi coche, si tuviera dinero no estaría aquí pero tengo que aprovechar", dice Ángel a punto de arrancar el monovolumen.

"Yo era igual de emigrante que ahora los búlgaros aquí. Allí me trataban mejor que aquí, yo me hubiese quedado en Guinea de no ser porque se acabó el dinero. Allí te tratan como un señor, un blanco en Guinea Ecuatorial es un señor y aquí eres el último, el español es el último, pero bueno, nos cubre el bolsillo que es lo que venimos a buscar. ¿A qué fui yo a África? A buscar dinero, ¿y aquí a qué vengo? A buscar dinero y a cumplir con mi trabajo, aunque la mitad de estos no cumplen pero este hombre (el empresario) se tiene que valer de ellos", dice Ángel despidiéndose del otro español que trabaja directamente como jornalero, su amigo Francisco, "la gente no viene al campo, no quieren trabajar en esto. Yo vivo en Trijueque y como me pilla cerca he venido a la campaña del espárrago. Empezamos a las 7 de la mañana, con el parón de mediodía y salimos ahora a las 8, españoles estamos el Ángel y yo nada más", dice este "currante" que vive a 14 kilómetros de Torre del Burgo.

Ángel en la nave en la que trabaja / Nicolás Castellano

En la parte organizativa, supervisando la carga del último camión del día está Rocío, otra de las pocas españolas, ella lleva la logística y es junto a Basilio responsable de ayudar a organizar el empaquetado, "llevo 7 años viviendo aquí en Torre del Burgo, mi pareja es de aquí y trabaja en la gasolinera. La verdad es que estamos muy bien con la gente aquí en la nave, no hay ningún problema, son amables y se les coge cariño de temporada en temporada y estás todo un año sin volver a verles. Al pueblo le da vidilla que vengan", cuenta esta joven que junto a las trabajadoras de administración son las españolas que están todo el año contratadas en la empresa.

La bocina del supermercado ambulante

En el silencio del pueblo estalla el sonido de la bocina que anuncia a media tarde la llegada del 'Reyna', Juan Carlos Sanchidrián, el vendedor ambulante que con su camión sirve de todo a más de 20 pueblos de la zona y que pasa por Torre del Burgo una vez a la semana, "llevo congelados, algo de carne, embutidos, yogures, fruta, droguería, lo más básico para subsistir por aquí, paso una vez a la semana por todos estos pueblos y... están vacíos", se queja después de insistir en varias ocasiones con los bocinazos pero no sale nadie a comprarle, "lo estás viendo, he pitado y ¿cuánta gente acude? Hoy nadie y en el resto como mucho dos o tres personas", lamenta.

Dice que el día con más suerte consigue que "20 o 30 personas me compren en el recorrido por más de 20 pueblos, y todos son gente de 70 años para arriba" y cada vez vende menos. "Lo he notado en un 80 por ciento de bajada en las ventas en los últimos años, se va muriendo la gente y no viene gente nueva. Y si se muere el marido la hija se lleva a la mujer para su casa en la ciudad, etc. Solo funciona bien en verano, 3 semanas, pero la cosa es resistir así todo el año", son los ejemplos que pone para evidenciar que cada vez se encuentra con menos vecinos en estos pueblos de Guadalajara.

"Gente como yo tendríamos que estar subvencionados, por lo menos el gasoil y algún impuesto que no deberíamos pagar. Porque estamos dando un servicio a la gente mayor de los pueblos, sobre todo los de la sierra, que es gente muy mayor, incapacitada, que no tienen vehículo, que depende de nosotros", reclama mientras se va un día más de Torre del Burgo sin vender ni un solo producto de su particular supermercado andante.

Ángel con su mujer Pilar a su izquierda y su cuñada a su derecha, en un cultivo de espárragos / Nicolás Castellano

"Somos el Benidorm del centro de España"

Carlos Moreno, que lleva 8 años como alcalde y que pretende ganar este domingo para enfrentarse a su tercer mandato dice que en estos pueblos no hay campaña electoral, "lo has visto, en este pueblo no hay política, no hay carteles, ¿para qué? lo importante es que el pueblo sea una balsa de aceite, que la gente se hablen todos y que no haya diferencias", afirma minutos antes de enseñarnos "un panfleto" que él mismo está redactando y que meterá en los buzones de todo el pueblo para pedirles el voto.

"Realmente este pueblo es una desproporción, tiene sus causas pero lo es. Es como si dijéramos Benidorm, ¿cuántos residentes de Benidorm son autóctonos? Pues aquí igual, se podría decir que somos una especie de Benidorm en el centro de España, pero con una diferencia, aquí a lo único a lo que no se viene es de vacaciones", explica Moreno, ex trabajador de la banca, que aunque nació en Madrid, lleva desde los dos años en Torre del Burgo.

Esta desproporción tiene "sus problemas, como que no saben hablar ni una palabra de español cuando vienen. Si vas a un país que no hablas nada del idioma local, aunque fueras ingeniero de caminos acabarías cogiendo espárragos me parece a mí. Gracias que tienen al encargado que les traduce", afirma el político del PP, que ha tenido que colocar en el pueblo carteles en búlgaro, "para la basura y el uso de los contenedores porque se han quemado algunos con las cenizas y eso me cabrea claro".

El primer edil de Torre del Burgo asegura que los adultos están muy bien integrados, sobre todo los que se quedan todo el año, aunque han surgido "algunas diferencias con los adolescentes". Pero de ahí a que puedan tener derecho a elegirle como alcalde no parece gustarle demasiado, "imagina que vienes aquí a coger espárragos 3 meses y te dan el derecho a voto como pasó en 2007, es una locura. Debe estar empadronado aquí, vale, pero no que voten al estar aquí solo unos meses. Cuando fui a Noruega y había elecciones no se me ocurrió decir que iba a votar. Cuando llevas aquí unos años tiene sentido que puedas votar, pero que una persona que llegó el año pasado y vote este no sé si es razonable", protesta sentado en el despacho que visita 3 mañanas a la semana. Una de sus hijas es emigrante en Noruega.

Es la particular solución 'a la búlgara' para este trozo de 'España vaciada' que gracias a los jornaleros de Europa del Este está logrando revivir, al menos por el momento. De esa expresión, 'a la búlgara' usada para hablar de la unanimidad con la que se suele sellar un acuerdo, casi siempre político y en el marco de los cónclaves de los partidos, se ha pasado a la unánime llegada de los búlgaros, todos de la misma ciudad aTorre del Burgo, convertida hoy en un trocito de Bulgaria en Guadalajara.